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Fundación UNAM

UNAM: Una gran experiencia

Para mí, la UNAM constituye la mejor universidad de México y, probablemente, de toda Latinoamérica. No existe otra universidad que tenga los recursos, los maestros y facilidades que tiene la UNAM. Sobre todo, la Facultad de Química, que ha generado egresados muy valiosos, como el único Premio Nobel que tenemos en Ciencias, el doctor Mario Molina, y el Premio Príncipe de Asturias, el doctor Bolívar Zapata. Es, sin duda, una escuela de primera categoría. Los laboratorios con que cuenta, sólo la UNAM los puede tener. Cabe destacar la calidad de sus maestros, cuyos sueldos son cubiertos con fondos del gobierno. Realmente es una educación de primera calidad a un costo mínimo para los alumnos que ahí estudian.

Yo ingresé a la Escuela de Química en 1953, exactamente hace 61 años. En aquel entonces era Escuela de Química, ahora, Facultad. Estaba localizada en el pueblo de Tacuba, fuera del área universitaria del centro de la ciudad. Siendo una Escuela de Química, en la cual la gran mayoría de la capacitación se nos daba en laboratorios, implicaba una vida dedicada por completo al estudio. Todo el día, de las siete de la mañana a las siete de la noche vivíamos en la escuela. Eso obligaba a una gran convivencia entre todos los compañeros, lo que para mí fue muy interesante, pues nos hacía convivir con jóvenes que venían de diferentes lugares de la República, y sobre todo de diferentes escuelas preparatorias.

Yo formaba parte de un grupo de unos 35 compañeros que proveníamos de una escuela marista, en la cual había yo cursado la primaria, la secundaria y la preparatoria, y por ello, para todos nosotros era una gran novedad entrar a una universidad pública; para mí constituyó una gran experiencia.

La entrada a la UNAM fue muy novedosa también en otro aspecto porque yo venía de estudiar en escuelas donde sólo habíamos hombres. Para mí fue el primer acercamiento a una escuela mixta donde convivíamos hombres y mujeres. Era un cambio importante, aprender a convivir juntos hombres y mujeres. Por supuesto todos convivimos a diario con mujeres, con nuestra madre, con nuestras hermanas. Sin embargo no era muy común en aquel entonces esta convivencia diaria entre los dos géneros.

En aquella época la gran mayoría de los maestros que teníamos no eran de tiempo completo, sino que se dedicaban a desempeñar sus profesiones o a atender sus empresas y las clases en la Universidad las daban por un mero interés de transmitir sus conocimientos. Esto es totalmente diferente a lo que ocurre actualmente. La Facultad tiene un número muy importante de maestros de tiempo completo. Yo creo que es importante contar con esa mezcla de maestros de tiempo completo y de maestros de tiempo parcial, los cuales te apoyan mucho en el conocimiento del mundo real.

Otra experiencia nueva para mí fue que en las escuelas privadas normalmente los sistemas de exámenes son cada semana, y con un rigor absoluto. Sólo que ese sistema no prepara a las personas para ser independientes y capaces de aprender a aprender por sí mismas y a ser responsables de su propia educación. Por ello, muchos de los jóvenes que entraban a la UNAM provenientes de una escuela con supervisión rigurosa tenían gran dificultad para adaptarse a este nuevo sistema, en el que cada uno de nosotros teníamos que aprender a ser responsables de nuestro aprendizaje. En la UNAM no anda todo el tiempo el maestro atrás de ti para ver si hiciste o no la tarea, sino que trata de inculcar en los alumnos el valor de la responsabilidad.

Pero lo más importante en la Universidad, a la que le debo mucho, fue que tuve la oportunidad de recibir clases de maestros que, en aquel entonces, eran los primeros empresarios que comenzaron a industrializar a México. En 1953 la industria estaba apenas iniciándose y muchos de los maestros se estaban estrenando como empresarios. Por ello el interés por ser empresario era uno de los grandes retos y de las grandes aspiraciones que teníamos los estudiantes de la Escuela de Química, y todos aspirábamos a convertirnos, cuando termináramos la carrera, en empresarios.

Actualmente laboro en el Grupo Bal, en el que he trabajado 43 años. Antes estuve 11 años en Monsanto, una empresa química a la cual todos los estudiantes querían entrar porque era una de las pocas empresas químicas que se instalaron en México y que, por ello, fue también una gran escuela. Pero yo he seguido muy cerca de la UNAM, a la que debo mucho. Todo lo que he hecho en mi vida se debe a lo que obtuve en mis primeros años en la Universidad, de 1953 a 1957. Al término de la carrera en México me fui a Estados Unidos; me fue muy bien en ese gran país. Luego regresé a trabajar a México con un maestro de la UNAM que laboraba en Monsanto. Después cambié de giro, de la industria química a la minería. Eso también era parte de la enseñanza que recibimos en la UNAM y que nos permitió tener gran flexibilidad laboral, ya que nos enseñaron a aprender a aprender, y poder así cambiar de ramo con mucha facilidad, lo cual es básico en cualquier profesión.

Mi gratitud a la Universidad la he demostrado siempre. He sido y soy miembro del Patronato de la Facultad de Química, que es sumamente activo, y soy miembro también de la Fundación UNAM, a la cual todos los universitarios tenemos que apoyar por lo mucho que hace en favor de nuestra Alma Mater. Entre otras cosas, la FUNAM otorga becas, se preocupa por mejorar la infraestructura de la Universidad y es, por ello, un gran apoyo para el señor rector, a quien le agradezco que nos haya invitado a participar en la Fundación.

Todos los egresados de la UNAM tenemos que estar agradecidos y tenemos la obligación de regresar a la Universidad algo de lo mucho que nos dio.

México en gran medida es lo que es gracias a quienes fueron preparados en la UNAM. Si tú vas a cualquier universidad de la República, encuentras que fue fundada por personas capacitadas en la UNAM, no importa si se trata de universidades públicas o privadas, fueron fundadas, desarrolladas, y muchas de ellas están actualmente dirigidas por egresados de la UNAM. Eso demuestra su gran calidad educativa. En otros países también existen universidades públicas de buena calidad pero cobran unas cuotas altísimas y no siempre otorgan la misma preparación que da nuestra Máxima Casa de Estudios. Por ello yo “soy totalmente UNAM” y mi apoyo será siempre para la UNAM.

Jaime Lomelín, miembro del Patronato de la Facultad de Química y consejero de FUNAM

Fuente | El Universal


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