Fundación UNAM

Orgullosamente UNAM

La UNAM ha sido mi casa desde hace muchos años, aunque no de manera continua, pues al terminar la licenciatura y la maestría estuve 10 años fuera del país estudiando el doctorado y varios posdoctorados. Entré a la UNAM en el 82, ya hace más de 30 años, para estudiar la licenciatura de Física. Venía de una escuela privada y llegar a la UNAM me abrió mucho la mente, ya que me permitió conocer gente que venía de ambientes diferentes y con ideas diferentes; era un sistema muy distinto al que antes había conocido. En las prepas privadas uno está muy controlado; en cambio, en la UNAM uno tiene la libertad de moverse, de hacer, de oír, incluso de controlar horarios de clase, seleccionar las materias y los profesores. Desde el principio, para mí fue un enorme descubrimiento la riqueza académica que había en la UNAM, ya que podía ir a conferencias sobre temas completamente distintos al de física, incluso ir a otras facultades y visitar museos, era realmente muy impresionante. Conocí gente que venía lo mismo de familias muy ricas o de familias muy pobres; y jóvenes que venían de otros estados, algo que yo nunca había experimentado.

Al estudiar la licenciatura y la maestría tuve la suerte de contar con profesores de altísimo nivel, que eran expertos en temas muy especializados. Algunos me decían cuando estudiaba en la escuela particular ¿para qué vas a la UNAM?, ahí los profesores son muy malos. Y no es cierto. Uno descubre que, como es normal, algunos profesores son malos, pero otros son grandes eruditos, son genios en lo que hacen y esa riqueza cultural no la encuentra uno en ningún otro lado, en este país, por lo menos.

Al terminar mi maestría me fui a estudiar 10 años fuera del país, hice un doctorado y varios posdoctorados. Pero siempre tuve la idea de volver a México y, en particular, a la UNAM. Ése era mi sueño, aunque no era fácil porque la UNAM no puede contratar a todos los que hemos egresado de sus aulas. Pero tuve la enorme oportunidad de que a unos colegas míos del Instituto de Ciencias Nucleares les interesara mi trabajo en el extranjero y buscaran la manera de conseguir una plaza para mí en México, y entonces regresé en 2002 y la UNAM se ha vuelto mi casa desde entonces.

Han pasado casi 15 años desde esa fecha, en los cuales me dediqué a realizar investigación, a hacer amigos y a participar en variadas actividades culturales. Soy científico, pero me interesa también la divulgación de la ciencia. En una visita al Museo Universum conocí a mi actual esposa, a quien le interesaba igualmente la divulgación científica. Ese tipo de oportunidades tampoco las observé en el extranjero. Existen sí, muchas cosas interesantes. Las universidades extranjeras también tienen grandes profesores; sin embargo son mucho más pequeñas. Yo estudié en Cardiff, en el país de Gales, Reino Unido. Ahí hice el doctorado y luego un posdoctorado. Después pasé cinco años en Alemania, en el Instituto Marx Planck, en la ciudad de Postdam, muy cerca de Berlín. En esos centros académicos, que son muy buenos y que tienen gente de primer nivel, se hace investigación a nivel internacional de muy buena calidad, pero en ninguno de los lugares que conocí encontré la riqueza que tiene la UNAM. Porque en nuestra Alma Mater no sólo se hace investigación de gran calidad, sino que se realiza también divulgación de la ciencia, y se tiene una oferta cultural que uno tampoco encuentra en ningún otro lado en el país. También cuenta con instituciones que no tienen bajo su responsabilidad otras universidades del mundo, por ejemplo el Servicio Sismológico Nacional o el Observatorio Nacional. Ambos son servicios nacionales.

Eso es la UNAM. Un vasto mundo en el cual se valora tanto la docencia, como la investigación y la divulgación de la cultura. Creo que no hay ningún lugar del mundo que cuente con una institución como la UNAM, que tenga esa riqueza, esa diversidad de responsabilidades, lo que la vuelve, además, una brújula moral del país.

Hace un par de años me nombraron director del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) y eso le abre a uno otro mundo, otra perspectiva de las cosas. Cuando se es investigador, uno conoce su instituto, en el cual uno realiza su labor de investigación y tiene contacto diario con colegas de los cubículos vecinos, pero sale poco de ese “mundito”. Y cuando uno tiene una responsabilidad administrativa como lo es la de Dirección del ICN, empieza a tener contacto frecuente con colegas de otros institutos, con otros directores, con otros coordinadores que si bien hacen cosas muy diferentes a las que uno hace, tienen, sin embargo, responsabilidades directivas muy similares, y le enseñan a uno la riqueza de la UNAM que no se veía desde nuestro pequeño “mundito” de investigador en un cubículo. Y ello le permite a uno salir y conocer cómo funciona la UNAM en su conjunto y eso también nos da mucho orgullo como mexicano.

Por ello ahora valoro también la labor tan importante que realiza la Fundación UNAM, asociación civil que recibe recursos y donaciones de muchas y muy diversas personas e instituciones, recursos que canaliza para apoyar a la UNAM mediante el otorgamiento de becas a muchísimos jóvenes (40 mil), tanto para realizar estudios aquí, como Becas de Movilidad para ir al extranjero. También se otorgan apoyos alimenticios a muchos estudiantes. Ese tipo de labor es muy importante, ya que la UNAM, al ser gratuita, acoge jóvenes de muy escasos recursos económicos, que en algunos casos ni siquiera pueden contar con una alimentación suficiente, o que a veces no desayunan. Por ello considero que estos apoyos son realmente muy importantes. Como la UNAM por sí sola no cuenta con recursos para atender este tipo de necesidades, la Fundación UNAM apoya estos programas obteniendo donativos externos.

La FUNAM apoya también la difusión de la imagen de la UNAM, para mostrar que es todo un mundo, una ciudad, enormemente compleja, y aunque muchos creemos que todos saben qué es y qué hace la UNAM, esto no es cierto. Al salir de CU uno descubre que mucha gente no sabe qué hace o qué pasa en la UNAM, sobre la cual tienen una idea bastante vaga. Por ello es también muy importante la labor de difusión que realiza la FUNAM en torno de la actividad de nuestra Máxima Casa de Estudios.

Considero que todos los universitarios debemos apoyar con recursos, pocos o muchos, no importa, a la labor que realiza la Fundación UNAM, y que ello lo debemos hacer no sólo los universitarios que estamos aquí todos los días, sino aquéllos que fueron estudiantes y ahora son ex alumnos de la UNAM, y que deben reciprocar de alguna forma lo que su Alma Mater hizo, en su momento, por su educación y desarrollo personal. Apenas sería justo.

Por: Miguel Alcubierre, Director del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM

Fuente | El Universal


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