fbpx

Fundación UNAM

La satisfacción que da el esfuerzo: Maestro Gonzalo Guerrero, Director de la Facultad de Ingenieria

La historia del Maestro Gonzalo Guerrero es quizá una más de las tantas que suceden en este país y que nos recuerdan que el tesón, el esfuerzo y los deseos de mejora sí rinden frutos. Sus padres son originarios de un pequeño poblado llamado San Martín Hidalgo en Jalisco y dejaron –cada uno por su lado y por diferentes circunstancias- el pueblo natal para buscar mejor vida en el Distrito Federal. En la gran ciudad su padre trabajaba como operador del tranvía y después comenzó con sus hermanos un negocio familiar de carnicerías. Vendía moronga en las calles de la capital: en loncherías, taquerías y pequeñas fondas. En palabras del Maestro: “Era un tipo muy divertido que veía la vida con sencillez y muy feliz; sin ambiciones de tener más de lo que necesitaba.” Su madre tuvo que hacerse cargo de todos sus hermanos debido a la muerte prematura de la jerarca de la familia, asi que mudó a todos al Distrito Federal y comenzó a trabajar como obrera en una fábrica de galletas.

Al tiempo se encontró con el padre del Maestro, ambos se reconocieron como originarios del mismopueblo y entablaron una amistad que pronto terminaría en amor. Se mudaron al barrio de Mixcoac, a una de las vecindades del rumbo, en donde la familia comenzó a crecer.

De esa época el Maestro recuerda mucho los consejos de sus padres, quienes debido a que no terminaron sus estudios por la necesidad económica, siempre alentaron a sus hijos a superarse y buscar tener una mejor vida que la que habían recibido.

“A mí me tocó vivir estudiando y trabajando. Un tío que trabajaba en un banco consiguió que nos dieran permiso de lavar los coches los fines de semana. Entonces nos íbamos mi padre y los cuatro hijos a lavarlos y así lo hicimos durante muchos años para pagar la renta de la vecindad.”

El Ingeniero recuerda cómo, cuando terminó la carrera, su padre lo instó a dejar de lavar autos: “Oye cachetón, ya no puedes seguir. Ni modo que tú siendo ingeniero estés lavando coches”. A lo cual él respondió: “Mira papá, vamos todos o no vamos nadie”. Y durante varios meses continuaron lavando coches hasta que todos pudieron dejar de ir. El Maestro jugaba con la idea de que pudieran decir: “Mira este lavacoches es ingeniero” y se sentía muy orgulloso de ello, así como de ser hijo de la educación pública y de tener una educación universitaria.

Para los padres del Maestro, lo único que había para presumir eran las notas de sus hijos, ya que no tenían nada material, de hecho, jamás tuvieron carro. Incluso su padre nunca aprendió a conducir. En su opinión, “el éxito radica en hacer lo que a uno le gusta y tiene componentes más animosos que tangibles”. Evidentemente, para él, vivir con dignidad es importante, pero de nada vale si la labor que uno desempeña no colma su existencia.

Durante la preparatoria el Maestro trabajó en una mercería; posteriormente en una fábrica de juguetes y durante su educación universitaria buscó otras estrategias, pues el tiempo ya no alcanzaba. Así que comenzó a arreglar máquinas y continuó, como se mencionó antes, lavando autos.

La exigencia que sus padres tuvieron respecto a la responsabilidad escolar fue enorme. Siempre estuvieron cerca de sus hijos, evitándoles distracciones y procurando su bienestar, en la medida en que les fue posible. De igual manera, siempre se les inculcó a los hijos la responsabilidad de no dejar de lado su hogar y cooperar económicamente con las necesidades de la casa.

El Maestro Guerrero recuerda que el mayor aliciente que tuvo para no tener notas bajas en la escuela fue la amenaza de su padre: “Si repruebas, te llevo conmigo a hacer moronga.” Y como el proceso era largo y poco agradable, lo mejor que podía hacer era continuar estudiando. Así fue como, con mucho esfuerzo, logró estudiar dos carreras al tiempo que trabajaba: ingeniería mecánica e ingeniería industrial. Sin embargo, jamás dejó de lado una de sus grandes pasiones: el dibujo. Su talento fue tal que durante la secundaria se hizo acreedor de dos becas para la Academia de San Carlos y La Esmeralda. Debido a la falta de tiempo y la necesidad de trabajar no pudo disponer de ellas, pero hasta la fecha continua desarrollando en la medida de lo posible su pasión por la pintura y el dibujo.

Sin duda alguna afirma: “Si hubiera tenido todos los grados de libertad: factores económicos favorables, sin presiones, yo hubiera estudiado pintura y no tengo titubeos.” Pero fueron tres los factores que le hicieron estudiar ingeniería: el razonamiento, pues sabía que quienes se dedicaban al arte tenían un futuro económico incierto; la circunstancia, pues le gustaban mucho las matemáticas y la física y siempre tuve facilidad para las dos; y por último la lectura, otra gran pasión que lo acercó al conocimiento y a los libros y lo volvió un lector voraz.

Continuará…

13 thoughts

  1. A Gonzalo lo recuerdo siempre inteligente, responsable y divertido. Estudiamos en la Prepa 8 y después nos encontramos en la Fac. de Ingeniería de la UNAM y es cierto, tenía una gran facilidad por el dibujo, me acuerdo de sus caricaturas de compañeros y maestros. No me queda duda de su amor y entrega por la UNAM y particularmente por la FI.

  2. A Gonzalo lo recuerdo siempre inteligente, responsable y divertido. Estudiamos en la Prepa 8 y después nos encontramos en la Fac. de Ingeniería de la UNAM y es cierto, tenía una gran facilidad por el dibujo, me acuerdo de sus caricaturas de compañeros y maestros. No me queda duda de su amor y entrega por la UNAM y particularmente por la FI.

  3. A Gonzalo lo recuerdo siempre inteligente, responsable y divertido. Estudiamos en la Prepa 8 y después nos encontramos en la Fac. de Ingeniería de la UNAM y es cierto, tenía una gran facilidad por el dibujo, me acuerdo de sus caricaturas de compañeros y maestros. No me queda duda de su amor y entrega por la UNAM y particularmente por la FI.

  4. A Gonzalo lo recuerdo siempre inteligente, responsable y divertido. Estudiamos en la Prepa 8 y después nos encontramos en la Fac. de Ingeniería de la UNAM y es cierto, tenía una gran facilidad por el dibujo, me acuerdo de sus caricaturas de compañeros y maestros. No me queda duda de su amor y entrega por la UNAM y particularmente por la FI.

  5. A Gonzálo lo recuerdo pateando la cubeta de un lavacoches en el estacionamiento de la Facultad, sin duda, un desliz después de haberse dedicado a ello; sin embargo, hubiera sido bueno verle ofreciendo una disculpa al hombre que tan sólo miró lo que este hacia.

Responder a Sandra Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *