• Viernes 19 de octubre de 2018


¿Por qué comes lo que comes?

¿Por qué comes lo que comes?

La alimentación en nuestros días

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En el siglo XXI, en todo el mundo, el número de personas con obesidad (alrededor de mil 100 millones) es igual al de habitantes con desnutrición.

El sobrepeso es el problema nutricional más frecuente y costoso, y desde el punto de vista de la salud, la epidemia más grave del siglo XXI, pues no distingue raza, credo, nacionalidad, ni clase social.

Una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, arrojó que en la Ciudad de México, si bien la desnutrición infantil ha disminuido, la obesidad se ha convertido en un problema emergente, en especial entre los adultos mayores.

El mismo estudio reveló que la gran mayoría de las personas ignoran, o tiene conceptos erróneos sobre la relación entre los hábitos de alimentación y el riesgo de padecer  enfermedades como la diabetes, la hipertensión o incluso la propensión al cáncer.

Por que comes 02

De acuerdo con expertos en nutrición, la industria alimentaria moderna es la principal responsable de que hoy se coma en exceso, pues debido a la ley de oferta y demanda, la forma en que promueve sus productos ha cambiado.

Agustín López Munguía, investigador del Instituto de Biotecnología de la UNAM, considera que sus estrategias no siempre están apegadas a la ética, lo que lleva al consumidor a preferir productos que se adapten a las necesidades del actual ritmo de vida.

En comercios como los cines, los dependientes de las dulcerías ofrecen aumentar el tamaño de las palomitas por una pequeña diferencia en su costo. El sentido común impide rechazar la oferta.

Mediante este proceso, las actuales palomitas jumbo serán las más pequeñas del mañana. La juventud de hoy se indignaría si en el cine le ofrecieran bolsas de palomitas como las porciones que se consumían en el pasado.

Por que comes 03

No sólo eso, la comida chatarra ahora es transformada en alimentos convenientemente “enriquecidos” con vitaminas y minerales. Publicitándose incluso, por sustancias que de hecho no contienen.

Es decir, el que la etiqueta diga que un producto no contiene sal, ni colesterol, ni cafeína, ni muchas cosas más, puede sonar muy atractivo. Pero es absurdo, por ejemplo, que se diga que el pan de caja no tiene colesterol, pues nunca lo ha tenido.

Dichas indicaciones erróneas  en las etiquetas conducen, por ejemplo, a que el consumo de vegetales y frutas sea por debajo del recomendado.

Parece obvio, pero la energía requerida para realizar cualquier actividad proviene de los alimentos que ingerimos. El problema de la obesidad puede analizarse de forma simple: “si lo que entra no sale, se acumula”.

En la actualidad, los alimentos son más baratos, pero por ello se está pagando un alto precio. Nos encontramos ante uno de los aspectos más perturbadores de la civilización industrial avanzada: el carácter racional de su irracionalidad.

Gran parte de la solución la tienen los consumidores al decidir lo que ponen en su plato.

Fuente: ¿Cómo ves?

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