Fundación UNAM

Se es universitario para toda la vida

En 1964 fui aceptado como alumno, después de haber pasado por el examen de admisión —en esa época todo aspirante tenía que pasar el examen de admisión—. Realmente fue uno de los días más emocionantes de mi vida al haber recibido un telegrama en donde me informaban que había sido aceptado y me daban mi número de estudiante.

Verdaderamente fue uno de los sucesos más importantes y que ha significado un gran orgullo en mi vida. A partir de ese momento, como dijo el doctor Narro en alguna ocasión: “Es muy difícil entrar a la Universidad, pero es más difícil salir”; ya una vez adentro, “se es universitario para toda la vida”. Yo creo que esa es una oportunidad y un gran logro del pueblo de México, porque al final de cuentas, es el pueblo de México el que sostiene a la Universidad y le da los recursos para su operación.

Mi paso por la Universidad fue también aleccionador porque tuve la oportunidad de ser Consejero Universitario como alumno y me tocaron épocas muy importantes y difíciles. En 1968 yo era el representante de la Facultad de Contaduría y Administración en el Consejo Universitario y me tocó vivir cosas que ojalá y no se repitieran nunca más.

Posteriormente tuve la oportunidad de ser Consejero Profesor. Empecé a dar clases en 1970, y desde entonces a la fecha sigo enseñando, aunque ya no desde el pizarrón, a algunos grupos los asesoro en la redacción de sus tesis y en trabajos para recibirse en licenciatura, maestría y doctorado. Ello me permite seguir en contacto con los jóvenes y de esta manera comprenderles, entender su lenguaje y la forma de ser de la juventud de mi país.

Más adelante se me presentó la oportunidad de servir durante dos periodos como director de la Facultad de Contaduría y Administración, de 1981 a 1989. En ese lapso fue creada una nueva licenciatura, la de Informática, se modificaron los planes de estudio; se crearon nuevas especialidades e instalaciones que permitieron impulsar el área de posgrado.

También se construyó la biblioteca más importante en América Latina en nuestras disciplinas y se iniciaron dos revistas que subsisten hasta la fecha: Consultorio Fiscal y Emprendedores, que tienen circulación nacional. La de Consultorio Fiscal fue la primera revista de impuestos en este país, abrimos camino con ella.

En 1992 y hasta 2004 fui designado miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, cuya misión es elegir rector y directores, como lo establece la Ley Orgánica de la Universidad, que data de 1945. En la Junta de Gobierno tuve la oportunidad de servir por 12 años. Participé en la designación de cuatro rectores y más de 150 directores.

El Consejo Universitario y la Junta de Gobierno me distinguieron en 2009, como miembro del Patronato de la UNAM, en donde serví cuatro años. Colaborar en el Patronato es una distinción privilegiada para un universitario, lo forman sólo tres personas, quienes tienen la responsabilidad de ser autoridad administrativa de la Universidad y, sobre todo, encargarse del rendimiento de cuentas.

Lo que soy se lo debo a la UNAM y lo que me queda de vida se lo debo dar a la UNAM

ya sea como productor de ideas, de libros e impartiendo preceptos a los jóvenes para que amen a nuestra Universidad, y que, al mismo tiempo, sean mexicanos de bien y permitan que este país siga desarrollándose como lo está haciendo a la fecha.

Actualmente formo parte del Comité de Vigilancia de la Fundación UNAM, creada hace 20 años como Asociación Civil para obtener recursos adicionales para apoyar las tareas a cargo de nuestra Máxima Casa de Estudios. Hemos vivido un extraordinario desarrollo de la Ciudad Universitaria; somos receptores del gran beneficio que significa tener estas instalaciones, pero, sobre todo, una institución que data del siglo XVI y que en 1910 fue recreada y relanzada por un gran mexicano: Justo Sierra. En 1929 se logró la autonomía y desde entonces no ha dejado de cumplir su importante función. Este país le debe mucho a su Universidad.

Alfredo Adam Adam, académico emérito de la FCA-UNAM

Fuente | El Universal


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