• Lunes 23 de julio de 2018


Apuntes para un intento de diario de lectura

Apuntes para un intento de diario de lectura

Por Gabriel Rodríguez Liceaga

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Brindis por Rafael Bernal

Si uno teclea Rafael Bernal en cualquier buscador de Internet lo primero -y prácticamente lo único- que aparece es la foto del autor que acompaña este texto. A propósito de los 40 años de su muerte, muchos suplementos, páginas especializadas y revistas de literatura han estado publicando acerca de Rafael Bernal y su Complot Mongol. No me cuesta trabajo imaginar a los editores encargándole a sus ilustradores que dibujen algo al respecto. El mes pasado vimos versiones ilustradas de esta misma foto hasta el cansancio, siempre el mismo semblante. En efecto, hay poco registro fotográfico de Rafael Bernal pero tristemente eso mismo es lo que está sucediendo con su obra. Rafael Bernal es mucho más que El Complot Mongol, obra bestsellera que lleva años atentando contra el resto de la obra de uno de mis cuentistas mexicanos favoritos.

Rafael Bernal 2

En algún momento, cuando a Rafael Bernal le preguntaban en qué estaba trabajando, decía que estaba escribiendo la historia del Océano Pacífico. Libro inconseguible a menos de que fueras José Emilio Pacheco o te metieras a asaltar su biblioteca, por suerte hace no muchos años el FCE editó “El Gran Océano”. En “Memorias de Santiago Oxtotilpan” hay una página que describe la muerte de un anonimísimo vagabundo de pueblo. La considero, sin miedo a ser apologético, tres de las páginas más perfectas que consiguió el escritor nacido en la ciudad de México. Ese capítulo es sencillamente entrañable y debería aparecer en cualquier antología de Vidas Imaginadas. Lo mismo que varias de sus historias de piratas en “Gente de Mar”. Por su estructura, “Tierra de gracia” es una de esas novelas que le enseñan al lector a escribir novelas. El libro de cuentos “En diferentes mundos” es sencillamente una maravilla. Todos los cuentos son fascinantes, pero es el relato con el que cierra el tomo en el que me quiero detener, exaltado y emocionadísimo:

Intitulado “Hong Kong”, la trama se desarrolla, ajá, en Hong Kong. Un negro, George Washington Jr., está varado en una suerte de cantinucha por culpa de un tifón. Apenas en las primeras páginas, los parroquianos confinados miran al desastre llevarse volando a una anciana. Entra a la cantina un maleducado enanito. No quiero contar mucho. George Washington Jr y el enano acaban debajo del diluvio buscando putas. Conozco pocas personas que conozcan este cuento, largo, poderoso y duro. Uno de los grandes ausentes en la antología que usted me mencione (junto con “Este laberinto de hombres” de Galindo, pero ese es tema de ulteriores párrafos).

Me falta mucho por leerle a Rafael Bernal. “Caribal: el infierno verde” es larga y menor. Me falta “Su nombre era muerte” pero ahora que la re editó Jus es cuestión de tiempo para que me acompañe en las mesas. Incluso al Complot le debo una re lectura en breve. Ojo: “Complot mongol” es una novela padrísima. Siempre que recorro el Mini Barrio Chino en el centro evoco al detective cachondo Filiberto.

En fin. Le suplico al lector de este texto que se acerque al trabajo de uno de nuestros autores que sin reparos podría echarse un par de tragos con Hemingway.


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