• Jueves 23 de noviembre de 2017


Reciprocidad, valor materializado a través de Fundación UNAM

Reciprocidad, valor materializado a través de Fundación UNAM

Una nota de Héctor Zamitiz, académico de la FCPyS UNAM

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La Universidad Nacional Autónoma de México es una institución única en nuestro país, forjada a través de grandes episodios históricos, como lo fue el logro de su autonomía en 1929. La Universidad se ha venido desarrollando como una institución que cumple tres funciones básicas: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. En algunos otros países existen universidades públicas, pero quizás no exista una que tenga un carácter nacional como la UNAM. Y no obstante que la nación ha brindado su apoyo para la creación de otras universidades, la UNAM es una institución magnánima que apoya solidariamente el desarrollo del conocimiento y la formación de recursos humanos para otros centros de educación superior en México.

En la UNAM, lo que más me llamó la atención fue la docencia, y quizás la semilla la sembraron mis maestros, por lo que en mi etapa de estudiante tuve algunas ayudantías para distintos profesores. Enseñar, aprender, interactuar con los alumnos es la tarea fundamental de la UNAM. Debo decir que la docencia es una actividad que con el paso de los años podría volverse, ciertamente, rutinaria, pero cuando se la relaciona con la investigación, la docencia se enriquece permanentemente. Hace más de 40 años cuando se trasladó la UNAM a la Ciudad Universitaria, la mayor parte de sus licenciaturas se impartían en escuelas. Las Facultades se fueron creando poco a poco en un proceso incremental. Alguna vez pregunté a un maestro: “¿Por qué se convierten las escuelas en Facultades?” Me respondió: “Las Facultades se crean porque las escuelas en cuestión han generado conocimiento de tal nivel y riqueza que debe de considerarse la posibilidad de que sean transformadas en Facultades, con la capacidad de enfrentar y resolver los problemas que se presenten en su ámbito de conocimiento”. Hoy en día, la Universidad tiene como función primordial volverse más internacional, es decir, tener la capacidad de recibir alumnos que vengan del extranjero y profesores que vayan a impartir clases al extranjero. Esta interacción forma parte de la internacionalización de una universidad, no sólo para conocer otros lugares y estudiar cómo se hacen allí las cosas de manera distinta, y de qué manera, sino para poder traer esos conocimientos, discutirlos y desarrollarlos en nuestro país.

La carrera que yo estudié fue la de Ciencias Políticas y Administración Pública. Cuando en la preparatoria entré al área económico-administrativa, mi vocación no era todavía muy clara; sin embargo, ésta se fue fortaleciendo en el camino. Hubo alguien que me dijo: “México tiene muchas cosas interesantes por venir; no puede seguir teniendo la forma y organización de gobierno que tenemos actualmente. Esos cambios alguien los tiene que estudiar y promover, y es allí donde la Ciencia Política puede ayudarnos a conseguirlo”. La Ciencia Política, por tanto, es una de las carreras con una gran responsabilidad social y difícil por la complejidad que tiene la propia actividad, como en el caso de la asesoría a los gobernantes, quienes suelen tener una idea o intuición personal sobre los problemas que deben resolverse, pero que requieren de especialistas que los puedan orientar y apoyar en estas tareas. Ese es uno de los objetivos centrales de los estudios de esta Facultad; otro más es la explicación de los procesos sociales y políticos del país.

Por ejemplo, actualmente coordino un proyecto de investigación intitulado “Pacto por México. Agenda legislativa y reformas”, apoyado por la Dirección General de Asuntos de Personal Académico. Después de dos años de investigación, este año daremos a conocer el resultado del análisis de las 10 grandes reformas que impulsó el gobierno federal y que fueron aprobadas por el Congreso durante 2013 y 2014, que implicaron modificaciones constitucionales y cambios en diversas leyes secundarias.

Para mí es importante apoyar a la Fundación UNAM, sobre todo en las tareas que realiza en apoyo a los alumnos. Todos los que hicimos nuestro Servicio Social en la Universidad estábamos convencidos de la importancia de reintegrar algo de lo que habíamos recibido como alumnos que asistimos a una universidad pública, nacional, laica, con 107 carreras y que realiza tareas de investigación muy importantes para México. Más de un universitario ha dicho “que todo ex alumno debe pensar la manera de retribuir lo que ha recibido de esta magna institución, que requiere de recursos importantes para realizar su labor”.

Por esta razón, cuando me invitaron a afiliarme, me dio mucho gusto y me comprometí desde entonces, y hasta que me retire de la propia Universidad, a procurar contribuir con la Fundación UNAM, porque estoy consciente de las difíciles condiciones en las que tienen que realizar sus estudios algunos alumnos de escasos recursos económicos que se benefician con las becas que otorga la Fundación UNAM. Me gustaría exhortar a mis compañeros egresados a que piensen en la posibilidad de regresar, con convicción, algo de lo que recibimos de nuestra Alma Mater. Es por México y la educación de las futuras generaciones.

Por: Héctor Zamitiz, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales UNAM

Fuente | El Universal


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