Fundación UNAM

Pasión por México, por la UNAM y por la Facultad de Ingeniería

Para mí, desde adolescente, siempre fue un sueño entrar a la UNAM. Yo vengo de una generación en la que la educación pública era de excelencia —como lo debe de seguir siendo ahora— y estas dos circunstancias se obtenían entrando a la UNAM. Yo había estudiado siempre en escuelas privadas, pero por mi mente nunca pasó, ni por la de mi familia, ni por la de mis hermanos —todos somos universitarios— buscar otra opción que no fuera la UNAM. Los exámenes de admisión eran muy rigurosos, pero logré entrar a la Facultad de Ingeniería, que en aquel tiempo era una de las mejores facultades de Ingeniería de Latinoamérica. Esta ilusión se cumplió, aunque como se estilaba en aquellos tiempos, me raparon la cabeza al ingresar al primer año de la carrera.

Ya en la Facultad tuve la gran fortuna de tener extraordinarios maestros, que más que profesores eran como “gurús”. Ellos nos enseñaban, además de su materia, el amor a la educación, el amor a la patria.

Me recibí cuando los exámenes profesionales tenían un esquema en el cual uno tenía que presentarse con mucha formalidad en el vestuario ante los sinodales del Jurado, con los cuales se mantenía un diálogo muy riguroso. Platicaba uno con ellos no sólo de la tesis profesional, sino también de otros conceptos que nos habían sido enseñados desde el inicio de nuestra carrera profesional. Recuerdo, como anécdota, que yo fui a mi examen final acompañado de mi esposa, María Eugenia, que ya estaba embarazada, por lo que al terminar el examen, antes de decirme si lo había aprobado o no, mis sinodales, en tono de broma, me dijeron: “Cómo es posible, ahora sí ‘ingeniero’ Zárate, que sea primero casado y después recibido”.

Ya como egresado siempre tuve “el gusanito” de ver cómo le hacía para regresar algo de lo que había recibido de la Universidad, a mi Facultad. En 1978 tuve la oportunidad de buscar una plaza de maestro —yo ya trabajaba profesionalmente en la ICA— para dedicar un poco de mi tiempo a la enseñanza. En ese año conseguí una plaza en la ENEP Acatlán y mi horario de maestro era de 8 a 10, los lunes, miércoles y viernes. Ahí trabajé dos semestres y luego conseguí finalmente una plaza en la CU. De mi oficina a la clase hacía hora y media. Como ya mencioné, entonces ya trabajaba en la ICA, a la empresa que no se puede entender sin la Universidad Nacional. Recuerdo que cuando pedí permiso para poder salirme de la obra a las 7 para poder impartir clases en Acatlán, le dije a mi superior: “Oiga jefe, quiero dar clases”. Se me quedó viendo: “Sí, ¿en dónde?” “En la UNAM”. “¿Y por qué te habías tardado tanto?” Automáticamente, el que daba clases no solamente en la UNAM, sino en otros muy respetados institutos de educación superior, tenía en la ICA el permiso para hacerlo. No solamente me lo dieron, sino que era una palomita que colgabas a tu carrera profesional.

Hace un par de meses tuve la satisfacción de recibir la Medalla al Mérito Universitario por 35 años de impartir clases. Es el máximo honor que puede recibir un universitario.

Fue una experiencia inolvidable. Al inicio de cada clase podías ver allí presente al país entero. En la cara y la condición social de mis alumnos podía ver el reflejo de la economía de México. Muchachos que, con mucho esfuerzo, vienen desde el Cerro de la Estrella, con problemas de alimentación, con falta de recursos, pero que ahí están puntuales a esa temprana hora de la mañana. Y también ves muchachos de una condición social muy desahogada que vienen de escuelas privadas, pero que también dicen: “Para mí no hay mejor escuela que la UNAM y mejor Facultad que la de Ingeniería”.

Dialogo mucho con ellos, como lo hacían conmigo mis maestros. Yo también en mis clases incluyo siempre un tema social, les hablo de lo importante que es ser ingeniero en México, porque la carrera de ingeniero, como la del médico, son de las profesiones que más tienen contacto con la comunidad. Porque los ingenieros construimos lo mismo un gran edificio en el Paseo de la Reforma, que una pequeña escuelita en la sierra de Chiapas.

Durante mi vida profesional tuve también la enorme distinción de ser presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de México, con el orgullo de ser un egresado de la UNAM. Como egresado de nuestra Máxima Casa de Estudios siempre he estado pegadísimo al equipo de los Pumas. Formé parte del Consejo Directivo del club durante varios años. En mi oficina siempre tengo una bandera de los Pumas que, junto con la construcción y mi país, son mis tres grandes pasiones. Por ello me entró después otro “gusanito”. ¿Cómo le regreso ahora algo más a la Facultad? Tuve entonces el gran honor de ser presidente de la Sociedad de Ex Alumnos de la Facultad de Ingeniería que, dicho sea de paso, es una de las sociedades de ex alumnos que más hace para regresar a la UNAM y a la Facultad algo de lo mucho que nos dieron al educarnos, hacernos hombres, ingenieros y mejores mexicanos.

Como presidente de la Sociedad de Ex Alumnos hicimos un llamado para remodelar el Auditorio Javier Barros Sierra de la Facultad de Ingeniería, que ya estaba algo descuidado. En menos de 15 días conseguimos dinero suficiente para remodelarlo. El Rector en aquel tiempo era el doctor Juan Ramón de la Fuente, quien lo inauguró; la viuda del maestro Barros Sierra estuvo presente en dicha ceremonia. Fue algo sumamente emotivo para todos los que tuvimos la fortuna de estar en ese evento.

Pertenecer a la Fundación UNAM era una de mis metas más anheladas. Yo quería elevar mi nivel de aportación en favor de la Universidad. Pensé en cómo hacerlo. Tengo el privilegio de conocer al licenciado Rafael Moreno Valle y a la licenciada Araceli Rodríguez. Platiqué con ellos y les manifesté mi intención, y me hicieron el favor de incorporarme como miembro del Consejo de la FUNAM.

Y en esas estoy y seguiré estando mientras se me dé la oportunidad, para seguir vinculado a mi Universidad y a mi Facultad, aportando ideas y mensajes positivos, y siempre orgulloso universitario y ex alumno de la Facultad de Ingeniería de nuestra Alma Mater.

Luis Zárate, presidente nacional de CMIC

Fuente | El Universal


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