• Sábado 21 de septiembre de 2019


La UNAM y la vida profesional

La UNAM y la vida profesional

Un texto de Lucy Reidl, Coordinadora del Consejo Académico del Área de las Ciencias Sociales UNAM

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Casi toda mi vida he estado ligada a la UNAM, a la que entré a estudiar hace 51 años, en la Facultad de Filosofía y Letras, que era donde se cursaba la carrera de Psicología. Cursé la licenciatura de Psicología en la UNAM y aquí cursé también mi maestría y mi doctorado y, desde 1969, he dado clases y realizo investigación. Puede decirse que aquí vivo. A mi casa voy de repente.

En todo este tiempo he tenido la oportunidad de trabajar con muchas personas maravillosas. Primero con mis compañeros y mis compañeras de clase, y luego con los profesores, antes y después de convertirnos en facultad; y con mis alumnos, que han sido muchísimos. Cuando ellos me encuentran en algún lado, aquí en México o en el extranjero, siempre me preguntan: “¿Maestra, se acuerda de mí?. Soy fulanito(a) de tal, ¡Usted me dio clases en la facultad!,  ¡Usted dirigió mi tesis!”. Por supuesto que casi nunca me acuerdo ni los reconozco, han sido muchos alumnos y, en ocasiones, ha pasado muchísimo tiempo.

La UNAM, aparte de una licenciatura, una maestría y un doctorado, me dio también dos maridos. Al primero lo conocí aquí en la Facultad de Psicología y estuve felizmente casada con él unos 15 años; luego terminó la relación, y tuve la oportunidad de volverme a casar, y fue con una persona que yo conocía, en este caso desde la adolescencia, del rumbo donde vivíamos, pero que también estudió y trabaja en la UNAM.

Cuando entré a la UNAM, siendo la segunda generación que tuvo que someterse a un examen de ingreso, éramos muchísimo menos estudiantes que ahora. En esa época, la Facultad de Psicología ni siquiera existía, era sólo un Colegio en la Facultad de Filosofía y Letras, el más grande eso sí, y por eso después se logró independizar de la facultad. Las mejores amigas y amigos que tengo los he conocido aquí, porque aquí paso, normalmente, entre ocho y  10 horas al día, cinco días a la semana, y así ha sido desde  antes de que me pagaran por ello. Al principio di clases por hora y en las tardes trabajaba en otro lugar; luego me ofrecieron medio tiempo y finalmente una plaza de tiempo completo. Desde la primera invitación, acepté gustosa y desde entonces estoy aquí trabajando con los estudiantes de licenciatura; después con los de maestría y finalmente también con los del doctorado.

Ser psicólogo no es fácil, para estar en la frontera del conocimiento tienes que seguir leyendo toda tu vida. Yo soy psicóloga Social. Por ello me llaman la atención cuestiones relativas a aprender a expresarse, a lograr ocultar las emociones que uno no quiere manifestar, o a manifestarlas abiertamente, pues esto sucede en función de la cultura en la que se vive y se aprende, ya que es la que te dice qué se puede o no hacer. Este interés también surgió, y sigue activo,  como resultado del hecho de ser hija de madre mexicana, norteña, y padre danés. Ello me permite promover que un alumno se interese más en lo que está haciendo, que se dé cuenta de que esa fantasía que tienen de que los psicólogos “curamos” gente o que somos “magos”, no es para nada cierta. Lo que sí se puede hacer es ayudar a las personas, a entender los “por qués” y los cuándo se comporta uno de una manera o de otra; por qué se siente una emoción u otra; qué se hace o se siente o se dice cuando uno está emocionado,  y la forma en que todo esto influye en el comportamiento, en la manera de pensar y de ser, eso sí.

En todos estos años he visto crecer a mi facultad, porque no teníamos ni edificio. Cuando lo empezaron a construir andábamos de prestado; nos prestaban salones en diferentes facultades; a veces seis meses, o un año. Hasta que finalmente tuvimos nuestros propios edificios. Ahorita la mayoría de los de mi generación somos “cabecitas blancas”, han pasado ya muchos años. Algunos de mis compañeros ya se retiraron o han fallecido.

Somos una Universidad pública y dependemos del Estado. La cuota que pagan los estudiantes es simbólica, ridícula, son 20 centavos de ahora, que eran 200 pesos en mi época. Lo que la Universidad hace con lo que el gobierno le da y con lo que sus profesores y sus investigadores hacen por sus alumnos es algo extraordinario; yo creo que no hay ninguna institución, en ningún lado, que haga lo que la nuestra hace. Se pueden tener a los mejores profesores en todas las áreas, la mayoría egresados nuestros, así como a los mejores investigadores. Muchos de ellos se han ido al extranjero a estudiar maestrías y doctorados. A unos les interesan más sus proyectos de investigación, el desarrollo del conocimiento, y a otros la formación de alumnos. Yo soy profesora, tengo que hacer investigación, pero soy más profesora que investigadora.

Me gusta ver a los alumnos cómo crecen, cómo se empoderan, cómo aprenden, cómo empiezan a aplicar lo que aquí les enseñamos. En nuestro país se requieren psicológicos, sociales y de salud, entre otros, y por ello la psicología tiene varias ramas. Aquí se forman psicólogos que luego trabajarán haciendo selección de personal, o mejorando los procesos de una empresa. También se forman psicólogos clínicos que trabajan con personas que tienen problemas; y también se forman psicólogos sociales, que somos los que tratamos de explicar por qué somos como somos, cuáles son las normas culturales que aprendemos que nos permiten expresarnos de una manera y no de otra, y que también explican nuestras fallas, nuestros valores y nuestros aspectos positivos. Nuestra carrera también abarca el área de la psicología educativa, que estudia cómo enseñar y evaluar el aprendizaje mejor, cómo trabajar mejor con los estudiantes. Otra área, muy importante y de más reciente creación es la de  Neurociencias. Nuestra disciplina es muy vasta y variada. Y muy necesaria.

He tenido la suerte de desempeñarme en diferentes funciones dentro de la UNAM; fui ayudante de profesor, secretaria de Profesorado, jefe de Departamento un par de veces, secretaria Escolar, y también directora de mi Facultad durante dos períodos. Yo no me iría por nada del mundo de este lugar, de esta Universidad, de esta UNAM. Es el mejor lugar que yo he conocido, el único lugar en donde a mí me gustaría continuar trabajando hasta el final de mi vida.

Por todo lo anterior, valoro lo que realiza la Fundación UNAM:  ayuda con becas a los estudiantes de la Universidad,  apoya proyectos de investigación de muy diversa índole, que requieren fondos para mantener animalitos, plantitas, e instrumentos que necesitan para la enseñanza de más de 100 carreras. La UNAM tiene todas las carreras que se puedan imaginar. Últimamente está desarrollando programas de índole multi e interdisciplinarios, lo que permite que se relacionen dos o tres perspectivas del conocimiento para lograr algo mejor, para resolver problemas más complejos, por lo tanto, más reales. Es decir, la UNAM, como siempre, va a la vanguardia cumpliendo con su función más importante: apoyar a la sociedad mexicana para resolver los problemas que se presentan en este país, en muchas, si no es que en todas las áreas del conocimiento. Eso sólo lo puede hacer la Universidad, y Fundación UNAM apoya estos esfuerzos de manera importante. Beca a estudiantes  y otorgan también “becas alimenticias”, sin las cuales muchos jóvenes no vendrían o no llegarían a estudiar aquí, lo cual sería terrible. Yo creo que es muy importante que haya surgido esta asociación civil hace 20 años y qué bueno que existan miembros de esta asociación que tienen el poder económico para apoyar a la Universidad. Yo estoy segura que quienes estamos ligados a la Universidad de alguna manera,  siempre les estaremos agradecidos por ello.

Por: Lucy Reidl, Coordinadora del Consejo Académico del Área de las Ciencias Sociales

Fuente | El Universal


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