• Domingo 15 de septiembre de 2019


David Kershenobich Stalnikowitz

David Kershenobich Stalnikowitz

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La esencia de la educación en Medicina en la UNAM va sin embargo más allá de lo biológico y nos abre horizontes amplios...

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Immanuel Kant, filósofo prusiano, propuso al hombre ilustrado: “Ten valor para servirte de tu inteligencia”. A eso contribuye la UNAM, a crear un espacio que permite expresar sensaciones   e ideas; lo hace propiciando una libertad que genera respuestas individuales y grupales. Estas premisas se han hecho presentes en distintas épocas de la Universidad y adquieren en la actualidad un valor especial ante las vertiginosas e importantes transformaciones que vivimos y que requieren una visión de futuro.

Al entrar a la preparatoria en Tampico, me planteé por primera vez el deseo de ir a la UNAM   para cursar una carrera profesional. Tenía anhelos dispersos, por unos meses dudé entre Medicina y Leyes, ambas permitían un contacto humano directo. Tuve ocasión de visitar el Hospital Civil de Tampico y al cabo de unos meses me decidí por Medicina; había algo    intangible en ese entonces y que con el tiempo comprendí que es la magia del contacto con las personas y el explorar el significado de la vida. Había escuchado que la UNAM ofrecía la mejor opción y, por tanto, decidí ir ahí. Hoy, que han transcurrido varias décadas, estoy convencido de que fue una decisión que valió la pena, que definió mi práctica profesional y marcó mi vida.

Viajé de Tampico a la Ciudad de México, con mucha ilusión, pero sin claridad de lo que implicaba. Desconocía por completo la teoría y el proceso del pensamiento. Grande fue mi sorpresa cuando, al tomar la primera clase de Anatomía, me enteré que tenía que aprender de memoria 20 páginas diarias de esa materia. Las estudié durante largas noches. Estaba  decidido a hacerlo y fue una empresa que acometí con voluntad y esfuerzo.

Años después de haber obtenido mi título tuve una invitación a escribir una de las 100 cartas dirigidas a los estudiantes de Medicina, que organizó la Facultad. Ahí llamaba yo la atención de los futuros médicos a no conformarse con estudiar en los libros y les aconsejaba que desde estudiantes se abocaran a leer artículos en revistas de Medicina de la más alta calidad. Esto complementa y permite entender mejor el contenido del libro de texto; citar y cotejar el conocimiento; es una forma de ir desarrollando el juicio y la intuición, y de fomentar lo que Kant decía: “Servirte de tu inteligencia”. Este consejo me ha acompañado a lo largo de mi vida profesional.

La esencia de la educación en Medicina en la UNAM va sin embargo más allá de lo biológico, y nos abre horizontes amplios que involucran aspectos culturales y de intercambio social que son básicos en la formación de un médico. Estos aspectos son pieza fundamental en una  universidad pública como la UNAM, que es diversa, cuyos espacios no están cerrados en sí mismos y siempre hay canales que la comunican con el exterior. A partir de mi graduación, y hasta la fecha, la UNAM ha sido cimiento importante de mis actividades. Así fue, por ejemplo, cuando hice la residencia en Medicina Interna y Gastroenterología en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, e incluso cuando tuve oportunidad de viajar al extranjero y cursar una especialización y doctorado en Londres. La UNAM contribuyó a mi desarrollo como médico, fue pieza clave para pasar de ese periodo formativo al momento en  que el médico se asoma a la práctica clínica, me enseñó a escudriñar la enfermedad, a desarrollar la capacidad de dudar y de valorar los dilemas humanos fundamentales que se presentan en cada paciente.

Pronto aprendí otro concepto básico de la UNAM: que la educación médica ocurre en forma tutorial y es la base del sistema de educación de posgrado de la Universidad. Tuve grandes maestros, universitarios que continuaron formándome aún después de haber terminado la licenciatura. Con su sistema de enseñanza, la UNAM me dio la oportunidad de convertirme en profesor y contribuir de alguna manera a la orientación y conducción de jóvenes alumnos.

Aprendí, y he enseñado, la importancia de la educación médica continua como forma de vida profesional, de expresar nuestras propias opiniones y participar en la confrontación de ideas con pares en forma original. La UNAM también me enseñó la importancia de la investigación y la noción y el valor de publicar las contribuciones científicas que uno realiza. Es así como comprendí que la formación integral de un médico incluye capacidades clínicas, académicas y de investigación. Estos conceptos son una de las mayores virtudes de la Universidad en la formación de profesionales. Aprendizaje, amor y respeto a la profesión, compromiso de servir a los pacientes en sus momentos de mayor fragilidad, buscando ante todo la restitución de su estado de salud y tratando de prevenir las enfermedades. La UNAM propició en mí un claro y profundo interés en la salud global del país. Es indispensable fomentar la capacidad de  investigar en forma autónoma, original y pertinente, para ello la UNAM busca desarrollar líderes  y cuadros técnicos confiables, es una manera de contribuir a la equidad social.

La vida está llena de momentos significativos, nos marca la época, la historia familiar y el ambiente en que vivimos. Uno de esos momentos, quizás uno de los más relevantes para mí,  fue cuando el Dr. Juan Ramón de la Fuente me invitó a presentar mi candidatura para ser Miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM; experiencia prima en mi vida que me permitió conocer las entrañas de la Universidad, convivir con pares de otras profesiones en un ambiente intelectual y de gran responsabilidad. La Junta de Gobierno es una muestra de respeto intelectual por la inteligencia y la pasión que ahí despliegan sus miembros. Las sorpresas no pararon ahí; recuerdo con júbilo cuando el Dr. José Narro me habló para informarme que se me otorgaría el Doctorado honoris causa de la UNAM, honor que compartiría con otros distinguidos personajes entre los que destaco al mismo Juan Ramón de la Fuente y a Olbeth Hansberg,  quien había sido una de mis compañeras en la Junta de Gobierno. Hechos generosos, de gran amabilidad, que agradezco infinitamente, que me llenan de emoción, orgullo y responsabilidad tanto con la Institución, como con otros profesionistas, con mis pacientes y con el país. Con vehemencia puedo referirme al ambiente que la UNAM propicia para el establecimiento de   lazos de amistad que le dan valor a nuestra cotidianidad.

Todo lo que hasta ahora he descrito ejemplifica a una gran Institución que acompaña a un estudiante a lo largo de distintas etapas de su carrera profesional; experiencia que   seguramente comparten muchos otros que han pasado por ella, que se han beneficiado y han podido apreciar y disfrutar el ambiente estimulante, libre y original de ideas que ahí se respira. Este ambiente es lo que permite a muchos avanzar juntos en la construcción del conocimiento. El tamaño de la Universidad y la diversidad de sus actividades se complementa y enriquece además por la actividad de la Fundación UNAM, organización establecida en favor de las  causas y objetivos de la Universidad Nacional Autónoma de México para la apreciación de la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. Destaca en particular el apoyo a jóvenes mexicanos estudiantes que tienen buen desempeño escolar para la realización de sus estudios superiores, lo que significa una forma de contribuir a la continuidad de sus estudios y fortalecer el talento. La Fundación es un espacio ideal para involucrar a todos los que se identifican con  los proyectos de la Universidad que incluye exalumnos, trabajadores de la UNAM y población  en general que encuentran una forma de expresar su sentimiento de confianza y de apoyo a la Institución y de crear oportunidades de desarrollo y maneras de fomentar el liderazgo.

Sin lugar a dudas, el viaje por la UNAM marca vidas que se van entretejiendo con la historia de nuestro país y su sistema educativo. Hay en ella un afecto que se convierte en compromiso por  lo que nos rodea diariamente. La UNAM finca su éxito en su trabajo, sus equilibrios, su   sabiduría para distinguir lo esencial y lo accesorio, su pluralidad y la coexistencia de distintas personalidades y tendencias. Por todo ello, la UNAM es una de las instituciones más    respetadas en el país, que contribuye, a través de su sistema educativo, a la formación de recursos humanos y enriquece cotidianamente el conocimiento científico y la cultura. Para ello,  la UNAM tiene una dinámica particular que le da coherencia y consistencia a su historia,  fortaleza y perdurabilidad. Destaco el concepto de autonomía y compromiso con la Nación. “Por mi raza hablará el espíritu”.

Director General del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

La Fundación es una organización establecida en favor de las causas y objetivos de la Universidad Nacional Autónoma de México y para fortalecer su imagen como nuestra Máxima Casa de Estudios, tanto en México como en el extranjero.

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