Fundación UNAM

La UNAM me dio la educación más completa: Alejandro Carrillo

“La UNAM me dio la formación más completa a la que puede aspirar un ser humano en un país como el nuestro”, así define Alejandro Carrillo, director de la Fundación Miguel Alemán, A.C, su estancia en la Máxima Casa de Estudios.

Recuerda que su vida está ligada a la Universidad Nacional Autónoma de México desde hace más de medio siglo, cuando ingresó a los 16 años como estudiante de la Preparatoria Nacional No. 1.

Detalla que en el añejo y señorial ex Convento de San Ildefonso comenzó a tomar contacto con la realidad del país, ya que en las aulas asistían jóvenes que provenían de todos los lugares del territorio, de todos sus estratos sociales y económicos.

“Ahí pude conocer los sueños, las aspiraciones, dolores y reclamos de los miembros de mi generación preparatoriana”.

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Destaca que en esa etapa las mujeres eran parte fundamental en la academia, pues representaban el 37%, lo cual, dice, presagiaba el importante cambio que se venía dando en el país desde 1947, “cuando a iniciativa del presidente Miguel Alemán, se reconoció la calidad de ciudadanas a las mujeres en el orden Municipal y, luego, en 1953, en el orden Federal, por iniciativa del Presidente Adolfo Ruiz Cortines”.

Resalta también que en la UNAM recibió una formación humanista del más amplio espectro, ya que desde el primer año de la preparatoria les inculcaban conocimientos basados en las ciencias naturales de fundamento matemático, pero también principios de Lógica, Ética, Historia y Literatura, nacional y universal.

“Teníamos oportunidad de desarrollar aptitudes en el campo del arte, ya fuese en la literatura, la pintura o el teatro, o practicar deportes, si bien en el caso de la Preparatoria No. 1 lo teníamos que hacer en las recientemente inauguradas instalaciones deportivas de la Ciudad Universitaria”.

En San Ildefonso, relata, tuvo una educación humanística plena, y ello influyó en su carácter y visión de la vida. Dos años después prosigue, inició sus estudios de licenciatura en la Facultad de Derecho, la cual había sido trasladada a la Ciudad Universitaria tres años antes y posteriormente cursó la Maestría y el Doctorado en Administración Pública en Ciencias Políticas y Sociales.

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Refiere que estudiar en la UNAM es un privilegio, ya que sólo “el 1% de quienes ingresábamos a la escuela primaria teníamos oportunidad de cursar estudios superiores en nuestra Máxima Casa de Estudios”, pero a la vez, reconoce, es un importante compromiso con el pueblo de México, “a quien le debíamos la gratuidad de nuestros estudios y la convicción de utilizar nuestros conocimientos en favor del país”.

Finalmente, recuerda que la Universidad le concedió el honor de formar parte de su Patronato durante cinco años, y como su presidente tuvo la fortuna de ser invitado, en calidad de Presidente Honorario, a las sesiones del Consejo Directivo de la Fundación UNAM, establecida hace 20 años, para que ex alumnos y amigos de la UNAM, puedan reciprocar, aunque fuese en muy modesta medida, al cumplimiento de los tres grandes objetivos que la Ley Orgánica de 1945: docencia, investigación y fomento de la cultura.

“Colaborar con nuestra Alma Mater a través de la Fundación, constituye un privilegio para quien ha sido universitario, un “puma” de corazón y de espíritu a lo largo de su vida. Por ello invito a que quienes todavía no se hayan afiliado a la Fundación UNAM, lo hagan para garantizar que por muchos años más, la Universidad siga cumpliendo la alta misión de formar mexicanos que estén a la altura del humanismo renacentista y del país que aspiramos a legar a las generaciones futuras”.

Fuente: DGCS, UNAM 

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