• Sábado 20 de enero de 2018


Ligado a la UNAM

Ligado a la UNAM

Un texto de Guillermo Güémez, Consejero de Fundación UNAM

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Tanto mi padre como mis hermanos fueron a la UNAM. Era indiscutiblemente la mejor Facultad de Ingeniería en su tiempo. Vaya, era tan buena la Facultad de Ingeniería que yo entré después a mi maestría en la Universidad de Stanford sin haber hecho ningún examen para entrar, simplemente por haber sido alumno, estudiante con buena calificación, de la UNAM.

Fueron para mí unos años maravillosos. Ciertamente tenía unos profesores que eran realmente genios en la ingeniería civil. Tuve también la oportunidad de organizar las prácticas de ingeniería tanto en el cuarto como en el quinto año. En el cuarto fuimos a ver obras de ingeniería en México y en el quinto viajamos a conocer obras de ingeniería en Estados Unidos, en el Valle del Tennessee.

Mi examen profesional me tocó todavía en la Capilla del Palacio de Minería, y fue mi director de tesis, don Rodolfo Félix Valdés, quien después fue ministro de Comunicaciones y Obras Públicas.

Mi paso por la UNAM me dejó una capacidad de trabajar, un conocimiento de lo que era la ingeniería civil, pero también un conocimiento de una sociedad mexicana muy variada, porque la UNAM difícilmente era elitista; en ese tiempo había de todo.

Había desde las gentes de más dinero en México, hasta personas muy humildes. Recuerdo haber ido con una gran variedad de compañeros a hacer mis prácticas de topografía a la Rumorosa, haber dormido en la Sierra, allá con un frío espantoso. Entonces uno se preparaba, sobre todo, para el área que a mí me gustaba de la ingeniería civil: la construcción pesada; y mi maestría en Stanford la hice en construcción pesada.

Todo este conjunto de cosas me dejaron un conocimiento de México que para mí ha sido sumamente útil en toda mi carrera profesional. Como es normal en la vida, uno se dedica luego a ciertas cosas que no necesariamente fueron para lo que se estudió, pero sigo ligado a la UNAM. Como que está uno “marcado”; no se puede uno desligar, y yo estoy ligado a la UNAM, tanto por la Academia de la Música de la Facultad de Ingeniería, como por la Fundación UNAM y algunas otras actividades más que no me permiten desligarme de mi Alma Mater.

Para mí, ser consejero de la FUNAM es importantísimo. Para empezar, yo soy de los casi “socios fundadores”. El otro día veía mi tarjeta de la Fundación UNAM de 1992, cuando era presidente don Eduardo Dosal, quien me invitó a participar en la Fundación.

Creo que la labor de Fundación UNAM es literalmente de enorme importancia para el México actual: proveer de recursos a aquellos alumnos que lo necesitan para que tengan un desarrollo adecuado en su carrera

―que puede consistir en que les den de desayunar, porque no tienen con qué hacerlo― o para que puedan trasladarse hasta donde están las aulas. La idea de poderles dar el apoyo económico que necesitan para que sigan siendo buenos estudiantes y puedan, en un momento dado, estudiar maestrías y doctorados en el extranjero, pone a quienes de otra manera no tendrían la oportunidad de poder hacerlo, al nivel de cualquier estudiante del mundo.

Por ello es que yo creo que esos primeros años en la UNAM, en los cuales tuve oportunidad de conocer a personas de todos los estratos de la sociedad en México, así como los años que más tarde viví en la construcción pesada, en caminos, y demás, me dieron la oportunidad de conocer al México difícil, al México que lucha por salir adelante, al México pobre, y es ese México al que apoya la Fundación UNAM, a aquellos que desean salir adelante y quieren hacer algo por nuestro país, y por ellos mismos, desde luego.

Yo creo que la Fundación es realmente una idea genial, por lo cual todos los alumnos y exalumnos de la UNAM deberíamos apoyarla en la medida de nuestras posibilidades. Hay unos que tienen más y otros que tienen menos, pero 10 pesos son buenos.

Los que pueden dar millones, que lo hagan, como algunos lo están haciendo, afortunadamente; personas como Carlos Slim, que fue de una generación anterior a la mía y a la cual perteneció un hermano mío, también ingeniero. Cada quien da lo que puede, y si pudiéramos tener el apoyo de todos y cada uno de los estudiantes y exalumnos de la UNAM, la Fundación UNAM podría hacer maravillas en apoyo a la educación en este país, que es lo único finalmente que va a lograr el desarrollo equilibrado de nuestra sociedad.

 

Guillermo Güémez, Consejero de Fundación UNAM

 

Fuente | El Universal


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