• Domingo 24 de marzo de 2019


El veneno de alacranes

El veneno de alacranes

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Lourival Domingos Possani, desde hace 36 años, estudia el veneno de los alacranes en su laboratorio dentro del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Inicialmente el doctor Possani se propuso identificar los compuestos responsables de la intoxicación que puede sufrir el ser humano tras la picadura de un alacrán.

“Tenemos datos de la Secretaria de Salud que apuntan del orden de 280 mil picaduras por año en todo el país. Y eso es un valor subestimado porque hay muchas personas que no van al médico.”

No todos acuden a los servicios de salud porque no todos los alacranes inyectan una ponzoña letal.

México alberga una gran biodiversidad de especies de alacranes; tenemos el registro de más de 220, de las cuales únicamente seis son peligrosas para el humano”, señala el investigador.

Un ejemplo es el Centruroides noxius, de Nayarit, que es el más peligroso de todos, así como el Centruroides limpidus limpidus, originario de Morelos y Centruroides suffusus suffusus, de Durango. Su picadura es tan tóxica que puede hasta provocar la muerte de la victima por edema pulmonar o paro respiratorio.

Los descubrimientos del científico muestran que dos péptidos (proteínas) o toxinas presentes en el veneno actúan sobre ciertos receptores de las células humanas: los canales de sodio, llamados así porque permiten la entrada y salida de iones de sodio. También afectan los canales de potasio. Es así como trastornan el funcionamiento de nuestros nervios y músculos a tal grado que el aparato respiratorio y el corazón dejan de funcionar y llega la muerte.

Pero existen más de 200 especies de alacranes cuyo veneno únicamente paraliza y lesiona a larvas, insectos y otros bichos que constituyen su alimento cotidiano. Esta propiedad puede ser aprovechada por los humanos.

El doctor Possani y sus colaboradores encontraron que una proteína llamada escorpina impide el desarrollo del parásito Plasmodium berghei, causante de la malaria murina y que es utilizado como modelo para el estudio del paludismo en humanos.

“Nos percatamos de la acción bactericida que tienen algunos péptidos, entre los cuales está la escorpina, y se nos ocurrió probar si tenía alguna reacción en otros organismos como los parásitos y efectivamente, vimos que actuaba contra el Plasmodium berghei.”

Aunque la molécula se detectó en el veneno de un alacrán originario de África, en las especies mexicanas también se ha observado una proteína de acción parecida. Por ahora, los investigadores tratan de entender como interactúa con el parásito.

“Al parecer el efecto tiene que ver también con los canales iónicos del parasito. Pero necesitamos reconocer de manera precisa el mecanismo de acción de la proteína y eventualmente se podría usar en el control de la malaria.”

Cada vez hay más evidencia del potencial farmacológico del veneno de los alacranes. Incluso se ha dicho que sirve para combatir el cáncer.

“Lo pongo en duda hasta que no tengamos noticia de un estudio serio, el cual nos indique la presencia de un péptido capaz de reconocer a la célula cancerígena y que haya sido aislado en un laboratorio” asegura el investigador de la UNAM.

Lo que sí está demostrado es el efecto insecticida de ciertos componentes.

“Encontramos un péptido que es tóxico para algunos insectos; entonces, si pudiéramos añadir esta molécula a plantas, por ejemplo el maíz, podría ayudarnos a combatir plagas que dañan la producción.”

Fuente: UNAMirada a la Ciencia

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