• Martes 17 de julio de 2018


Víctimas de la moda parte 1

Víctimas de la moda parte 1

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Las tendencias en el vestir y los ideales de belleza o atractivo que las sustentan pueden entrar en conflicto con nuestra salud. Aquí, una lista de lo que es mejor evitar y por qué.

Si hemos de creer en las teorías de Darwin en su versión contemporánea, nuestra apariencia es fundamental para lograr reproducirnos y así pasar los genes que portamos a la siguiente generación. De manera análoga al intrincado plumaje del pavorreal y la abundante melena del león, nuestros ropajes servirían de anuncio de nuestra salud y posición social. En buena parte del mundo animal, los machos son notoriamente más llamativos y discutiblemente más bellos que las hembras. Será mi condición de portador de un cromosoma Y, pero creo que en el caso del Homo sapiens la cosa es al contrario: las hembras de la especie humana no únicamente están dotadas de singular hermosura, sino que invierten mucho tiempo y recursos en incrementarla.

El propósito de este artículo es analizar cómo algunos de los cánones de la moda pueden ser nocivos para la salud. En beneficio de los escépticos, desde ahora advierto que mis argumentos provienen de la aséptica medicina, no de la ascética biología… Y reparto parejo a ambos géneros. Veamos una lista alfabética de algunas prendas que podrían ser peligrosas:

Brasieres

Los brasieres son un artefacto con el que las damas pretenden oponerse no a una sino a dos leyes de la física: al desafiar la gravedad intentan que el paso del tiempo se detenga o, cuando menos, se retrase. Pero imposibilidades teóricas aparte, un sostén de la talla incorrecta puede acarrear una letanía de malestares: dolor y quistes en los senos, dificultad para respirar, irritación de la piel y dolor de espalda. Entonces, ¿de dónde viene la idea de usar esta prenda? El brasier, sostén, corpiño o sujetador es un heredero directo del corsé. Esta infame prenda del siglo antepasado era definitivamente la responsable de los frecuentes desmayos de las damas que la portaban, pues se usaba tan apretado que impedía respirar adecuadamente —tal vez también sea parcialmente responsable de la caza de ballenas, pues en los días previos al plástico se usaban las barbas de los cetáceos como varillas para este implemento destinado simultáneamente a resaltar los senos y reducir la cintura—. En estos tiempos de miniaturización, digamos que los sostenes son la versión reducida de un corsé; y no sólo disminuyeron en talla sino también en peligrosidad, pues oprimen una porción menor del cuerpo femenino. Aun así, es cierto que cuando un sujetador o sostén no se limita ni a sujetar ni a sostener, sino más bien aprieta, puede dañar la salud. Todo en la vida es relativo, y la corsetería no es la excepción: la probabilidad de daño depende de la magnitud de la presión ejercida y las características de la prenda utilizada. La cuestión de la presión es evidente: un brasier debería sostener, no sojuzgar. En cuanto a su tipo, mientras menos complicado y más respetuoso de las sinuosidades naturales, mejor. Así, es más saludable una prenda con ajuste perfecto y pocos artilugios metálicos o plásticos destinados a exaltar los senos, pues estos aditamentos en general oprimen tejidos. A veces, el dolor de senos y espalda experimentado por algunas mujeres es simplemente consecuencia de la presión ejercida por el uso constante de un brasier demasiado constrictor. Aparte de malestar, la presión innecesaria y prolongada sobre los pechos puede provocar la aparición de quistes pues restringe el flujo de linfa. Hay numerosos conductos y nódulos linfáticos en las axilas, y abajo y entre los senos. Normalmente la linfa sirve para lavar los desechos y otros sustancias tóxicas. Los brasieres muy apretados llegan a inhibir este flujo lo que puede resultar en la acumulación de compuestos dañinos en el tejido mamario y, a su vez, conducir a la formación de quistes.

Calzones femeninos

Los calzones femeninos demasiado apretados también pueden causar problemas de salud. Aunque los indicios no son concluyentes, se estima que las prendas muy justas, particularmente las fabricadas con materiales sintéticos, no permiten una buena ventilación y fomentan un ambiente demasiado húmedo en la vagina y las ingles. En este invernadero privado crecen felizmente varios hongos como la Candida e infinidad de bacterias que no sólo pueden ocasionar comezón y otras molestias, sino que además pueden modificar la acidez vaginal, tornando a este órgano más susceptible a infecciones. En cuanto a las tangas o calzones de “hilo dental”, al estar cercanos al ano podrían facilitar el paso de bacterias fecales a la uretra y de ahí a la vejiga, con lo que aumenta el riesgo de desarrollar molestas infecciones como la cistitis. La recomendación médica es utilizar calzones de algodón de la talla adecuada.

CONTINUARÁ…

Fuente: ¿cómo ves? Revista de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México.  

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