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Fundación UNAM

La otra cara de la UNAM: el Dr. Carlos Arámburo de la Hoz, Coordinador de la Investigación Científica. Segunda parte

¿Qué paso con tus compañeros de la carrera?

Mis compañeros se desarrollaron básicamente en carreras científicas, uno de ellos terminando la licenciatura se fue a los Estados Unidos, allá hizo su posgrado y después se desarrolló como un investigador en la Universidad de Wisconsin. Otro de ellos que trabajaba también el tema de los camarones, se fue e hizo un posgrado en oceanografía química y después fue a la Universidad Autónoma de Baja California, allá en Ensenada, y echó a andar todo una línea de investigación, un investigador también muy exitoso hasta que hace algunos años falleció de un infarto. Otra de las compañeras que estaban ahí, después de la Licenciatura se fue a Israel, a un Instituto de Investigación científica de allá e hizo su doctorado, después estuvo trabajando en Princeton, también en investigación.

¿Se siguen viendo?

Sí, de vez en cuando, nos escribimos por e-mail y tuvimos una reunión de la generación en Querétaro, cuando yo era el director del Instituto de Neurobiología y los junté a todos, estuvimos jueves, viernes y  sábado, padrísimo recordando todo.

Otro compañero, Jorge Vásquez es el actual director de la Facultad de Química, él también cuando terminó la Licenciatura se fue a Inglaterra, allá hizo su doctorado después regresó y se incorporó a la Facultad de Química.

Otro de ellos también se dedicó hacía las neurociencias y es un investigador   del Instituto Mexicano de Psiquiatría.

¿Y esos años de Universidad hay algo que lo haya marcado al haber estudiado en la UNAM?

Sí, para mí, creo que fue importante desde muchos puntos de vista. Uno, tener acceso a una cantidad de información que era muy difícil encontrar en cualquier otra Institución educativa. Dos, estamos hablando de principios de los años 70, la UNAM era la más importante Institución de Educación Superior en México, recuerda que yo provenía de la provincia, acababan de ocurrir todos los eventos convulsos del 68, esa fue una etapa también que recuerdo con muchísimas inquietudes, y fue para mí fue una parte muy importante de mi vida.

Realizar mis estudios en la Universidad Nacional y no otra, mis padres por ejemplo, estaban horrorizados de todo lo que había pasado, preferían que yo buscara otras opciones en la educación privada, para alejarme de “la revolución”, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Anáhuac o el Tecnológico de Monterrey, que en ese tiempo comenzaba.

Siempre tuve muy claro que estudiaría en la UNAM, al término de la preparatoria, un grupo de compañeros discutimos acerca de que la UNAM era la opción más importante entre otras. Y cuando llegué aquí, pues lo pude comprobar, tener acceso a las bibliotecas con mayor acervo en Latinoamérica, muchísimos programas de investigación, de intercambio, de vida cultural, deportiva. En esa época por ejemplo, la natación era para mí era una actividad que me satisfacía mucho, cuatro veces a la semana iba a la alberca, tenía clases muy temprano y siempre dejaba algún periodo entre las 11 y la 1 para ir, nadaba mil metros o lo que fuera y me regresaba a mis clases, comía aquí, en fin, como ya te conté vivía prácticamente en el campus universitario y disponía de todo dentro de él para desarrollarme con ser humano, como profesionista, como investigador.

Otra parte muy importante es la de los profesores, pues había una diversidad enorme de ellos, preocupados por nuestra formación. En la época cuando yo fui estudiante, se presentó un mayor acceso a la educación superior, entonces, cuando entré a la Facultad de Química, los grupos iniciales en primer y segundo semestre eran de 200, 250 estudiantes, tomando Matemáticas I, Física  I.

¿Era un tronco común?

No, cada carrera tenía esto, bueno el primer semestre sí compartimos algo con los ingenieros químicos o con los químicos pero los grupos eran muy grandes, en realidad las clases eran en auditorios más que en aulas, si ustedes conocen la Facultad de Química  están los auditorios A y B, estos que están así, frente a la explanada, pues ahí no la pasábamos, en lo que antes era el edificio de veterinaria que tenía un auditorio hasta arriba, en el cuarto o quinto piso, llegaba uno jadeando del esfuerzo.

Una huelga en la Universidad que duró de Octubre a enero o febrero, la recuerdo como época complicada, por una parte trataba de entender qué estaba pasando en la Universidad, en el país, pero por otro lado tenía la inquietud de ser estudiante, cumplir con mis estudios, no  estaba para perder clases, oportunidades.

Así que buscamos la opción de ir a practicar a los laboratorios de otras instituciones de investigación, teníamos un grupo de estudio, buscábamos la manera de seguir el programa de estudios. Me acuerdo mucho en esa época yo vivía en la Col. Nápoles en una casa de huéspedes, entonces me iba al Parque Hundido, que contaba con una como “islita”, entonces la tenían con música ambiental y pues ahí me iba yo a estudiar y luego pues también a pasarla bien con los cuates.

Empezamos a ir a los laboratorios, regresamos aquí, hubo personas que realmente fueron muy importantes, por ejemplo, la maestra Andrea Gabayet, ella estaba en la Facultad de Medicina pero daba biología celular, me dio una visión muy grande, me hizo convencerme de que por ahí estaba lo que yo quería de la ciencia. Otro profesor fue Paco Bolívar que me dio genética, pues también me convenció de que por ahí, otro Alejandro Bayón que después fue mi compañero en biomédicas, él daba bioquímica, acababa de regresar de hacer su pos-doctorado en Estados Unidos en California con alguien que después fue un premio Nobel.

El contraste también que encontramos en la Universidad fue ver a gente de todas las clases sociales y poder entablar con ellos un diálogo constante, puntos de vista, debates alrededor de lo que estaba pasando en la Universidad y en el país, que para mí fue muy enriquecedores y que servía para contrastar  con una visión más monolítica que había en otros ámbitos, parte de la familia y cosas así, que me generaron después muchos enfrentamientos, así como a todos nos pasa.

¿Cómo sigue tu carrera como docente, hiciste también un Doctorado fuera de México?

No, el Doctorado lo hice aquí en la Facultad de Química, enrolado ya en el trabajo experimental que tenía en nutrición, pues para mí era obvio que para avanzar en eso pues había que “meterle” mucho más a la investigación que ya había realizado y sumar más elementos, entonces decidí inscribirme en la maestría en la Facultad, la saqué muy bien y luego el Doctorado también, para mí era importante esta parte, entre a Biomédicas, en Nutrición conocí a la que sería mi mujer.

–       Esa también es la otra cara de la UNAM,

Así es, nos contesta al Doctor Arámburo, con una gratificante sonrisa.

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