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Fundación UNAM

El lobo mexicano, un predador al borde de la extinción

Tras poner en marcha el proyecto de reintroducción del lobo mexicano, muchos investigadores se preguntaron si habría las condiciones para su supervivencia.

El lobo mexicano, Canis lupus baileyi, es la subespecie genéticamente más distintiva del lobo gris. El cuerpo de este lobo tiene dimensiones ligeramente mayores a las de un pastor alemán. Su pelaje, en ocres, negro y crema. Sus ojos, de tono amarillo, profundo y brillante, nos recuerdan el precioso ámbar de las maderas del sureste.

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Hasta hace unos siglos, el lobo mexicano corría libre por las tierras silvestres de Arizona, Nuevo México y Texas y en nuestro país abundaba en la Sierra Madre Occidental y en la Oriental, así como en el área volcánica central. Su dieta consistía principalmente de ungulados como venados cola blanca y wapitíes. Su misteriosa y majestuosa presencia, sus complejos comportamientos y vínculos sociales, sus habilidades de caza en grupo y su impresionante aullido hicieron que el lobo mexicano fuera venerado por las tribus que habitaban en sus territorios.

Pero no todos aprovecharon la oportunidad de coexistir con el lobo. Con los colonizadores europeos vino una fuerte disminución de las presas, una vasta introducción de ganado, una cacería de predadores indiscriminada y, con el tiempo, una drástica reducción del hábitat.

Fueron localizados cinco ejemplares; con tres de ellos y cuatro más que se hallaban en cautiverio se arrancó el Plan de Sobrevivencia de la Especie del Lobo Mexicano, el cual  es un programa binacional de reproducción en cautiverio.

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En 1998 el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de Estados Unidos liberó a once lobos mexicanos en la zona seleccionada en el estado de Arizona. México hizo su parte en 2011. En otoño de ese año, el gobierno mexicano liberó a cinco ejemplares en la Sierra Madre Occidental.

En 2015 se registró la primera camada nacida en libertad, y en la primavera de 2017 se identificó al primer lobo nacido en vida silvestre que logró sobrevivir hasta la edad reproductiva, se emparejó con una hembra reintroducida de cautiverio y produjo una camada saludable.

Es crucial que se inviertan más recursos en esfuerzos para apoyar a las comunidades que viven en territorio de lobos; escuchar y trabajar conjuntamente para explorar maneras en que humanos y grandes carnívoros puedan compartir el paisaje de manera sustentable; entender y transformar miedos y concepciones erradas.

Fuente: Revista UNAM