• Viernes 22 de noviembre de 2019


Dormir más activa la hormona del crecimiento

Dormir más activa la hormona del crecimiento

Robarnos sueño es robarnos calidad de vida y salud

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Rafael Santana Miranda, médico responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, en el Hospital General de México, indicó que las vacaciones son un periodo especial y necesario para el crecimiento de los niños.

Explicó que todos hemos escuchado decir: “su hijo creció en estas vacaciones”, y es verdad porque duermen más, no se tienen que levantar temprano y entonces la hormona de crecimiento se libera”.

Santana Miranda hizo un llamado a respetar el sueño de los niños: no es malo que duerman más tiempo en vacaciones, posteriormente se adaptarán de nuevo al horario escolar. “Es una manifestación de su organismo, estamos equivocados al exigirles que vayan contra su naturaleza”.

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Recomendó vigilar que los niños se acuesten temprano, porque no hay medicamento o terapia que logre los efectos que tiene el dormir.

Robarnos sueño es robarnos calidad de vida y salud. No dormir es la base de trastornos metabólicos, cardiovasculares, de bajo rendimiento y falta de crecimiento; incluso, incide a la postre en el abuso de sustancias.

Además, prosiguió, tener el primer lugar global en obesidad infantil tiene que ver directamente con falta de sueño: cuando se duerme poco y mal se activa el área del apetito en el cerebro, con predilección por los carbohidratos.

En edad escolar, la restricción de sueño puede incrementar parasomnias como sonambulismo, terrores nocturnos, despertares confusos y pesadillas.

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Los adolescentes, indicó, suelen tener su ciclo circadiano trastornado, es decir, tienen fase retrasada de sueño porque se acuestan muy tarde, a veces en la madrugada, y se roban horas de descanso por estar atentos al celular.

El sueño es un fenómeno neurológico complejo. Hay cambios en función de  la edad y necesidades diferentes; por ejemplo, los recién nacidos duermen entre 16 y 18 horas; los niños en edad escolar (entre seis y 12 años) deben dormir 10 horas; los adolescentes, nueve; y los adultos ocho horas.

No obstante, aclaró, hay variaciones genéticas, por lo que “no se debe considerar que una persona es más floja sólo porque requiere dormir más”.

Finalmente, el maestro en Rehabilitación Neurológica recomendó que los niños eviten antes de acostarse el consumo de sustancias activadoras como azúcar y chocolate. Si hay una charla con los padres debe hacerse con luz tenue y definitivamente no exponerse al televisor.

Fuente: DGCS de la UNAM 

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