Fundación UNAM

Fundación UNAM y exalumnos

Sin lugar a dudas, la UNAM formó, forma y seguirá formando parte fundamental de mi vida. Podría decir, abreviando, que buena parte de lo positivo que hay en mi persona se lo debo a la UNAM. En la época en que yo estudié prácticamente no había universidades privadas en el país, así que sin pensarlo mucho, decidí ingresar a la UNAM; ese ha sido uno de los grandes aciertos de mi vida. Pasados algunos años, cuando mis hijos estuvieron en edad universitaria, cometí el error de orientarlos para que estudiaran en universidades privadas —con las cuales no tengo nada en contra pues buena parte del tiempo que he impartido clases ha sido en escuelas de esta naturaleza— pero no hay nada que se pueda comparar con la UNAM. Más adelante, como abuelo, he procurado corregir el error que cometí en relación a mis hijos y he estado orientando a mis nietos para que estudien en la UNAM.

Indudablemente, la UNAM es la institución educativa más importante de nuestro país. En esta afirmación no considero sólo a su magnitud sino, principalmente, a la variedad de disciplinas que cubre —casi dos centenas de licenciaturas, maestrías y doctorados—; y aún más importante, la calidad de su educación y la profundidad de la investigación que desarrolla. Es un crisol en el cual se funden personas de todos los orígenes y de todas las condiciones socioeconómicas. Aún en la actualidad, en donde ya hay un buen número de universidades privadas, personas que podrían con toda facilidad cubrir la colegiatura de una de ellas, prefieren estudiar en la UNAM. La UNAM es, en pocas palabras, un orgullo de nuestro país y algo que podemos exhibir ante el mundo como uno de los grandes logros de México.

No cabe duda que la naturaleza humana es ingrata, tiende, por indolencia o por exceso de ocupaciones, a olvidarse de aquello o aquéllos a quienes se les debe mucho. Siempre he tenido la inquietud de hacer algo por la UNAM. No de regresarle algo, lo cual no es posible. Según lo veo, es simplemente un deber moral, un deber de conciencia, el tratar de contribuir con nuestro tiempo o con recursos a que la UNAM resuelva sus problemas de costos, de escasez de recursos humanos calificados, de limitados presupuestos, por citar algunos ejemplos. Impartí clases durante varios años. Pero evidentemente no era suficiente, por eso es que hace 20 años que surgió Fundación UNAM tuve el honor de ser uno de los socios fundadores; a lo largo de este tiempo, siempre he tenido la oportunidad de participar de alguna manera dentro de Fundación UNAM.

El objetivo fundamental de la Fundación es apoyar a la Universidad en las tres tareas sustantivas que corren a su cargo: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. Por ello es que en sus estatutos tiene establecido aportar a la UNAM recursos humanos, recursos tecnológicos, recursos económicos, investigaciones y, en general, cualquier tipo de apoyo que se considere pertinente para el mejor cumplimiento de sus objetivos.

El presupuesto de la UNAM suma varias decenas de miles de millones de pesos, pero nunca será suficiente para atender a una población de cerca de 400 mil individuos (entre estudiantes, profesores, investigadores y personal administrativo). Así pues, a pesar del enorme esfuerzo, la buena organización y la muy adecuada estructura con la que cuenta la UNAM, siempre existen lagunas en las cuales el concurso de exalumnos puede coadyuvar a resolver el problema.

Por mencionar algunos ejemplos, diremos que actualmente las aportaciones de la Fundación se orientan principalmente al apoyo —vía becas— a un buen número de alumnos de la Universidad. Destaca dentro de este rubro el Programa PRONABES, en el cual participa la Secretaría de Educación, que otorga más de 160 mil becas anuales, de las cuales más de la tercera parte es proporcionada por la UNAM. Está también el Programa de Movilidad Estudiantil, que permite a los alumnos de excelencia el poder consolidar su preparación en el extranjero y en algunos centros que opera la Universidad, particularmente en San Antonio, Texas.

Actualmente, con el presupuesto propio, la UNAM puede cubrir sus necesidades perentorias de inversión, pero en el pasado, la Fundación también hizo un esfuerzo importante y dejó su huella mediante aportaciones para la construcción de los centros de lenguas de enseñanza de idiomas extranjeros; varias de las facultades de estudios superiores en el Valle de México fueron financiadas también por Fundación UNAM, y algo muy relevante fue el apoyo al Museo Universitario de Arte Contemporáneo, una obra que, aún dentro del marco espléndido de Ciudad Universitaria, destaca por su belleza, por su estilo arquitectónico, y por ser uno de los instrumentos más importantes para cumplir la tercera tarea sustantiva de la UNAM: la difusión de la cultura.

Nos congratulamos de que exista Fundación UNAM y de que su actuación haya servido para apoyar algunas de las múltiples tareas que desempeña la UNAM. Sin embargo, es de lamentar que menos de 10 mil exalumnos estén registrados y cubran sus cuotas y que, dentro de ellos, no más de 5% realizan 95% de las aportaciones a la Institución.

Si se considera el número de exalumnos, varios millones, la proporción de los participantes activos es deplorable. De ahí una exhortación respetuosa a que todos nos unamos al esfuerzo; ello redundará en el beneficio de nuestra Alma Mater y de las generaciones presentes y futuras de alumnos.

Por: Raúl Robles Segura, Miembro de la Comisión de Vigilancia de Fundación UNAM

 

Fuente | El Universal


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