• Viernes 22 de septiembre de 2017


Recordar el pasado y contribuir al futuro

Recordar el pasado y contribuir al futuro

Un texto de: Federico Tejado Bárcena

Comparte esta nota

No sé en qué etapa de la vida se encuentren los que estén leyendo estas líneas, pero quisiera dirigirme especialmente a los que hayan tenido la oportunidad de cursar una carrera universitaria y al día de hoy estén ejerciéndola y disfrutándola, o también a aquellos que se encuentren en una etapa, donde haber cursado por el mundo universitario, sea ya parte de su pasado.

Lo primero que me gustaría compartirles es mi visión de la vida universitaria, como un proceso continuo, que no termina el día que sales de tu última clase o el día que recibes tu título universitario. La actividad universitaria continúa en el tiempo, en muchas formas y de muchas maneras.

Por eso, de vez en vez es bueno regresar al pasado siendo la mejor forma de entender nuestro papel y responsabilidad de cara al futuro.

Recordar nuestros primeros días de universidad, además de que siempre son anecdóticos y agradables emocionalmente, nos permite refrescar los principios y raíces fundamentales que absorbimos en un aula universitaria y que sin duda hoy son parte fundamental de nuestra formación, influyendo en forma determinante lo que hemos logrado en nuestra vida profesional y personal.

Saber qué estudiar es un proceso un tanto cuanto difícil, y saber en dónde estudiarlo lo hace aún más complejo.

Para mí tampoco fue un camino fácil, ya que aunque traté de hacer mi tarea informándome sobre las posibles opciones que se me ofrecían, las presiones familiares o de amigos siempre estuvieron presentes, con recomendaciones tales como “¿por qué no estudias esto o aquello?”, “¿por qué no lo que yo estudie?”, “¿por qué no en tal lugar que es muy buena opción?”. En mi caso, después de visitar varias universidades e incluso haberme inscrito en otra institución, al final opté por la UNAM, para estudiar la carrera de Ingeniero Industrial en la Facultad de Ingeniería.

Y ¿saben?, no me equivoqué ni por un milímetro. A más de 25 años de haber egresado de la Facultad de Ingeniería, la vida y mi desarrollo profesional me lo confirman todo los días, la UNAM sí fue la mejor opción.

La UNAM me permitió entre muchas otras cosas, acceso a una cantidad de recursos que creía, en aquel entonces, que todas las universidades tenían. Pero la realidad era que no, sólo ahí los había en tal magnitud, accesibilidad y actualidad. Hoy en mi vida profesional y personal he podido constatar cuánto cuestan las cosas, qué difícil es hacerte de los recursos para lograr construir una infraestructura, o bien organizarte con muchas personas para emprender algo nuevo.

En la Facultad de Ingeniería de la UNAM pude gozar de laboratorios, equipos especializados, computadoras, sistemas de estudio e instalaciones deportivas y culturales, que hoy parecería sencillo tener, porque ya están ahí, pero el hecho de que se ofrezcan desde hace tantos años, ha sido el trabajo y esfuerzo de muchas personas con la habilidad de reunir recursos y con la capacidad de ejecutar proyectos con altísima visión y arrojo.

En la UNAM encontré la excelencia en muchos de los maestros, fue impresionante poder tener acceso al mejor talento académico nacional e incluso algunos de carácter internacional. El académico de la UNAM tiene una particular pasión y nacionalismo que, en su momento, también me pareció algo normal. Hoy que me toca en la vida profesional formar equipo, atraer talento y desarrollarlo, entiendo mejor que nunca el valor de esto; que formar un equipo humano de esa magnitud, con esa pasión y cultura, es una tarea complejísima y que requiere muchos años y un sinfín de habilidades para lograrlo. Para haberlo logrado fue necesario crear condiciones muy particulares, que van desde libertad para expresar o enseñar, hasta capacidades de atraer inteligencia en disciplinas nuevas e innovadoras.

En la UNAM también tuve la gran oportunidad de aprender a querer más a mi país. Sin decir que todo es bueno, en la UNAM hay un sinfín de ejemplos de que “sí se puede” y ver proyectos de investigación, publicaciones de toda índole, manifestaciones culturales y artísticas, exposiciones, creación de infraestructura como museos, auditorios, bibliotecas, instalaciones deportivas, etcétera; que te hacen sentir orgulloso de ser mexicano y motivarte a ver el México que todos queremos.

Sin duda otro factor que para mí es fundamental de recordar, es la diversidad que encontré en esta institución, lo cual ha sido al día de hoy, clave fundamental para mi actividad profesional, ya que continuamente trato con todo tipo de personas. Probablemente, si hubiera entrado a estudiar en otra institución con el mismo corte que el de mi educación de preparatoria, hubiera creído que así era el mundo o aún peor, que ese mundo era el correcto, limitado y sin diversidad.

La gran cantidad de formas de pensar, formas de ser, clases socioeconómicas que en la UNAM convergen son en alguna forma, aunque al principio chocantes para alguien como yo, que venía de un ambiente poco diverso, algo realmente enriquecedor. Verlas interactuar, participar, convivir entre ellas.

Sin duda, haber vivido esa experiencia de diversidad me formó y transformó y provocó en mí que sea, no sólo abierto, sino tolerante a gran cantidad de formas de pensar, que hoy me han contribuido y no restado. Y además me permitieron aprender a tener relación y diálogo con todo tipo de personas, pensamientos, niveles e incluso nacionalidades.

Hablando también de lo impactante o chocante que encontré en la UNAM fue el factor del volumen. La cantidad de colegas con los que estudias, te comparas, debates, es mucho mayor que cualquier otra institución. Sin duda, mayor a lo que estaba acostumbrado y por tal motivo más fácil encontrar alguien mejor en alguna disciplina, más hábil, más inteligente o simplemente más empeñoso. Esto, a final de cuentas, genera un ambiente en el que para destacar o estar en los primeros lugares, tendrás que, simple y sencillamente, dar más, porque hay más con quien competir. Hoy agradezco esto, ya que en el ámbito profesional se compite aun más, pero sin duda sirve muy bien de entrenamiento

Conocí a gente por demás esforzada. Aún recuerdo a Sergio Popócatll, un compañero que venía de muy lejos y tardaba en su trayecto mucho más que yo, sin embargo él llegaba a tiempo, con todas las tareas hechas y con la mejor actitud para aprender. Sin duda ver muchos Sergios Popócatl fue clave para que hoy valore la cultura del esfuerzo y trate de transmitirla a otros y, por supuesto, a mis hijos.

Pero el elemento que más me gusta recordar sobre la UNAM es lo que vi y hoy sigo viendo, la fuerza de movilidad en cuanto a oportunidades. Esto es quizá el elemento que más me ha llamado la atención sobre esa institución. Curiosamente, al paso de los años te encuentras con muchos exalumnos con los que conviviste y al ver en la mayoría el enorme trayecto que han tenido en sus vidas, ver de dónde venían y ver a donde han llegado, no te queda más que reconocer a la UNAM como quizá la institución más promotora de oportunidades de este país. Esa fuerza de mover a miles de mexicanos de nivel educativo, nivel social, nivel económico, nivel de pensamiento, nivel cultural es en verdad una fuerza que la hace única y que ha dado unos frutos que justifican todos los esfuerzos y recursos dedicados a ella.

Finalmente, como les decía, la vida universitaria continúa en muchas maneras; en mi caso tengo el honor y privilegio de seguir participando en la UNAM a través de la Fundación UNAM, una organización que tiene como meta coadyuvar a los objetivos y proyectos universitarios. La fundación UNAM recorre un sin número de tareas, desde ayudar con programas de becas de manutención, movilidad estudiantil al extranjero y apoyo para alimentación, hasta programas de idiomas o promoción del uso de algunos inmuebles de la universidad. Todas y cada una de esas tareas son fundamentales para complementar la ya compleja y retante tarea que tiene.

Pero también Fundación UNAM tiene la gran función de integrar a toda la comunidad universitaria. En ella pueden participar desde alumnos, maestros, trabajadores y por supuesto egresados de esa institución.

Por eso comencé diciendo que existen muchas formas de continuar la vida universitaria y considero que una muy válida es pertenecer a la Fundación UNAM y acercarse nuevamente a ese mundo en el que aprendimos, nos formamos, crecimos, nos divertimos y tal vez, ¿por qué no?, sea a través de esta gran comunidad que podamos regresar en alguna forma un poco de lo mucho recibido.

 

 Federico Tejado Bárcena, Ingeniero

 

Fuente | El Universal

 


Sigue leyendo:

Por la UNAM hablará mi espíritu. Otras voces de universitarios comprometidos con su Alma Mater (click en la imagen para ver la lista de textos)

voces_universitarios (1)

La Fundación es una organización establecida en favor de las causas y objetivos de la Universidad Nacional Autónoma de México y para fortalecer su imagen como nuestra Máxima Casa de Estudios, tanto en México como en el extranjero.

Suscribete al Feed

¿Quieres comentar?

Dirección: Pennsylvania 203, Nápoles, Benito Juárez, 03810 Ciudad de México, Distrito Federal
Powered by: Layer & Soluciones IM