• Sábado 20 de enero de 2018


¿Traguito mata neurona?

¿Traguito mata neurona?

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La idea de que el consumo de alcohol trae consigo la muerte de neuronas es un argumento que circula desde hace muchos años. Incluso en el siglo antepasado muchos escritores hablaban de cómo los indigentes tenían retraso mental debido a un consumo indiscriminado de bebidas alcohólicas.

Recientes estudios científicos han demostrado que un consumo moderado de bebidas alcohólicas está asociado con la mejora de habilidades cognitivas (tales como pensar y razonar) así como de la memoria, en adultos, a diferencia de adolescentes y bebés, cuyos cerebros aún en desarrollo son tremendamente vulnerables a los efectos del alcohol.

La Dra. Roberta J. Pentney, investigadora de la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, Estados Unidos descubrió que el alcohol altera la función cerebral en adultos al dañar las dendritas (transmisoras de mensajes), mismas que forman parte de las neuronas en el cerebelo, la estructura que se encarga de la coordinación motora y el aprendizaje. Ello reduce la comunicación entre neuronas, altera su estructura y por eso cuando una persona está bajo los efectos del alcohol le cuesta más trabajo comunicarse eficientemente (o comunicarse del todo).  Pero… ciertamente, no mata a ninguna neurona.

Un estudio realizado por la misma universidad recientemente que examinó los cerebros de personas alcohólicas confirmó lo mismo. El trabajo de investigación fue publicado en la revista científica Neuroscience y mostró que los individuos que desarrollaron el síndrome Wernicke-Korsakoff, un severo desorden que daña la memoria así como las raíces y les provoca una deficiencia de Tiamina (también asociada con el alcoholismo) tenían una notoria baja de densidad en el cerebelo.

 

Sin embargo, también notaron que había una mínima diferencia entre alcohólicos que no desarrollaron este síndrome y sujetos normales, lo cual les hizo pensar que en realidad fue la falta de tiamina la que dañó sus células cerebrales. Otros estudios, como los llevados a cabo posteriormente por el British Medical Journal arrojaron resultados similares.

Pero lo que es un hecho es que sin duda un consumo excesivo de alcohol daña tanto las células como la función cerebral. Tomar alcohol por largos periodos de tiempo puede dañar la conexión entre las células cerebrales y llegar incluso a afectar las funciones corporales. El consumo prolongado por una gran cantidad de tiempo puede provocar atrofia cerebral e incluso una reducción en el tamaño del cerebro, lo cual puede desencadenar una embolia y hasta la aparición de Alzheimer.

Es un hecho que el consumo de alcohol en exceso daña el hígado y ello tiene un efecto indirecto en el cerebro. Cuando el hígado ve comprometida su función, ya no es capaz de limpiar al organismo de toxinas. Como resultado de esto, las toxinas venenosas llegan al cerebro y pueden causar una encefalopatía hepática, misma que daña sin duda a la función cerebral. Ello puede derivar en cambios en la función cognitiva y la personalidad, alteraciones del sueño e inclusive un estado de coma o la muerte.

Así que qué importa si no mata neuronas, cuando en realidad podría estar matando al resto de tu cuerpo. Por ello siempre cuida que tu consumo sea responsable y moderado, pues aunque la gran mayoría de nosotros disfrutamos mucho esa copita, lo cierto es que excederse solo nos traerá consecuencias nefastas.

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