• Sábado 07 de diciembre de 2019


Estructuralmente, el ser humano no es feliz

Estructuralmente, el ser humano no es feliz

Asegura Ricardo Trujillo, de la Facultad de Psicología de la UNAM

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En 2012, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró al 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad “como reconocimiento a la importancia de la felicidad en la vida de las personas de todo el mundo” y porque “la felicidad y el bienestar son objetivos universales”.

Cada año, partir de 2013 la ONU publica su Informe Mundial de la Felicidad, un análisis sobre la felicidad de cada país, en colaboración con Gallup, Inc., una de las instituciones que hace encuestas sobre la felicidad en el mundo.

En el informe de 2018 de la ONU, entre 156 países México apareció en el lugar 24, después de Francia, Malta y la República Checa, pero antes de Chile, Taiwán y Panamá. Según este informe, el país más feliz fue Finlandia, seguido de Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza y Holanda, todos del norte de Europa.

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Por su parte, el Informe Global de las Emociones 2019, de Gallup, entre los países con experiencias positivas, México aparece en el lugar cuatro, sólo detrás de Guatemala y Panamá. En el primer lugar de esta lista está Paraguay como el país más feliz del mundo.

¿Qué es la felicidad?

Para Ricardo Trujillo, de la Facultad de Psicología de la UNAM, satisfacción y felicidad son cosas distintas. Según él, la felicidad es una experiencia que surge de manera espontánea y es efímera, en tanto que la satisfacción es un sentimiento a largo plazo, que se construye a medida que pasa el tiempo a partir de los logros alcanzados para construir el tipo de vida que uno admira.

En El malestar de la cultura, Freud dice que nacemos en un mundo con deseos, necesidades y satisfacciones, y una forma de sentir satisfacción es satisfacer la pulsión; tengo hambre, entonces como, y mi pulsión se satisface, explica el universitario.

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“Pensar que la pura satisfacción de las pulsiones representa la felicidad es ilusorio, dice Freud, porque en el momento en que satisfacemos nuestras pulsiones nos empezamos a angustiar porque ya no tenemos un límite y nos desbordamos, no estamos diseñados para siempre estar satisfechos«, puntualiza Trujillo.

Estructuralmente el ser humano no es feliz, necesita vivir con alguna carencia, gracias a la cual se le permite desear cosas. Pero no es una falta de objetos, es una carencia existencial. Podemos tener todas las cosas del mundo, pero siempre vamos a necesitar algo.

“Y qué bueno que sea así porque gracias a eso podemos desear. Parece que lo que nos hace humanos no es la felicidad, sino justamente lo opuesto, la carencia existencial hace que nos mantengamos constantemente insatisfechos, siempre deseantes”, resalta Trujillo.

Fuente: Gaceta UNAM 

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