• Miércoles 17 de octubre de 2018


Hígado, más allá de la bilis

Hígado, más allá de la bilis

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El hígado es el órgano glandular más grande del cuerpo; representa del 2 al 5% del peso corporal. Se localiza en el lado derecho de la cavidad abdominal justo debajo del diafragma y está constituido por lóbulos de tamaño y forma distinta.

Entre los principales detonadores de las enfermedades hepáticas está el alcoholismo y la obesidad, además de algunas infecciones virales.

Si el virus de la hepatitis A, B o C se replica por un largo tiempo en el organismo, es decir, en forma crónica, puede dañar la estructura normal del tejido del hígado, dando lugar al desarrollo de fibrosis y subsecuentemente de cirrosis e incluso cáncer. Lo mismo puede ocurrir cuando se consume alcohol en exceso durante periodos prolongados o cuando se acumula grasa en el hígado, en ocasiones como consecuencia de la obesidad.

Nuestro hígado tiene una enorme capacidad de reserva y de regeneración, por lo tanto, cuando sufre un daño moderado, su estructura y función pueden recuperarse a través de sus propios mecanismos de regeneración. En cambio, cuando el daño es persistente, extenso y severo, la destrucción paulatina de las células hepáticas, así como la acumulación de tejido fibroso, provocan que su estructura y función se alteren irreversiblemente.

La investigadora Victoria Chagoya, del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encontró hace más de 20 años que una sustancia llamada adenosina puede recuperar la función hepática aún cuando ya se encuentra deteriorada por la cirrosis. El hallazgo trascendió en la creación de un fármaco que mostró efectividad en pacientes mexicanos. Por desgracia, la producción masiva y comercial aún no se da.

El hígado también desempeña muchas funciones importantes: sintetiza proteínas, como la albúmina, la cual permite transportar por la sangre varias sustancias; elabora grandes cantidades de fosfolípidos, utilizados por las células para construir sus membranas; almacena glucosa en forma de glucógeno, el cual funciona como una reserva de combustible; y actúa como un almacén de vitaminas. En el hígado también se produce la bilis, la cual pasa a través de los conductos biliares hacia la vesícula y de ahí hacia el intestino donde facilita la absorción de la grasa contenida en los alimentos. Además, neutraliza y elimina sustancias tóxicas absorbidas, que pueden provenir de los alimentos, bebidas y medicamentos que ingerimos.

Fuente: UNAMirada a la Ciencia

Investigación | Xavier Criou

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