• Viernes 22 de septiembre de 2017


Privilegio, ser docente en la Facultad de Química

Privilegio, ser docente en la Facultad de Química

Un texto de Carlos Castro-Acuña, Secretario Académico de Docencia de la Facultad de Química

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Para mí, la UNAM ha sido mi segunda casa. Yo no me imaginaba, cuando estaba estudiando la secundaria, que iba a terminar trabajando en la UNAM. En ese tiempo, para mí entrar a la UNAM y estudiar en ella era un sueño, era una meta, y para lograrla trabajé bastante. En la preparatoria todavía no sabía si iba a estudiar arquitectura o química o ingeniería química, pero mi profesora de química fue la que me convenció de que eso era lo que más me convenía. Presenté mi examen de admisión a la UNAM y afortunadamente lo aprobé. Yo tenía la idea de estudiar ingeniería química y luego trabajar en una refinería o en áreas relacionadas con el petróleo. Sin embargo, la vida es la que va dando las oportunidades y una profesora muy estimada, la doctora Magdalena Rius, investigadora de Físico-Química en ese tiempo, me invitó a ser su ayudante. Tuve la gran suerte de que me encargara montar un nuevo equipo que había llegado de Alemania y ahí empecé a relacionarme con la investigación. Yo la considero mi tutora en la vida porque ella fue la que me dijo: “Tú eres bueno para la investigación; tú debes seguir estudiando; tienes que hacer una maestría y luego un doctorado, y para ello te voy a conseguir los contactos”. Y así fue.

En esa época se organizó un Congreso Internacional de Electroquímica al cual asistiría el doctor Allan Bard, de la Universidad de Texas, en Austin, y la doctora Rius me dijo: “Tú vas a ir por él al aeropuerto, lo vas a llevar a su hotel, y mientras lo vas saludando y lo vas ambientando, le dices que tú quieres ir a estudiar con él a Austin”. Yo le comenté: “La verdad es que mi inglés todavía no es tan bueno”, pero ella me dijo: “Tú puedes. Tú lo vas a recibir y tú lo vas a hacer”. Esto fue en julio de 1979, cuando se llevó a cabo el congreso, y seis meses después ya estaba yo estudiando la maestría en la Universidad de Texas, en Austin, con el doctor Bard; todo un honor para mí. A partir de ese momento continué mi carrera de investigador. Años después me convertí en profesor de tiempo completo y desde entonces -ahora ya tengo casi 37 años de trabajar en la investigación- me dediqué más a la docencia, que es lo que realmente más me satisfacía. Y es lo que ahora hago en la UNAM. Mi sueño se convirtió en realidad, y hoy formo parte del personal académico de la UNAM, lo cual para mí es un privilegio que disfruto todos los días.

La oportunidad de poder trasmitir mis conocimientos a las siguientes generaciones me permite aportar un granito de arena a la formación de muchos jóvenes que requiere hoy nuestro país. Cuando tienes la oportunidad de ver que esos jovencitos que llegan a sus primeras clases todos tímidos o con deficiencias, y logras que hagan el esfuerzo, y los ves salir adelante, cursando una maestría o un doctorado, y que superen a quienes fuimos sus maestros, es algo que a mí me hace sentir útil a la sociedad y me hace valorar enormemente mi trabajo como docente, el cual no lo cambio por nada.

Practicar la docencia en la Universidad también me permitió insertarme en el proceso de las Olimpiadas Internacionales de Química. Yo ya era profesor en la UNAM cuando fui invitado a un congreso en Argentina. Allí conocí a un colega que me invitó a otro congreso en Canadá, y ahí fue que vi el anuncio de una conferencia titulada “Olimpiadas Internacionales de Química”. Yo no sabía nada al respecto y decidí averiguar qué era eso. Descubrí que se trataba de una competencia en la que participaban alumnos de nivel preuniversitario, y al preguntar si México estaba inscrito, me dijeron “no, México no participa”. Al preguntar la razón me contestaron “porque nunca lo ha solicitado”. En ese momento decidí que teníamos que insertar a México en este certamen. En ese tiempo (1990) competían más o menos unos 20 países. Me informaron que se tenía que obtener la invitación para ir a Polonia en 1991 y allí solicitar formalmente que México fuese invitado a las Olimpiadas Internacionales de Química. Conseguimos la invitación para México y desde hace 25 años nuestro país participa en dichas Olimpiadas Internacionales. Ello nos ha servido para detectar alumnos talentosísimos en toda la República. Debo decir que para iniciar esta participación recibimos el apoyo de la Academia Mexicana de Ciencias y que varios de los estudiantes que han competido después se han destacado como grandes investigadores, por ejemplo Iván Tubert, quien recibió la beca Madame Curie y actualmente está trabajando en Nueva York. Otro alumno muy destacado que participó en las olimpiadas fue Alán Aspuru, quien compitió en 1994, cuando apenas era un alumno de preparatoria. Actualmente trabaja en Harvard, y es uno de los 50 investigadores más reconocidos a nivel mundial en su campo.

Ser docente en la UNAM , además de ser una misión que todos los días trato de cumplir a cabalidad, también me ha permitido apreciar las necesidades de muchos de nuestros estudiantes. Por ejemplo, un día me enteré que una de mis alumnas a la que dirigí su tesis de licenciatura, había tenido un apoyo alimenticio de la FUNAM, y cuando le pregunté qué tan importante había resultado este beneficio, me contestó: “Para mí fue fundamental, si no, yo no hubiera podido estudiar”. Y es que no pocos estudiantes muchas veces no tienen la posibilidad de tener siquiera un desayuno, lo cual es esencial para que puedan estudiar con un buen desempeño.

Cuando uno encuentra una institución como la Fundación UNAM, que procura conseguir recursos adicionales para nuestra Universidad, se da cuenta de lo que ello significa para el futuro de este país. Al menos yo que estoy aquí en la trinchera, veo la cantidad de alumnos que estudian en la Facultad de Química -cerca de mil 400 alumnos ingresan en cada generación- de los cuales una gran mayoría necesita este tipo de apoyo, y por eso aprendí a valorar la tarea que realiza la Fundación UNAM.

Por: Castro-Acuña, Secretario Académico de Docencia de la Facultad de Química

Fuente | El Universal


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