• Miércoles 17 de octubre de 2018


Mal de ojos

Mal de ojos

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Desde el punto de vista anatómico, nuestros ojos son la puerta de acceso a un universo de imágenes. Desde el ámbito emocional, aparecen como puertas hacia la profundidad del ser y del sentir. El poeta Miguel de Unamuno lo describe así:

“hay ojos que miran, ojos que sueñan; hay ojos que llaman, hay ojos que esperan; hay ojos que ríen, risa placentera; hay ojos que lloran, con llanto de pena; unos hacia adentro, otros hacia fuera…”

Hacia adentro, la anatomía ocular nos revela mecanismos complejos. La retina, ubicada en la parte posterior interna del ojo, contiene en sus capas distintos tipos de neuronas fotorreceptoras, unas células nerviosas que captan y responden a la luz: las llamadas bastones sirven para la visión cuando hay poca luz y los conos para ver los colores y en condiciones de mucha iluminación.

Las señales luminosas son moduladas por las células amacrinas y bipolares, las cuales perfeccionan el estímulo y perfecciona una mejor imagen.

Las células ganglionares son otra clase de neuronas de la retina que llevan el estímulo nervioso a través de sus axones, unas ramificaciones que forman el nervio óptico; por donde viaja la información del ojo hacia la región cerebral encargada de formar las imágenes. Además, algunas células ganglionares están involucradas en mecanismos no visuales, como la transmisión de información lumínica a través de sus axones que indican al cerebro los cambios de luz-oscuridad para regular algunas funciones del organismo.

Las células ganglionares siguen en investigación y esperanza para quienes padecen ciertos tipos de ceguera. El doctor argentino Mario Guido, de la Universidad Nacional de Córdoba, utiliza pollos nacidos con una anomalía en la retina que imita la pérdida de la visión ocasionada por la amaurosis congénita de Leber.

Se trata de una enfermedad genética que daña a los fotorreceptores de la retina (bastones y conos) provocando ceguera total. Pertenece al grupo de las llamadas distrofias retinianas y suele presentarse antes del primer año de vida.

El doctor Guido demostró, con registros eléctricos de la retina y muestras de tejido de los pollos carentes de visión, que a pesar de la falta de estimulación de los conos y bastones, algunas de las células ganglionares conservan su capacidad de absorber la luz.

Se sabe que la falta de estimulación de los conos y bastones deteriora a las demás células de la retina, sin embargo, en pacientes que por muchos años han vivido con amaurosis de Leber se ha detectado que aún cuando las células de la visión han dejado de funcionar totalmente, las demás capas de la retina, incluidas algunas células ganglionares, están sin afectación.

Estas células todavía funcionales podrían usarse para reemplazar a través de ellas el gen dañado causante de la ceguera de Leber, por ejemplo.

Otra esperanza es la inserción de un chip de celdillas fotosensibles que actúan como los conos y bastones. La idea es estimular al resto de las células de la retina, incluyendo a las ganglionares. Esta línea de investigación se denomina retina artificial y da una esperanza prometedora, sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer y está lejos de ser una opción para todos los afectados por alguna distrofia retiniana.

 

Fuente: UNAMirada a la Ciencia

Investigación | Xavier Criou

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