• Viernes 22 de septiembre de 2017


Importante, la ayuda que ofrece Fundación UNAM

Importante, la ayuda que ofrece Fundación UNAM

Un texto de Roberto Meli Piralla, investigador del Instituto de Ingeniería UNAM

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Para mí, la UNAM es, desde hace más de 50 años, el lugar donde he desarrollado la mayoría de mis actividades. Primero como estudiante y después como profesor y como investigador en el Instituto de Ingeniería, donde sigo laborando, ahora como investigador emérito, con una gran libertad para trabajar en los temas que más me interesan. Entré a la UNAM cinco meses después de llegar a México, en 1957, desde Italia, donde acababa de terminar mis estudios del Liceo —equivalente a la Preparatoria de aquí—. A los pocos meses de llegar entré a la Facultad de Ingeniería, donde me gradué de Ingeniero civil. Tuve profesores muy capaces, muy ligados a la práctica. Después continué con mis estudios de posgrado en la misma Facultad, de la cual me gradué como maestro y comencé a dar clases. Me formé como investigador en el Instituto de Ingeniería, primero como becario y, desde 1967, como investigador. Este último ha sido y es el lugar donde, desde entonces y hasta ahora, paso la mayor parte de mi tiempo, en un ambiente muy abierto y con proyección internacional, pero con mucha atención a la solución de problemas nacionales. Esto me ha dado experiencias muy importantes en mi vida, así como la posibilidad de desarrollarme plenamente. He salido de la UNAM un par de veces para disfrutar de años sabáticos que utilicé para enseñar en otras instituciones, como la Universidad de Texas, y el Politécnico de Milán, en Italia. Un tercer año sabático lo empleé para laborar en la Universidad Autónoma Metropolitana, en la época de su fundación, colaborando en la organización de los equipos académicos y de los programas de estudios, en la de la unidad Azcapotzalco.

En el Instituto de Ingeniería, las tareas de investigación son bastante diferentes de las que se tienen en la mayoría de los otros institutos universitarios. Probablemente, la gente piensa que un investigador de la UNAM está en su escritorio, estudiando y buscando nuevas teorías o nuevos inventos.

En el Instituto de Ingeniería, muchos nos dedicamos a estudios específicos para las grandes obras de infraestructura, así como al desarrollo de nuevas técnicas para el proyecto y construcción de esas obras. En mi caso, en los últimos años me he dedicado a dos temas muy distintos. Uno es la rehabilitación de los edificios históricos, no en sus aspectos artísticos, sino en los que tienen que ver con la conservación de su seguridad, la cual se ve afectada con el tiempo debido a los hundimientos que tiene la ciudad de México, o por los sismos y la contaminación atmosférica, entre otras causas.

Se nos ha asignado la responsabilidad de dar seguimiento a estos aspectos en los edificios de la UNAM que son parte de su Patrimonio Histórico; en general, son los edificios que fueron sede de las antiguas escuelas de la UNAM, como Medicina, Ingeniería, Química y Jurisprudencia, al igual que el Antiguo Colegio de San Ildefonso, que albergó a la Escuela Preparatoria Nacional. Estos edificios antiguos sufren los embates del tiempo y de los fenómenos naturales, así como del ambiente de la ciudad.

Hacemos revisiones periódicas de sus hundimientos, de los daños que van apareciendo y llevamos una ficha de cada uno para que, cuando lo amerite y se dé la oportunidad, se hagan intervenciones para corregir estos problemas. En estos momentos estamos trabajando en el ex templo de San Agustín, que fue después sede de la Biblioteca Nacional, y que se piensa ahora destinar a una unidad cultural importante dentro del Centro Histórico de la Ciudad de México. También se están terminando las rehabilitaciones del edificio que fue sede de la primera universidad del país, en la esquina de las calles de Moneda y Seminario, y de dos edificios anexos a la Antigua Escuela de Medicina. Hemos participado en proyectos de otros edificios de gran importancia, como la Catedral Metropolitana, la columna de la Independencia y muchos otros dentro y fuera de la ciudad de México. Todo esto es parte de mi labor universitaria y desde luego es un trabajo de equipo, con un grupo de investigadores y estudiantes de ingeniería y arquitectura que se dedica a diversos aspectos.

Lo que está haciendo la UNAM para la conservación de su patrimonio histórico requiere un esfuerzo económico importante. Parte de los recueros provienen de un fondo que está dedicado exclusivamente a esto, que tiene la UNAM y que maneja su Patronato; esto debido a que la UNAM tiene por mandato atender muchas funciones para las cuales su presupuesto anual no resulta suficiente. Adicionalmente se cuenta con el apoyo de diversas asociaciones de la sociedad civil, como las de los propios egresados de las escuelas a las que pertenecieron alguna vez esos edificios. Los médicos, también los químicos, los ingenieros, están muy motivados en apoyar en esas labores y hacer donativos especiales a la UNAM. También es muy importante la ayuda que ofrece la Fundación UNAM, creada como asociación civil filantrópica hace 20 años.

Otra actividad a la que dedico una buena parte de mi tiempo es en estudios de apoyo a grandes proyectos de infraestructura. Actualmente, las obras más importantes en la que el Instituto está participando son el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México y del Túnel Emisor del Oriente, que contribuirá de manera importante a reducir el riesgo de inundaciones en la ciudad de México y en algunas de sus zonas conurbadas. Son proyectos en los que participa un gran número de especialistas en diversas disciplinas y en los cuales funjo como asesor en los aspectos relacionados con la ingeniería estructural.

Otras actividades a las que me dedico es a escribir artículos técnicos y libros, tanto de texto como de divulgación; y a asesorar a alumnos del posgrado de ingeniería en sus trabajos de investigación que conducen a la obtención de sus grados de maestría o doctorado

Por: Roberto Meli Piralla, investigador del Instituto de Ingeniería UNAM.

Fuente | El Universal

Fotografía | Alejandra Leyva – El Universal


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