• Miércoles 22 de noviembre de 2017


UNAM, forjadora de mexicanos responsables

UNAM, forjadora de mexicanos responsables

Un texto del Arquitecto Joaquín Álvarez

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En varios sentidos debo mi formación a la Universidad Nacional Autónoma de México. Tanto mi formación académica como mi formación técnica, las recibí en la antigua Escuela Nacional de Arquitectura, ahora Facultad. Soy Arquitecto de profesión, y también Urbanista, pues tengo una maestría en Urbanismo. Las dos carreras las realicé en la UNAM. Ambas me dieron una formación técnica y académica de primera clase. Pero lo más importante es la formación que la Universidad me dio como ciudadano, como persona, como hombre. Yo venía de una familia de clase media, educada en colegios particulares, y cuando llegué a la Universidad tuve un encuentro muy satisfactorio por lo diversa que era la composición del estudiantado. Tenía compañeros de todas las clases económicas, con toda clase de pensamientos, inclusive políticos. Así, me fui enseñando a que todos los que pensábamos de forma diferente teníamos que acostumbrarnos a vivir en paz, tranquilos y en forma armónica, todos bajo el mismo techo.

Para mí fue muy grato convivir con compañeros de todos los estamentos económicos y sociales del país. Fue entonces cuando conocí que ese era México verdaderamente. Y esa era la composición humana con la que iba a convivir toda la vida, lo cual me dio una formación de tipo social, que hasta el presente tengo muy marcada. No se podía pedir más. La UNAM me dio las armas para poder aportar al país trabajo y conocimientos, los cuales aporté al país cuando posteriormente laboré en el gobierno del Distrito Federal y en el gobierno de la República. Primero como secretario de Obras Públicas en el gobierno del Distrito Federal; luego como subdirector de Obras y Patrimonio del Instituto Mexicano del Seguro Social; y posteriormente como director de Planeación del Desarrollo de la Zona Centro del País en la Secretaria de Desarrollo Urbano y Ecología.

También he tenido oportunidades de poder devolver a la Universidad algo de lo que había yo recibido. Pero lo hice a través de una convivencia social armónica, con espíritu de equipo, de grupo, y bajo una sola idea: la atención social al pueblo de México. En la UNAM tuve oportunidad de formarme políticamente, pues fui primero presidente de mi generación de la Sociedad de Alumnos de Arquitectos y luego presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. Ello me permitió convivir con los directores y sociedades de alumnos de diversas Facultades y me tocó vivir el cambio de la antigua Escuela de Arquitectura de la Academia de San Carlos, en donde estudié los primero años de la carrera, y trasladarnos luego a los nuevos edificios de Ciudad Universitaria, donde me recibí. Fui el primer arquitecto que se recibió en la Facultad de Arquitectura. Posteriormente fui académico del director de la Facultad con el maestro Alonso Mariscal y todavía siendo pasante se me asigno un taller de composición para alumnos irregulares durante varios años, teniendo que renunciar por no poderlo atender debido a exceso de trabajo oficial.

Aquí en la UNAM se conformó una generación que intervino mucho en la política universitaria y cuyos miembros accedieron luego a la política nacional. Tuve compañeros que posteriormente fueron gobernadores, secretarios de Estado, e incluso candidatos a la Presidencia de la República. Yo mismo, en dos ocasiones, fui diputado federal por el partido en que he militado toda mi vida; y a lo largo de la vida me fui encontrando a muchos compañeros que fuimos formados en la UNAM con un sentido de responsabilidad social hacia el pueblo de México, con una clara actitud de servicio público.

Agradezco muchísimo a la UNAM porque allí tuve oportunidad de que mi queridísimo amigo y eminente mexicano, el arquitecto Carlos Lazo, que fue Padrino de mi Generación, me invitara a participar con él, desde que era estudiante, durante la construcción de la Ciudad Universitaria. Y él me llevó a trabajar en la construcción del Estadio de la CU. Ahí se me asignó una misión muy grata, ser ayudante del gran maestro y pintor Diego Rivera, que tenía a su cargo el proyecto de la pintura mural en una de las paredes cónicas del Estadio Universitario, en la que está plasmada una paloma como signo de la paz. En eses época conviví mucho con el maestro Diego Rivera, con su esposa, la pintora Frida Kahlo, con su familia; y por ese medio me tocó trabajar con los grupos de trabajadores que hicieron el mural del estadio. A mí me entregaba el maestro sus dibujos y yo los planteaba en una perspectiva que se llama curvilínea, de acuerdo con la inclinación, y luego ya con la escala se escogían los colores de las piedras que después se fueron colocando para formar el mural.

También pude trabajar con los maestros arquitectos que hicieron el proyecto del Estadio Universitario. Me tocó trabajar en el palco de prensa, en muchos detalles de su construcción, al lado de quienes hicieron esta extraordinaria obra.

En cuanto a la Fundación UNAM debo decir que es una Institución que honra mucho a la Universidad, porque acoge a todos sus hijos, tanto los que están actualmente en ella, como a los que estuvieron hace años, como en mi caso. Igual que a todos los que tenemos un gran amor y una actitud abierta de contribución a nuestra Casa Máxima de Estudios. Siento que los universitarios estamos moralmente obligados de alguna manera a colaborar con la Fundación UNAM en todo aquello que se nos requiera. Bien sea a través de donativos, aportaciones, conferencias, y todo aquello que tienda a enaltecer los valores permanentes de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y esa labor la está cumpliendo la Fundación UNAM con una gran responsabilidad, así como con eficacia y con un sentido de vanguardia y de futuro.

Por: Joaquín Álvarez. Arquitecto urbanista y profesor de la UNAM

Fuente | El Universal

 


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