• Martes 21 de noviembre de 2017


La UNAM: Autonomía y compromiso social

La UNAM: Autonomía y compromiso social

Un texto de Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM

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Desde que tengo memoria, en mi casa se hablaba mucho de la Universidad Nacional debido a que mi padre era un gran admirador de la institución y a que su máximo deseo era que todos sus hijos fuésemos sus estudiantes y que asistiéramos a CU. Lo segundo por la fascinación que a mi padre le generó Ciudad Universitaria, como sucede con cualquiera que tiene la oportunidad de conocerla. Más adelante, cuando cursaba la secundaria y me vi enfrentada a la disyuntiva de decidir mi futuro en lo concerniente a mis estudios y formación profesional, obviamente la única opción que me interesaba era asistir a alguna preparatoria de la UNAM. Fue por estudiar al lado de mi mejor amiga que opté por presentar mi examen de admisión en la preparatoria 4, donde fui aceptada, situación que me generó una increíble sensación de felicidad que a la fecha recuerdo vivamente. Lo mismo me ocurrió tres años después, una alegría tremenda me invadió al recibir una carta donde se leía: “Está usted aceptada en la Facultad de Ciencias para estudiar la Carrera de Biología”, cumpliéndose así uno de mis más ansiados sueños.

En aquél entonces, el edificio de la Facultad de Ciencias estaba en el campus central y fue desde ese lugar privilegiado que supe que había acertado en mi vocación, que es el estudio de la vida y sus muchísimos aspectos, en particular el campo de la evolución biológica. Desde entonces me llenó de orgullo ser parte de la Facultad de Ciencias y ahora, que tengo el honor de ser su directora, me resulta muy complicado poner en palabras el sentimiento de apego y compromiso que siento hacia ella tanto en su carácter institucional como en el significado personal que tiene para mí, pues, hay que destacarlo, la UNAM más que formar académicos, forma seres humanos; en la Universidad uno no sólo se desarrolla como futuro profesionista sino que crece como persona. Y la UNAM, que es un espacio de libertad, respeto y promoción de los más altos valores humanistas, es un espacio privilegiado para ello.

En lo que toca a lo propiamente académico, la Facultad de Ciencias es una entidad muy estricta y exigente, pero al mismo tiempo comprometida con sus estudiantes. También lo es en la vitalidad de su interés político y la profundidad de su compromiso social, cuestión esta última que se vive en la UNAM toda. Ahí se enseña a sus alumnos, desde el ingreso, que el ser universitario implica una responsabilidad enorme, pues involucra lo mismo dedicarse plenamente a la propia formación profesional en una disciplina -ingeniería, arquitectura, medicina, derecho o biología, en mi caso- como también estar al tanto de la problemática social del país, lo que quiere decir que un universitario se ha de ocupar y preocuparse tanto por su disciplina y su ámbito específico, como por el país en su conjunto, esto es, por sus diversas problemáticas y por su rumbo. Este tipo de enseñanzas son las que, como un valor agregado, uno obtiene de la UNAM y de ser una universitaria, cuestión que, en particular, ha sido de enorme importancia en mi historia personal.

Sin duda, la UNAM ha sido y sigue siendo la institución más importante del país en los temas de investigación en todas las disciplinas científicas, sociales y humanísticas, y juega un papel de liderazgo entre todas las universidades del país. En lo académico, la UNAM te da la posibilidad de estudiar cualquier licenciatura o posgrado en una universidad comparable a las mejores universidades de otros países con mayor desarrollo que el de México.

Por su parte, la Facultad de Ciencias comparte la responsabilidad de formar nuevos científicos que se dediquen a la investigación, la docencia y a la aplicación del conocimiento científico; y gracias a su estrecha relación con los institutos de ciencias de la UNAM, la Facultad también cuenta con profesores-investigadores de alto nivel académico, de manera tal que sus estudiantes tienen la posibilidad de realizar sus estudios de licenciatura o posgrado en un ambiente de producción de conocimiento original equiparable al existente al de otras prestigiosas universidades.

Aunque el enfoque fundamental es que nuestros jóvenes adquieran los conocimientos necesarios, suficientes y más actualizados de su área específica de estudio, en la UNAM se cuida además el ofrecer a su comunidad la posibilidad de practicar una enorme variedad de actividades, tanto deportivas como recreativas, a lo que se agrega una amplísima gama de ofertas culturales a las que puede asistir toda persona en su circuito de museos y salas de exhibición, tan vasta y bella que no existe otra igual en el país, tan sólo pensemos en el CCU o en la increíble Sala Nezahualcóyotl. Y esta oferta está presente también en cada facultad o instituto en donde constantemente se están ofreciendo cine-clubes, conciertos y actividades culturales de diferente tipo. Es así que podemos decir que en la UNAM, además de atenderse al desarrollo de las ciencias y las humanidades, también existe una formidable parte cultural que es complementaria de las otras dos áreas. Desde aquí se comprende que la infraestructura de la UNAM para el desarrollo de las ciencias, las humanidades y las artes es, sin duda, la mejor del país. Pero ello no quiere decir que no se requiera contar con recursos adicionales para modernizar permanentemente instalaciones y equipos.

Algo que me interesa destacar es el contexto de la relación de la UNAM con otros sectores, como es el privado, al igual que el ambiente de libertad que impera en la vida universitaria. En este sentido, el sector privado o el público pueden solicitar y contratar servicios de la Universidad y también pueden realizar aportaciones desinteresadas para, por ejemplo, apoyar a los estudiantes universitarios o para impulsar el desarrollo de determinado proyecto de investigación. Pero esto siempre va acompañado de un cuidadoso análisis de la propia UNAM, ya que la Universidad tiene la obligación y el derecho de reservarse decidir qué tipo de servicios realiza y cuáles no, lo mismo que qué tipo de aportaciones acepta y cuáles no. En ambos casos actuando siempre con absoluto respeto a su autonomía.

La autonomía en sentido amplio consiste en la capacidad de una universidad de dictarse sus propias leyes y regir su comportamiento por normas que ella misma determina, principalmente en tres renglones básicos: el académico, el del gobierno y el financiamiento. Hablar de autonomía universitaria es hacer referencia también a las relaciones que la misma universidad mantiene con el Estado y, en general, con el mundo externo, desde donde se entiende que una universidad no puede autoconcederse la autonomía ya que ésta es una facultad que el Estado le otorga a través de una ley.

En este sentido, la autonomía universitaria presupone el reconocimiento de que el primer motivo de la búsqueda de conocimiento nuevo es la necesidad, característicamente humana, de comprender cada vez mejor el mundo que nos rodea y del que somos parte, así como la aplicación de dicho conocimiento a la solución de los problemas de la humanidad y de su hábitat. También desde aquí podemos entender que una mercantilización de la Universidad pública significaría la destrucción de la esencia de la investigación y de la búsqueda organizada de conocimientos, al tiempo de un intento por poner al servicio de fines y valores instrumentales al conocimiento mismo, y por ello, a la autonomía universitaria.

Dicho esto, se ve cabalmente que la autonomía se basa en razones de principio; que es contraria a cualquier criterio pragmático, y que presupone una filosofía educativa que postula un modelo de enseñanza integral donde el saber técnico está subordinado a los más altos valores humanistas.

Por último, en este tenor, no podemos soslayar el grave problema que las Universidades públicas enfrentan en el ámbito de la financiación pues la autonomía no garantiza la autosuficiencia en el aspecto económico. Es en este ámbito que entidades como la Fundación UNAM A.C. juegan un papel de gran relevancia para la UNAM pues, si bien nuestra Universidad recibe anualmente recursos significativos del gobierno federal, resulta muy útil el apoyo adicional brindado por otras fuentes que aportan generosos recursos adicionales que resultan muy útiles para lograr el mejoramiento de la infraestructura, así como para optimizar las condiciones de vida de los estudiantes. Un caso destacado que podemos mencionar, logrado gracias a uno de tantos aportes de la Fundación UNAM, es el Programa de apoyo alimentario que ha generado un cambio notable pues, como hemos observado directamente en la Facultad de Ciencias (beneficiaria del programa), las y los alumnos que reciben este apoyo han mejorado enormemente su desempeño escolar. Aquí vale también hacer un reconocimiento a la Fundación UNAM por su respeto a la autonomía universitaria, en los términos antes señalados.

Por todo lo anterior y por muchas otras razones que quedan en el tintero puedo afirmar que la UNAM es una institución fundamental para México, una fuerza viva que ha ayudado a construir el país que tenemos actualmente gracias a su autonomía pero que, sobre todo, seguirá impulsando decididamente para que las y los mexicanos logremos construir el país que deseamos, siempre desde un profundo compromiso social y desde un respeto irrestricto a la libertad.

Por: Rosaura Ruiz, directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM

Fuente | El Universal


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