• Miércoles 14 de noviembre de 2018


Mitos y realidades sobre nutrición

Mitos y realidades sobre nutrición

Quizá eso que comes no sea tan sano… o quizá sí

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A lo largo de nuestras vidas hemos escuchado muchas cosas sobre nutrición y por ello hemos crecido creyendo fehacientemente que son verdad. Pero no toda la información que recibimos es necesariamente cierta y no siempre los consejos o remedios de nuestras abuelitas funcionan más. Aquí te presentamos algunos mitos nutricionales que hoy sabemos no son ciertos y que lejos de ser sanos pueden causarnos daño.

  1. El huevo incrementa el colesterol y es malo para la salud. Se le ha adjudicado una pésima reputación al huevo al considerarlo causante de provocar altos niveles de colesterol. Hoy sabemos que hay dos tipos de colesterol, uno bueno y uno malo y que los huevos contribuyen a elevar el nivel del bueno. Además son una excelente fuente de proteína, e ingeridos en la mañana ayudan a combatir el sobrepeso.
  2. Las grasas son el principal enemigo del corazón. Este es otro grupo alimenticio que ha recibido muy mala publicidad desde hace algunas décadas, cuando se estableció que su ingesta era nociva para la salud. Pero lo que no se dijo es que no todas las grasas son iguales, pues no se puede comparar a las parcialmente hidrogenadas con las saturadas. Éstas últimas, presentes en alimentos como el aguacate, aceite de coco, nueces o carne, son totalmente benéficas pues no solo elevan el colesterol bueno en sangre sino que también generan una sensación mayor de saciedad y logran que las conexiones neuronales se establezcan de forma más exitosa.

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  1. Debemos comer cereales. Al menos en la cultura occidental no podemos concebir la dieta sin cereales y nos parece sumamente extraño que algunas personas decidan excluirlos de su dieta. Pero en realidad los cereales son nutricionalmente hablando bastante deficientes en comparación con las proteínas y las grasas. Los carbohidratos que los componen no son de una buena calidad. Además el trigo que se utiliza actualmente para elaborar los cereales está tan refinado que contiene mucho gluten, proteína a la cual un gran segmento de la población presenta sensibilidad, lo cual provoca malestares. Lo ideal es que los cereales no ocupen una parte significativa de nuestro plato, sino que sean un complemento y no diario.
  2. La proteína puede dañar nuestros riñones y huesos. Se ha afirmado que las dietas altas en proteína provocan osteoporosis y daños al riñón debido a que aumentan la eliminación de calcio en los huesos a corto plazo. Pero estudios más exhaustivos han demostrado que no hay vínculo entre las dietas altas en proteína y las enfermedades renales en personas sanas. Por otro lado, la proteína magra aumenta la masa muscular y en combinación con una rutina de ejercicio puede generar cambios significativos en la apariencia física de un individuo así como en su peso, presión arterial e incluso síntomas de diabetes.
  3. Hay que consumir alimentos bajos en grasa. Cuando a los alimentos se les quita toda la grasa pierden su sabor, por lo cual los fabricantes de alimentos deben agregar otros aditivos para compensar esa falta de sabor. Usualmente esos aditivos son artificiales, suelen ser muy nocivos para la salud y aumentan el nivel de azúcar en la sangre, dificultando así la pérdida de peso, además de provocar síndrome metabólico, enfermedades del corazón, parto prematuro y depresión. Es mucho mejor consumir grasas buenas y no en exceso que estos productos que ostentan estar libres de grasa.

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  1. Los carbohidratos deben ser nuestra mayor fuente de calorías. Nada es más falso que esto, pues consumir en exceso carbohidratos solo provocará que ganemos peso. Lo ideal es tener en el plato presentes a los tres grupos alimenticios (carbohidratos, grasas y proteínas) pero de forma balanceada. Existen dos tipos de hidratos de carbono: los azúcares simples y los complejos; hay que procurar consumir los complejos y la fibra y evitar los refinados.
  2. Debemos consumir aceites vegetales. Los aceites poliinsaturados vegetales son ricos en ácidos grasos, pero no todos son iguales. Es importante buscar aquellos que tienen ácidos grasos Omega-3 pues tienen un efecto antiinflamatorio y disminuyen el riesgo de padecer muchas enfermedades. Hay que reducir el consumo de aceites ricos en ácidos grasos Omega-6, pues su efecto es inflamatorio. Lo ideal de acuerdo a las teorías dietéticas más avanzadas es evitar todo tipo de aceites excepto el aceite de coco para cocinar cosas calientes y el aceite de oliva, aguacate, girasol para hacer aderezos o sazonar en frío.
  3. Es mejor comer muchas comidas pequeñas durante el día. No está demostrado que esto traiga beneficios a la salud, sin embargo lo que sí es un hecho es que los ayunos prolongados o el saltarse una comida, lejos de generar beneficios solo provocan que el individuo gane peso. Lo ideal es hacer tres comidas bien balanceadas durante el día (procurando que sean siempre a la misma hora) y comer dos colaciones pequeñas (como una manzana a media mañana o un puñado de almendras por la tarde).

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  1. El azúcar no hace daño, la hemos consumido por siglos. El azúcar no solamente contiene calorías vacías (que solo hacen que ganemos peso sin tener absolutamente ningún valor nutricional) sino que genera otros problemas. Se metaboliza como grasa, generando niveles elevados de triglicéridos y colesterol y causa un impulso incesante por seguir comiendo más con el subsecuente aumento de peso.
  2. Los alimentos que son ricos en grasas causan obesidad. Cuando elegimos bien las grasas, esto no tiene por qué ser así. Por el contrario, a pesar de que la grasa tiene más calorías que los carbohidratos y las proteínas, las dietas altas en grasas no provocan que la gente engorde. Cuando las grasas son buenas (aguacate, nueces, aceite de oliva prensado en frío) provocan que las grasas malas disminuyan en el cuerpo, generando así una pérdida de peso.
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