• Miércoles 24 de enero de 2018


Estrés: ¿qué pasa si es excesivo?

Estrés: ¿qué pasa si es excesivo?

Nuestro organismo tiene capacidad para hacerle frente. Pero hay límites.

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El estrés no es necesariamente malo. De hecho, se trata de una capacidad de respuesta del organismo a eventos inusuales y a nuevas circunstancias.

Por ejemplo, cuando percibimos un peligro, se enciende en nuestro organismo una serie de señales químicas con el propósito de enfrentar la posible decisión de “luchar o huir”.

Jorge Álvarez Martínez, jefe del Programa de Intervención en Crisis a Víctimas de Desastres Naturales y Sociorganizativos de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que todos presentamos estrés después de un evento como un asalto, un sismo u otro tipo de desastre y aunque el comportamiento se ve afectado, es pasajero y momentáneo.

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En general, existen diversos tipos de estrés. Uno de ellos es el agudo.

Éste es la respuesta inmediata y normal del organismo a una situación de peligro, la cual se inicia con la activación de circuitos neuronales que están alrededor de la amígdala, la parte más primitiva de nuestro cerebro.

Otro, es el estrés crónico, donde el organismo pasa de la fase de resistencia a la de agotamiento, en la que su energía va disminuyendo y comienza a ser difícil mantener el funcionamiento normal.

El estrés crónico también puede desencadenar un fenómeno denominado burnout (en inglés: agotamiento o desgaste).

María Eloísa Dickinson, epidemióloga del Departamento de Medicina Familiar de la Facultad de Medicina de la UNAM, refiere que el burnout tiene tres síntomas: despersonalización, cansancio emocional y la sensación de ausencia de logros personales.

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Dickinson explica que una vez desencadenado el síndrome, las personas no suelen darse cuenta y difícilmente acuden al médico.

Otra clase de estrés es el postraumático, el cual es el estado emocional resultado de eventos traumáticos que para el individuo represente (o entienda) como una amenaza para su vida o integridad.

Quienes lo sufren corren un elevado riesgo de comportamientos dañinos, como abuso del alcohol o drogas; así como trastornos de la alimentación.

La doctora Dickinson, menciona que el estrés, al ser una respuesta individual a situaciones externas, cada persona lo vive de diferente manera. Es decir, una misma situación que para alguien puede ser estresante, para otra no necesariamente lo es.

En la década de los setenta, psicólogos  nombraron “resiliencia” a la capacidad de “salir adelante”.  Y aunque algunos investigadores piensan que se trata de un rasgo generalizado entre los humanos, otros afirman que es un proceso que puede aprenderse.

En este sentido, la especialista explica que si bien,  hay herramientas personales que pueden ser suficientes, lo más importante es buscar ayuda profesional.

Fuente: ¿Cómo ves?

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