• Domingo 22 de julio de 2018


Privación económica y lectura

Privación económica y lectura

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Una encuesta realizada en Inglaterra señala que la división de clases y la desigualdad social también está relacionada con  los hábitos de lectura en aquel país. Los resultados seguramente pueden trasladarse a otras latitudes.

La falta de equidad económica no solamente está relacionada con la disparidad en la calidad de vida de las personas, sino que marca una gran brecha cultural. En Reino Unido se realizó una encuesta sobre hábitos de lectura, según los resultados, más de la mitad de las personas buscan para su entretenimiento un libro una vez a la semana; el 45 % restante prefiere la televisión. Y esto se empeora en las clases económicas menos pudientes.

La encuesta de hábitos de lectura fue realizada a 1.500 adultos, que indicaron que en promedio, el grupo socioeconómico más alto, el 62 % lee diaria o semanalmente, en comparación con el 42 % que no lo nace casi nunca. La agencia encargada de tal estudio determinó que “la cultura lectora divide a Gran Bretaña, y  es una barrera para la movilidad social“.

En general, casi una quinta parte de los adultos encuestados dijeron que casi nunca leen libros físicos en absoluto, y 56 % dijeron que creen que la Internet y las computadoras reemplazarán a los libros en los próximos 20 años. Esta cifra se eleva al 64 % entre los participantes de 18 y 30 años de edad.

Veintisiete por ciento de los encuestados dijeron que preferían la Internet y medios sociales de comunicación a la lectura de libros, esto aumenta en proporción de 56 % para los encuestados de 18 a 30 años de edad.

Menos libros, menos edad, de qué depende

El estudio indicó también  los vínculos que hay entre privación económica y no leer libros, aquellos que indicaron no haber leído casi nunca, viven en las zonas más desfavorecidas. Esto se traslada directamente a los niños.

Los adultos del estudio que menos  leen,  viven en  pobreza,  la mayoría de ellos son varones de menos de 30 años, que además también presentaron menores niveles de cualificación en rubros como la felicidad y la satisfacción en sus vidas.

Uno de los encuestados, un hombre dentro del grupo de los 30 a 44 años, dijo a los investigadores: “Nuestro ingreso apenas nos permite pagar la electricidad, nos deja algo para que podamos comprar DVDs  y ver la televisión en vez de leer libros que no sirven para nada”. Lo que parece repetirse en los grupos de menor edad; las personas más jóvenes de zonas menos favorecidas no leen libros y prefieren la televisión.

Aunque la mayoría de los que leen regularmente dijeron a los investigadores que la lectura mejora su vida, este argumento fue más pronunciado entre los grupos socio-económicos altos, el 85 % de ellos  dijeron que la lectura les ayuda a “sentirse bien”.

La investigación muestra un vínculo significativo entre los hábitos de lectura de una familia y la actitud futura de sus niños con respecto a la lectura, el 89 % de los encuestados indicaron leer con regularidad a sus propios hijos.

Parece que el amor por los libros es uno de los mejores regalos que se pueden heredad a los hijos, pero lamentablemente se está perdiendo.

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