• Martes 25 de junio de 2019


Francisco Mendoza Torres

Francisco Mendoza Torres

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UNAM, esfuerzo y gloria

Desde antes de ingresar a la UNAM sabes que no va a ser fácil pero que es gratificante ser egresado de ella. En mi caso, como persona de provincia, yo veía a la Universidad Nacional Autónoma de México casi imposible de alcanzar; porque varios conocidos, buenos estudiantes, no habían podido ingresar; porque compites junto a todos los aspirantes de diferentes países y de otras regiones de México por un lugar en la Máxima Casa de Estudios. Sin embargo, los valores, calidad y calidez de mis profesores y de las personas egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México han sido un ejemplo y motivación. Además, muchos personajes con gran relevancia social son egresados de la UNAM.

El requisito para ingresar a la maestría en Ciencias de la Tierra era aprobar tres de cuatro materias: Geología, Matemáticas, Física y Química. Una de ellas fue Química. Como físico teórico, yo quería deducir matemáticamente cada procedimiento químico. No es así. Desde allí me di cuenta de que la UNAM expandiría mi forma de pensar, de abordar los problemas y mi forma de esforzarme. Fueron seis meses de preparación, seis meses combinando trabajo y estudio. Luego, los exámenes de admisión en un auditorio lleno, muchos de los presentes con perfil más afín a las geociencias que el mío: geofísicos y geólogos. Llegó el e-mail con los resultados: ¡Aceptado! Me voy a estudiar a la Ciudad de México, tengo un lugar en Ciudad Universitaria. Fue una alegría compartida con mis familiares y amigos.

Comenzamos clases, alumnos de toda la República Mexicana, algunos del extranjero. Muchas materias de Ciencias de la Tierra, nuevos paradigmas de aprendizaje. Los profesores, expertos de talla internacional, no dudaban en exigirnos más allá de nuestros límites, lo cual fomentaba   el trabajo en equipo. Equipo, luego amigos.

Durante la maestría, una amiga de clases me presentó a una muchacha que me gustó. Al poco tiempo le pedí que fuera mi novia, pero con una condición: no podría verla más de dos veces a  la semana porque yo estaba muy ocupado cumpliendo mis requerimientos de la UNAM y no me quedaba mucho tiempo libre. Posteriormente, durante un periodo de exámenes y proyectos finales, le solicité que me ayudara en una digitalización manual de unas gráficas. Ella accedió a tal tarea, aunque completamente ajena a sus actividades y formación universitaria. Poco  después de un año, antes de terminar la maestría, ya quería verla todos los días: nos casamos. Si yo no hubiera estudiado en la UNAM, no hubiera conocido a este ángel.

Terminé la maestría con el científico más humano y reconocido por su trayectoria en estudios sobre el cráter Chixulub. Trabajé un par de años en un proyecto de investigación con uno de mis exprofesores, también líder en su área. Mi esposa a mi lado. ¿Qué sigue? ¿Hijos?

¿Doctorado? El tiempo apremia. Hagamos hijos y doctorado. ¿Donde? En la UNAM, el doctorado, por supuesto. No es una decisión fácil, ya que no se vive con las mismas comodidades como estudiante que cuando se trabaja, porque sabes el esfuerzo requerido para desarrollar un proyecto de investigación que produzca artículos científicos de talla internacional, ya que son requisitos del posgrado; y porque hay que dar más cuidado a la pareja durante el embarazo y disfrutarlo.

Esta decisión fue la mejor. Tuve la oportunidad de volar a San Francisco a presentar los resultados del proyecto de investigación. Nos embarazamos. Pudimos disfrutar de esta etapa porque mi proyecto de investigación me permitía trabajar desde casa, el tema era teórico- computacional. Posteriormente, tuvimos a nuestro bebé. Lo disfruté plenamente durante sus primeros años de vida. Es una gran felicidad poder cargar a tu bebé durante la titulación del doctorado. Mi bebé ya es Puma.

La UNAM es como una catapulta, pero en el buen sentido, te prepara a volar, en mi caso, literalmente, porque pude ir a un congreso internacional y actualmente hacer el postdoctorado   en los Estados Unidos; tensa tus elásticos, te hace esforzarte para que seas internacionalmente competente; te libera y llegas a destinos nunca vistos, pero siempre visualizados o soñados. La UNAM es para los que quieren volar y están dispuestos a sudar. Sobre todo, es una catapulta para la sociedad, los resultados científicos son para el bien de ella. Sus profesionales llevan a una ciudad más humana, más preparada para desempeñar su trabajo con ética y profesionalismo.

Recientemente, la Fundación UNAM, junto con el grupo BAL, premiaron la aportación de mi tesis doctoral en el área de Ciencias de la Tierra. Gracias Fundación UNAM por tal galardón y gracias por el arduo trabajo de dar difusión a los temas más recientes en la investigación en forma accesible al público en general. Por sus grandes logros al establecer enlaces con la industria y con los exalumnos. Por su limpia labor al administrar y suministrar las aportaciones económicas que exalumnos y amigos de la UNAM proporcionan. Por su loable labor al apoyar económicamente a los alumnos. Gracias Fundación UNAM por la comunidad que mantienes. Esto es lo que ha traído la UNAM a mi vida. Estoy volando. Gracias UNAM, gracias Fundación UNAM.

1er. lugar Doctorado. Premio BAL-UNAM Ciencias de la Tierra 2017

 

La Fundación es una organización establecida en favor de las causas y objetivos de la Universidad Nacional Autónoma de México y para fortalecer su imagen como nuestra Máxima Casa de Estudios, tanto en México como en el extranjero.

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