• Lunes 09 de diciembre de 2019


Justo Sierra y las primeras impresiones de autonomía

Justo Sierra y las primeras impresiones de autonomía

Un breve repaso por la historia universitaria

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Cuando hablamos del movimiento estudiantil de 1929 que se dio en México no podemos dejar de lado el principal acontecimiento de aquellos años: la autonomía universitaria, pero vale la pena recapitular algunos orígenes de nuestra Universidad.

Sabemos que Justo Sierra, en su momento, expresó la necesidad de abrir una Universidad para festejar el nuevo sistema educativo puesto en marcha en 1867. El emperador Maximiliano en 1860, clausuró la antigua Universidad de México y después de su triunfo, Benito Juárez dio por terminado el asunto cerrándola permanentemente.

No fue sino hasta el 3 de febrero de 1881, que el nacido en Campeche presentó una iniciativa en la Cámara de Diputados, la cual se recupera su el libro Obras Completas, publicado en 1948:

“Una Universidad es un centro en donde se propaga la ciencia, en que se va a crear ciencia; ahora bien, señores diputados, la ciencia es laica, la ciencia no tiene más fin que estudiar fenómenos y llegar a esos fenómenos últimos que se llaman leyes superiores. Si la ciencia es laica, si las universidades se van a consagrar a la adquisición de las verdades científicas, deben ser, por la fuerza misma del término, instituciones laicas”.

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Con algunas modificaciones en el proyecto original y una larga insistencia de Justo Sierra, entonces secretario de Instrucción Pública, en abril de 1910 fue creada por ley la Escuela Nacional de Altos Estudios (El 8 de octubre de 1908 había declarado que antes de fundar la Universidad Nacional era indispensable crear la Escuela de Altos Estudios).

Posterior a esto, en reiteradas ocasiones expuso motivos para dar paso a la iniciativa de ley y crear la Universidad Nacional de México donde defendía la necesidad de su autonomía. Una Universidad y una autonomía que se adecúe a los momentos políticos y sociales que se vivían en aquél entonces, como lo explica en su libro Obras Completas:

“…quizás en un sentido más liberal y en condiciones que se adapten mejor a las exigencias del progreso nacional. Pero por ahora hemos debido adoptar una forma de transición entre una corporación gobernada exclusivamente por el poder público y otra que disfrutara de más amplia autonomía”.

Así, el 18 de junio de 1910, el presidente Porfirio Díaz anuncia el nacimiento de la Universidad Nacional de México quedando integrada por las Escuelas Nacionales Preparatoria, de Jurisprudencia, de Medicina, de Ingeniería, de Bellas Artes y de Altos Estudios.

A pocos meses de su inauguración, ya se alzaba el debate en la Universidad sobre su autonomía. Por un lado estaba Agustín Aragón, un positivista que arremetía contra Justo Sierra por su discurso en la inauguración de la Universidad.

Con varios textos publicados en la Revista Positiva, medio oficial de los positivistas mexicanos, el ingeniero Aragón señalaba que ni en sus poesías ni en sus discursos, ni en sus libros, ni en sus informes oficiales, ha revelado nunca espíritu científico. Mencionaba que la Universidad Nacional era el fruto de una mente que no había alcanzado la última etapa de la evolución, es decir el estado positivista. Calificaba a la Universidad como un retroceso y de traicionar las saludables reformas educativas de 1867.

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Por otro lado estaba Antonio Caso, mismo que salió a la defensa del secretario de Instrucción Pública con diversos textos publicados en Revista de Revistas. El entonces Secretario de la Universidad se mofó en varias ocasiones de Aragón y puntualiza que la apertura de la misma es para espíritus ávidos de libertad, que la estancia educativa debe cerrar sus puertas a todo dogmatismo como, por un lado era el positivismo y por otro el religioso catolicismo.

Sentenció que la escuela debe ir con la razón, con la ciencia, con la historia, con la humanidad, con las realidades eternas y eternamente evolutivas y, para dejar en claro la separación del yugo católico (Caso, 1911 p.15) mencionó: “a Dios gracias, ni catolicismo ni positivismo serán confesados por nuestra educación nacional. La Universidad seguirá por su rumbo de independencia y de libertad inalienables”.

Si bien, podemos entender que la lucha por la autonomía y por la libertad educativa se ha dado con personajes capacitados, defensores de sus ideas y, probablemente con más que la simple energía intelectual. También se ilustra que este ir y venir se ha manifestado desde los inicios de la Universidad Nacional; nos queda claro que no fue únicamente un capítulo en la historia mexicana.

Autor: Fabiola Franco

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