• Miércoles 24 de abril de 2019


Medicamentos que nos dejan sordos

Medicamentos que nos dejan sordos

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En la batalla contra la tuberculosis hay un perdedor. Se trata del sentido del oído.

Desde hace tiempo se sabe de los efectos indeseables de los aminoglucósidos, unos fármacos con acción bactericida. Inclusive varios países han seguido las normas internacionales que restringen el uso médico.

La investigadora Graciela Meza, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, expresa sin dudar:

“los enfermos de tuberculosis se quedan sordos por un tratamiento inadecuado.”

El tono de voz de la doctora Meza se torna fuerte y crítico:

“¡No me explico por qué en México a pesar del conocimiento de que los aminoglucósidos son tóxicos para el oído, y algunos para el riñón, se siguen recetando a los pacientes cuando existe un tratamiento alternativo igual de efectivo!”

La historia de los aminoglucósidos comenzó en los años cuarenta, cuando científicos de Estados Unidos obtuvieron la estreptomicina a partir de un microorganismo llamado Streptomyces griseus.

Dichos fármacos muestran eficacia contra diferentes infecciones, pero al acabar con los microorganismos causantes de enfermedad también destruyen las células del oído.

En su laboratorio del Instituto de Fisiología Celular, la doctora Graciela Meza ha identificado los mecanismos moleculares del daño en el órgano de la audición por la estreptomicina, un aminoglucósido que ataca a la bacteria causante de la tuberculosis.

Nuestro oído es un órgano muy particular, pues se encuentra escondido dentro del hueso temporal, uno de los huesos del cráneo. Tales condiciones permiten el paso de los aminoglucósidos que se encuentran en la sangre hacia el oído, además favorecen que se acumulen y tarden mucho tiempo en degradarse. De hecho, la estreptomicina se queda toda la vida dentro del oído destruyendo sus células continuamente.”

La doctora Meza subraya que las células del sistema auditivo son escasas, aproximadamente 20 mil (en el cerebro hay miles de millones), lo cual dificulta la reposición de aquellas que mueren por alguna lesión.

“La estreptomicina primero ataca las células del sistema vestibular que tiene que ver con el equilibrio, la postura y nuestra capacidad de caminar en la oscuridad.”

Las personas presentan mareos, dificultad para caminar y visión borrosa; después entran al mundo del silencio.

“Hay casos notables de pacientes que se quedan sordos en unos cuantos días. Se han hecho investigaciones en diferentes grupos raciales y se ha observado que el origen es una mutación en el ácido desoxirribonucleico (ADN) de las mitocondrias que se encuentran en el interior de la célula. La mitocondria es la fábrica de energía de la célula. Entonces las células del oído mueren debido a que el antibiótico destruye sus mitocondrias.”

Esta mutación en el ADN mitocondrial está relacionada con la hipersensibilidad a los aminoglucósidos. Se ha detectado en poblaciones orientales, españolas y árabes.

Los investigadores dirigidos por la doctora Meza analizaron el ADN mitocondrial de pacientes mexicanos que habían sido tratados con aminoglucósidos. En un individuo del Distrito Federal ubicaron una mutación que no había sido descrita en la literatura científica. La relevancia del hallazgo es que sirve como pauta para prevenir la destrucción de las células del oído por la estreptomicina y fármacos parecidos, que además se venden sin receta médica en nuestro país.

“Podemos detectar la mutación mediante una prueba muy sencilla, utilizando una muestra de sangre del enfermo que va a ser tratado con aminoglucósidos. De esta forma podemos decir que se debe emplear un medicamento alternativo para su padecimiento.”

Sin ocultar su preocupación, la investigadora Graciela Meza advierte que el tratamiento contra la tuberculosis a base de aminoglucósidos consiste en una ampolleta diaria, durante seis meses y hasta un año.

“Por ser prolongado deriva en la destrucción completa del oído.”

Su propuesta es que los médicos tomen en cuenta el tratamiento alternativo recomendado mundialmente, aunque sea más caro que los aminoglucósidos.

Fuente: UNAMirada a la Ciencia

Investigación | Xavier Criou

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