• Lunes 11 de diciembre de 2017


Seis décadas de vida profesional

Seis décadas de vida profesional

Un texto de: Miguel Alemán Velasco

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Los años, conocimientos y experiencias de la UNAM son las huellas más profundas de la biografía personal de todo universitario. El 6 de julio de 1954, siendo director de la Facultad el doctor Roberto L. Mantilla Molina y rector de la Universidad el doctor Nabor Carrillo Flores, presenté mi examen profesional donde tuve el honor de contar con la presencia de los distinguidos profesores: Roberto Cossío y Cossío como presidente; Manuel Del Pedroso, Raúl Cervantes Ahumada y Ernesto Flores Zavala como vocales y Antonio Francoz Rigalt como secretario, ante quienes sustenté mi tesis titulada: “Los problemas jurídicos internacionales de la aeronavegación civil” y por unanimidad de votos obtuve el título profesional de licenciado en Derecho.

En mi historia personal, al cumplir 60 años de vida profesional, reconozco y agradezco que la UNAM me dio las herramientas, conocimientos, valores e ideales gracias a los cuales he tenido múltiples experiencias laborales que han sido plenas de logros y satisfacciones.

Los conocimientos y valores universitarios han inspirado en todo momento mi paso por el periodismo impreso y la novela, la producción noticiosa e histórica en televisión, la conquista del espacio y las tecnologías satelitales, el desarrollo urbano, los encuentros de comunicación, el turismo, el cine y sus festivales en Acapulco, el apoyo a la filantropía y las artes, la convocatoria a reuniones internacionales de negocios; la competencia política y en especial, las experiencias imborrables del servicio público en el Senado de la República y el gobierno de Veracruz.

Desde entonces, el tema aeronáutico, ha sido una guía y una apuesta personal que hace pocos años logré hacer realidad.

La UNAM es la institución que tiene la más importante misión en la conformación de una visión de país que es imprescindible para comprender el desarrollo del México desde finales del siglo XIX hasta nuestros días. Su misión es el análisis crítico sustentado en la reflexión permanente en todos los ámbitos de las ciencias y las artes, para contribuir a solucionar las grandes tareas y retos nacionales.

En las aulas y pasillos de la Universidad, como en muchas regiones del país, los vientos de aspiración democrática contra la dictadura de Porfirio Díaz se venían escuchando en voz baja, años antes de la lucha revolucionaria. Por ello, José Vasconcelos definió a la Universidad Nacional Autónoma de México como la institución que “sella el pacto de alianza con la Revolución Mexicana”, un pacto fundacional que promueve la consolidación del nuevo Estado Mexicano.

En la historia de la Universidad durante el siglo XX, hay personajes que sintetizan las más grandes evoluciones de esta institución. La norma fundamental elaborada por Justo Sierra a principios del siglo XX da paso a las propuestas educativas impulsadas al inicio de la Revolución por José Vasconcelos y, en consecuencia a los primeros atisbos del movimiento a favor de la autonomía promovidos por Antonio Caso, que se obtuvo durante la administración del presidente Emilio Portes Gil, quien en su corto mandato (1928-1930) promulgó la Ley de Autonomía de la Máxima casa de estudios en 1929.

Años después, en 1946, al cerrarse el capítulo de la conducción del país en manos de caudillos militares, el primer presidente civil del período postrevolucionario fue mi padre, Miguel Alemán Valdés, egresado de la Facultad de Derecho de la UNAM. Desde entonces hasta la fecha, nuestro país ha contado mandatos presidenciales a cargo de profesionistas civiles en periodos sexenales, cumplidos sin interrupción.

Durante el inicio de su mandato, el presidente Alemán comprendió la importancia de dotar a la universidad de las instalaciones que el país demandaba entonces para la preparación de los profesionistas e investigadores. Por ello acordó la construcción de la Ciudad Universitaria.

En su momento fue una obra criticada e incomprendida por su gran dimensión y amplio concepto. Afortunadamente esa obra fue una de las inversiones sociales más valiosas de la historia reciente de México, ejemplo patente de una política de Estado orientada a ampliar las oportunidades de acceso a la formación de los profesionistas, intelectuales, artistas, deportistas, pensadores y científicos que el país necesita para su desarrollo integral.

Hoy, la Ciudad Universitaria se suma a las obras notables del patrimonio de nuestra cultura milenaria y contemporánea, que ha sido catalogada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. La Ciudad Universitaria es hoy la única obra mexicana del siglo XX que tiene este reconocimiento. esculturas_unam

Tuve el honor de formar parte de la prestigiada “Generación del Medio Siglo”, que, en 1950, iniciamos la carrera de Derecho todavía en el antiguo Colegio de San Ildefonso en el centro de la ciudad, integrada por un grupo de jóvenes provenientes de diversas partes del país.

Todos llegamos a la universidad con grandes sueños y profundos anhelos. Llenos de vida y de ideas para contribuir a hacer de este país una nación más prospera. Así nos recibieron nuestros maestros que se encargaron de encauzar esos ideales juveniles, haciéndonos conscientes de los grandes retos de México y la forma como podríamos sortearlos. Ahí aprendimos que el país tiene recursos y gente de gran valía pero sobre todo, confirmamos que somos una gran nación, heredera de una cultura milenaria que nos amalgama en una síntesis de raza y espíritu que a todos nos enorgullece.

En lo personal, recuerdo con aprecio las enseñanzas y conceptos que me transmitieron ilustres maestros cuyos nombres guardo en mi memoria, como Mario de la Cueva, Eduardo García Máynez, Daniel Kuri Breña, Antonio Díaz Soto y Gama, Antonio Francoz Rigalt, Ernesto Flores Zavala, Roberto (“El Charro”) Cossío y Cossío, Enrique Loaeza, Antonio Carrillo Flores, Julio Jiménez Rueda, Salvador Azuela, Juan Sánchez Navarro, Ricardo García Villalobos, Raúl Cervantes Ahumada, Agustín García López, Francisco Gonzáles de la Vega, José Campillo Sáinz y Manuel Del Pedroso.

A seis décadas de distancia, confirmo que la educación universitaria que recibimos en aquellos años fue de las mejores del mundo. Pero sobre todo, reitero que la instrucción universitaria, si bien concluye formalmente con la titulación, requiere de un constante aprendizaje y de un diálogo permanente con el conocimiento para su inacabable actualización.

Por ello ha sido valioso estar cerca de la Universidad en diversas facetas, una de ellas quizá la más noble, es ahora formar parte de la Fundación UNAM, Asociación Civil creada hace 20 años por universitarios para los universitarios, con el fin de apoyar a nuestra Máxima Casa de Estudios a continuar brindando los beneficios de una educación superior de alta calidad al mayor número posible de hombres y mujeres de nuestro país.

La senda marcada por la UNAM nos convoca a establecer un compromiso para toda la vida. Compromiso que tenemos todos los que fuimos alumnos, algunos más profesores e investigadores, y no pocos que llegamos a ser funcionarios en instituciones publicas y privadas.

Algunos hemos podido apoyar las tareas de la OFUNAM, o la construcción del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC); y desde la Fundación UNAM contribuir al logro en los tres objetivos básicos que la Ley Orgánica le señala a la Universidad: docencia, investigación y difusión de la cultura.

Es compromiso de vida con nuestra alma mater y es un acto de justa y elemental retribución, aportar los mejores recursos para que otros muchos puedan gozar de las oportunidades académicas que tuvimos en el pasado.

Miguel Alemán Velasco, Licenciado en Derecho

Fuente: El Universal


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