• Jueves 21 de septiembre de 2017


La UNAM: un gran sitio para trabajar

La UNAM: un gran sitio para trabajar

Un texto de Adalberto Noyola, director del Instituto de Ingeniería de la UNAM

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Yo ingresé a la UNAM, al Instituto de Ingeniería, en 1987, después de que regresé del doctorado que realicé en Francia, y desde esa fecha he trabajado en la UNAM. Mi licenciatura en Ingeniería Ambiental la estudié en la UAM Azcapotzalco, donde ingresé en 1976. Tenía apenas tres años de creada y era la primera Universidad que proporcionó dicha licenciatura. En ese tiempo -1976- empezaba a hablarse de lo ambiental, del cuidado de la ecología; y el tema me gustó, y a eso me he dedicado hasta el día de hoy. La mayoría de los profesores de la Universidad Autónoma Metropolitana eran egresados de la UNAM, habían sido profesores ya de la UNAM y fueron invitados en su momento, por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez a incorporarse a la nueva institución. Pero mi contacto con la UNAM se dio desde antes de irme a Francia a estudiar el doctorado; trabajé un año por honorarios, en el Instituto de Ingeniería, realizando investigación, y fue cuando conocí el Instituto y me gustó mucho lo que hacía. A mi regreso del doctorado me ofrecieron colaborar como Investigador Asociado “C” y desde entonces he laborado en el Instituto, donde ya estoy a punto de tener 30 años de antigüedad.

En ese lapso fui subiendo de nivel hasta llegar al de Investigador Titular “C”. También me he desarrollado en el ámbito académico-administrativo como coordinador de Ingeniería Ambiental, luego como subdirector de Hidráulica y Ambiental, y actualmente me desempeño como director del Instituto de Ingeniería. Todo el tiempo en el Instituto y siempre en la UNAM.

Afortunadamente no conozco estar desempleado. Aun antes de terminar el doctorado ya tenía trabajo, y al regresar a México tuve la fortuna de ingresar, primero a la UAM dos años, y luego a la UNAM, institución que ofrece una libertad para el desempeño profesional que en muy pocos lugares se puede encontrar. Además de tener la infraestructura adecuada para hacer un trabajo de clase mundial, en el campo de la investigación científica y tecnológica, como el que yo realizo, se tiene la fortuna de convivir con colegas con los cuales se pueden compartir experiencias, conocimientos, ideas; hay una vida académica muy estimulante. Constantemente llegan al Instituto de Ingeniería para hacer sus tesis de licenciatura, de maestría y doctorado, un buen número de estudiantes procedentes de la Facultad de Ingeniería, de Química o de Ciencias, lo cual nos permite contar con personal que nos ayuda a hacer investigación, al mismo tiempo que los formamos, generando profesionales que, al salir con tesis o trabajo realizado, les da una excelente oportunidad para colocarse por primera vez en un trabajo, pues cuentan ya con un cierto grado de experiencia, comparado con lo que ocurre con otros jóvenes graduados en otras carreras o de otros lugares.

Igualmente, el Instituto de Ingeniería de la UNAM ofrece una vinculación muy fuerte con los problemas nacionales. Ahí se trabaja mucho en la solución de grandes retos de la ingeniería nacional. Por ejemplo, en la actualidad estamos muy involucrados en el nuevo aeropuerto en la Ciudad de México, un reto importantísimo para la ingeniería. En el pasado estuvimos en el Metro, en el diseño y construcción de grandes presas, de las autopistas urbanas, y en la solución de la inundación de Tabasco. En casi todas las obras de ingeniería importantes en México, el Instituto ha tenido alguna participación, y ello nos da la oportunidad de generar lo que se denominan ingresos extraordinarios, que el jefe de cada proyecto o el investigador responsable, administra directamente, siguiendo una estricta normativa universitaria, pero que nos permite una gran libertad para poder adquirir equipo, renovar infraestructura, becar estudiantes o asistir a congresos, sin necesidad de gravar el presupuesto universitario. Esta es una particularidad que tiene el Instituto y que facilita la autonomía de trabajo que, ya de por sí como universitarios, tenemos quienes laboramos en la Universidad en el ámbito académico.

La UNAM es una institución única en México. Alguien ha dicho, con mucha razón, que “no se puede entender el México moderno sin la UNAM”. Sin embargo, a nuestra Máxima Casa de Estudios se le pide a veces más de lo que una universidad debería aportar a la sociedad, esto por falta de otros organismos que cubran esas necesidades en nuestro país. En no pocas ocasiones se le pide a la Universidad opinar sobre temas que ciertamente no nos competen y eso nos puede meter en algunos problemas. Pero esa es, considero, una condición de todo país en desarrollo, como el nuestro, en el que no todos los organismos están en su lugar, y por ello se recurre a la UNAM, por la credibilidad, la autoridad moral con que cuenta. Es así que de pronto se ve obligada a intervenir en determinados temas que universidades de otros países del mundo desarrollado no entrarían a cubrir. Pero si nos enfocamos exclusivamente al aspecto académico y de investigación -que esa es la esencia de la Universidad- podemos decir sin duda, que las aportaciones de la UNAM a la sociedad mexicana y, en general, al conocimiento y a la cultura del mundo, son muy relevantes. Es por esta razón que las personas que no conocen bien a la UNAM, cuando se acercan a ella se quedan sorprendidas; por lo que realiza en los ámbitos de las ciencias, las humanidades y la difusión cultural. A los extranjeros que nos visitan se les explica lo que hace la Universidad Nacional Autónoma de México y realmente no dan crédito de lo completa y diversa que es, lo que la ha convertido en una institución única en México, y me atrevería a decir, en toda Latinoamérica.

Mi experiencia en la UNAM ha sido muy gratificante y plenamente satisfactoria en todos los sentidos. Verdaderamente, el reto que esto implica, trabajar en un ambiente tan propicio para desarrollarse académicamente; el contacto permanente con los estudiantes, no solamente a nivel licenciatura sino también de posgrado y posdoctorado, lo revitaliza a uno, nos da nuevas ideas. Además, tiene uno la oportunidad de relacionarse no solamente con los demás colegas de la UNAM, sino fuera de ella, tanto en el país como en el extranjero, lo que enriquece mucho la vida profesional y personal de un investigador. Yo me considero muy afortunado de haber realizado mi carrera en la UNAM.

Esto me ha permitido también conocer la tarea que lleva a cabo la Fundación UNAM, que es una organización admirable. Yo entré en contacto con ella hace unos seis años, a través de su anterior presidente, con quien mantengo una buena relación. Me enteré así del apoyo que brinda a la UNAM a través de sus programas, algunos realmente sorprendentes por el impacto social que tienen, no sólo dentro de CU, sino en otros campus de la UNAM, como el de Querétaro, en donde el Instituto de Neurobiología trabaja en un proyecto para niños con problemas cerebrales, y en donde es admirable el servicio que ahí se está dando. Otro programa que me impresionó es el de los Apoyos Alimenticios en la Facultad de Química, pues yo no podía creer que en nuestro país, concretamente en la UNAM, existan estudiantes que no rinden en las aulas porque no se alimentan adecuadamente, porque tienen hambre. Y me enteré de cómo, gracias a un diagnóstico, se vio que esa podía ser la causa. Por lo que al brindarles un apoyo alimenticio cambiaron su rendimiento en forma extraordinaria.

Por esta razón, los egresados de la UNAM o muchos de quienes trabajamos actualmente en ella, o simplemente los amigos de la UNAM, debemos contribuir con recursos a la Fundación UNAM para que ésta siga apoyando las tareas de nuestra Máxima Casa de Estudios, colaborando en la mejor formación de su personal académico, ayudando con becas a sus alumnos, renovando sus instalaciones para que brinden un excelente servicio y con ello extender a todos los beneficios de lo que aquí se investiga, desarrolla y difunde.

Por: Adalberto Noyola, director del Instituto de Ingeniería de la UNAM

Fuente | El Universal


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