• Martes 19 de septiembre de 2017


La UNAM bien vale una vida

La UNAM bien vale una vida

Un texto de: Jorge Vázquez Ramos

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Ingresar a la UNAM fue un acto natural, después de todo, dónde más si no en esta universidad podría lograr mi formación profesional. Más
 complicado fue saber a qué carrera entrar, dado que lo que parecía
 ser mi destino evidente era estudiar Medicina; pero al momento de llenar los formatos de elección de carrera, hacia el final del tercer año de Prepa, me apunté a la carrera de Ingeniería Química en la Facultad de Química. No conforme con eso, al terminar el primer semestre de la carrera, me cambié a la de Químico Farmacéutico Biólogo, con orientación Tecnología de Alimentos. Cuando todo indicaba que sería un especialista en alguna área de los alimentos, me entró la pasión por la Microbiología y decidí que haría un posgrado en esa área. Realizar mi doctorado en la Unidad de Microbiología de la Universidad de Oxford, Inglaterra, cambió radicalmente muchos de mis conceptos, brindándome amplios espacios de reflexión tanto académicos como de experiencias de vida, que aún perduran; no obstante, no me dediqué a la microbiología. De nuevo, algo más surgió: la Biología Molecular y en esa si ya me quedé, pero no estudiando microorganismos, sino plantas (maíz), y fue otra vez, y de regreso, en la Facultad de Química de la UNAM. Una escuela de grandes maestros, y ahora yo era parte de la institución, un gran orgullo.

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Muchos años han pasado desde que ingresé como Profesor de Carrera, y realmente ha sido toda una carrera. Con el paso del tiempo, el nombramiento de Profesor Asociado C ha cambiado a Profesor Titular C; mi prima de desempeño nivel B inicial ha cambiado a Pride D, y de candidato a Investigador Nacional pasé a ser nivel III del SNI. No hay gran mérito en todo esto, es simplemente la resultante de envejecer trabajando, pero claro, por la UNAM. Lo que si tiene mérito es lo que la UNAM hace día a día por nosotros.

Mi generación de licenciatura fue una de las más grandes que ha habido; en 1972 ingresamos a la facultad algo así como 2 mil estudiantes. Tomábamos clases en auditorios, grupos de 200 alumnos, y luego se fraccionaba en grupos menores, de 40 a 50 alumnos para sesiones de problemas y discusión. Los laboratorios estaban atiborrados y, como es usual en la facultad, vivíamos ahí entre 10 y 12 horas diarias. Fue dramático que al finalizar el primer año, nuestra generación se redujo a la mitad y finalmente, alrededor de 700 egresamos. La deserción era todo un problema en la Facultad de Química. Las causas podrían ser de múltiple naturaleza, pero se podrían mencionar algunas, como falta de motivación, alto índice de reprobación en los primeros semestres, problemas económicos, problemas familiares y varios otros. El nivel socioeconómico de los estudiantes en promedio era mas bien bajo y para muchos la disyuntiva era pagar el transporte o comerse una torta. Muchos nos aguantábamos a llegar a cenar a la casa. No abundaban las becas para licenciatura.

Las condiciones socioeconómicas de los estudiantes de la UNAM no han variado, como no han cambiado sustancialmente en el país. Un alto porcentaje de los estudiantes que ingresan año con año son los primeros en la familia que ingresan a una universidad. El número de alumnos cuyos padres ganan menos de 5 salarios mínimos es muy alto, y también lo es el de alumnos que tienen que transportarse hasta por dos horas, por viaje, para llegar a la universidad. ¿Cómo se les puede apoyar?

Imposible pensar que con el presupuesto asignado a la UNAM año con año se pueda becar a todos aquellos que lo requieran, serían varias decenas de miles, o más. Y surge aquí la creación de una de las instituciones filantrópicas más connotadas del país, la Fundación UNAM. A partir de la acción de egresados exitosos de la UNAM en un principio, y luego de egresados de otras instituciones educativas, pero que han comprendido a cabalidad las fundamentales aportaciones sociales y educativas que la UNAM le brinda al país, esta Fundación ha logrado cambiar las expectativas de vida de miles de estudiantes universitarios desde su creación en 1994. Mediante campañas exitosas de afiliación y de un trabajo exhaustivo de levantamiento de fondos ha logrado canalizar todos esos recursos en apoyo a los estudiantes que menos tienen, pero que hacen un esfuerzo extraordinario por permanecer y egresar de una carrera en la UNAM.

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Hablemos de la Facultad de Química. Con una población que rebasa los 7 mil estudiantes de licenciatura y que tienen actividades académicas que les obligan a permanecer en la facultad todo el día, cerca de un tercio recibe algún tipo de beca. Especialmente exitoso es el programa de apoyo alimentario, que comenzó en 2006 como una iniciativa de la facultad, pero que ha sido importantemente enriquecido con fondos de la Fundación UNAM, tal que 550 estudiantes de escasos recursos económicos reciben una comida diaria, quizás la única del día para muchos de ellos. Los cursos de inglés ofrecidos por la Fundación también son un elemento facilitador de la vida académica diaria, dado que para áreas científicas, el manejo del inglés es inevitable. Varias decenas de estudiantes, con alto aprovechamiento y bajos recursos han sido estimulados de manera excepcional al ser becados con un mes de estancia en San Antonio, Texas, como un curso intensivo de inmersión al idioma, todo pagado por Fundación UNAM. De igual manera, la fundación apoya a los alumnos de mayor promedio a realizar estancias académicas semestrales en diversas universidades de prestigio en el mundo.

La excelente relación que la facultad y el Patronato de ésta tienen con la Fundación también ha cristalizado en un ambicioso proyecto de reconstrucción de la antigua Escuela de Química, en Tacuba, la precursora de la facultad, y que se dedicará a ampliar las capacidades de nuestros egresados en diferentes áreas de la Administración Industrial.

Como consecuencia de estas y más acciones tendientes a apoyar y a facilitar la vida de los estudiantes durante su estancia en la facultad, la tasa de deserción, que como se dijo anteriormente, era mayor a 50% en el primer año, ha caído a menos de 12% generacional. Un poco de comprensión de las problemáticas de nuestros jóvenes estudiantes, una atención más personalizada y el entender que sin comer difícilmente se puede progresar han hecho el cambio. La Fundación UNAM es pieza fundamental en el esquema de solidaridad social que esta universidad y este país requieren para sobresalir. Brindémosle siempre nuestro más generoso apoyo.

Jorge Vázquez Ramos, Director de la Facultad de Química

 www.fundacionunam.org.mx

 

Fuente EL UNIVERSAL

 


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