• Sábado 21 de abril de 2018


Octavio Paz un gran universitario

Octavio Paz un gran universitario

De San Ildefonso a Premio Nobel

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Autor: Lizeth Ogazón

Hablar de Octavio Paz es recordar al joven estudiante que “abordaba todos los días el tranvía en la terminal de Mixcoac para arribar a la entonces Escuela Nacional Preparatoria en San Ildefonso” trayecto que aprovechaba para devorar aquellos libros que había tomado “de la basta biblioteca de su abuelo Ireneo”.

Reflexionar sobre política, filosofía, pero, particularmente, sobre la poesía, eran algunos de los pasatiempos que en aquel entonces tenía Paz.

Compañeros de aulas, aseguraban que “en su cuaderno llevaba un puñado de poemas garabateados, que al llegar leería entusiasmado”.

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Octavio Paz Lozano, nació en la Ciudad de México, el 31 de marzo de 1914 fue un poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano.

Además obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1990 y es considerado uno de los más influyentes escritores del siglo XX así como uno de los más grandes poetas hispanos de todos los tiempos.

En su juventud, Octavio Paz “le agradaba recorrer los largos corredores, los patios espaciosos y las columnas airosas de San Ildefonso, y admirar los frescos de Jean Charlot, de Fermín Revueltas, de Diego Rivera y de José Clemente Orozco”, acerca de los que tanto escribiría más tarde.

En ese entonces la Escuela Nacional Preparatoria, recién obtenida la autonomía de la Universidad, contaba con una planta docente excepcional: Pedro Argüelles, Alejandro Gómez Arias, Antonio Díaz Soto y Gama, Samuel Ramos, José Gorostiza, entre muchos otros.

Sin embargo, de entre todas las clases, el joven Paz sentía especial predilección por la de literatura hispanoamericana, que impartía Carlos Pellicer con una voz “como venida de ultratumba”, decía Paz. Años más tarde, recordaría que los de Pellicer fueron los primeros poemas modernos que escuchó en su vida, y subrayaba especialmente aquello de “modernos”.

Para ese entonces, la Escuela Nacional Preparatoria, y en sí toda la Universidad Nacional, era mucho más que una escuela: era un modo de vida y un modelo a escala de las contradicciones, inquietudes y esperanzas del México moderno.

Paz recordó siempre con afecto su estancia en San Ildefonso: “Esos años fueron el comienzo de algo que todavía no termina: encontrar la razón de esas continuas agitaciones que llamamos historia.”

En efecto: en este ambiente proteico, Octavio Paz se siente llamado a ser poeta, pero sobre todo encuentra la conciencia de la universalidad del hombre moderno, ya que en ese entonces los jóvenes constituían la primera generación mexicana que vivía la historia del mundo como algo propio.

Así lo reconoció el propio Paz: “Mi generación fue la primera que, en México, vivió como propia la historia del mundo.”

Al mismo tiempo que publica su primer poema, a los diecisiete años, participa en debates y grupos de discusión política donde nace su pasión crítica, que nunca lo abandonará, y sobre todo lee ávidamente lo que publica la revista Contemporáneos.

Octavio Paz realizó sus estudios en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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Varios años más tarde, Paz participaría en “Poesía en Voz Alta”, que fue una propuesta fresca para reunir a memorables artistas talentosos como Héctor Mendoza, Leonora Carrington, Juan José Arreola, Juan Soriano, entre otros.

En el Teatro El Caballito, y promovido por la UNAM, el programa de “Poesía en Voz Alta” significó un parteaguas no sólo para el teatro, sino para la cultura mexicana en el siglo xx.

“Allí, Paz estrenó su obra La hija de Rapaccini, cuyo papel protagónico lo hacía nada menos que el gran escritor Juan José Arreola.”

“Para la Universidad Nacional es un verdadero privilegio haber contribuido a la formación del primer escritor mexicano galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Las generaciones de la literatura mexicana del nuevo siglo continúan nutriéndose con la lectura de su obra” aseguró el ex rector de la Máxima Casa de Estudios, Juan Ramón De la Fuente en un texto dedicado al autor del Laberinto de la soledad.

En las aulas de la UNAM se siguen y seguirán estudiando su poesía y sus ideas sobre el papel del intelectual en el mundo moderno.

La Fundación es una organización establecida en favor de las causas y objetivos de la Universidad Nacional Autónoma de México y para fortalecer su imagen como nuestra Máxima Casa de Estudios, tanto en México como en el extranjero.

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