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Fundación UNAM

Carlos Ramos Padilla

Grandeza universitaria

Nací en el núcleo de una familia en donde mi padre fue un extraordinario y ejemplar universitario. Profesor y funcionario amante de su Institución. Catedrático en la Facultad de Derecho y director de Servicios Escolares durante la gestión del Dr. Ignacio Chávez. Alberto Ramos García apostó por el valor de la ética universitaria. Me compartió sus momentos de éxito, pero también su dolor en el 68 al ser testigo de cómo su Alma Mater fue invadida por tanquetas militares. Por él aprendí a observar a sujetos como Luis Cervantes Cabeza de Vaca, Mario Falcón, Miguel Castro Bustos, Eduardo Valle; la formación del Consejo Nacional de Huelga o figuras de la talla de Luis Rodríguez Palillo, con quien me unió una especial amistad. Pero también con él viví momentos de excepción en los Juegos Olímpicos o Mundiales de futbol en las magníficas instalaciones de nuestro estadio. De niño, en el palomar, conocí a Fernando Marcos y a Ángel Fernández durante las transmisiones de medio tiempo de los partidos de los Pumas. Años después serían mis colaboradores en Radio Fórmula.

Llegué a la Prepa 6, entonces considerada la mejor entre los planteles de educación media superior. El ambiente universitario mezclado con el sabor propio de Coyoacán y sus personajes que dieron estructura a la vida social e intelectual del país fue de gran valía. Conocí a mis mejores amigos, los de siempre. Ahí jugué futbol americano. Hice teatro con el maestro Gonzalo Gallo. Fundador del Grupo Universitario Procultura Estudiantil. Viví la ebullición electoral con José López Portillo, en donde mi maestro de Derecho, Gustavo Carbajal Moreno, coordinó la campaña presidencial. Se incrementó mi respeto y gratitud a la UNAM. Años después recibiría el honor de estar en la plantilla de profesores del plantel. Alumno de la Facultad de Ciencias Políticas conocí a los profesores más comprometidos en la comunicación y figuras de talla nacional por su libre pensamiento y fortaleza intelectual. Escuché disertaciones de catedráticos chilenos asilados luego de las convulsiones dictatoriales en el cono sur de la masa continental. Mi tesis fue acreditada para libro de texto. Después escribí un texto sobre política: “Todos Somos el Presidente”, y al concluir un viaje como reportero a Rusia di lectura a la tesis de mi padre y sin que él supiera añadí algunos capítulos y ajusté eventos históricos. La UNAM lo publicó bajo el título El Sentir del Exterminio. Esta aventura llenó de orgullo a mi padre, que en sus últimos días recibió la sorpresa de que éramos coautores de una obra. El mejor halago a mi persona fue expresado por Carlos Olmos Tomassini cuando me integré como miembro de la Academia Mexicana de Educación, dijo: “Si a Carlos le cortamos una vena saldría sangre azul porque tiene el corazón de oro”. Desde la prepa me maravillaba el poder, penetración, capacidad de formar opinión pública y cobertura de los medios. He sido reportero, conductor de espacios informativos y director en áreas noticiosas. He participado simultáneamente en radio, prensa y televisión. Mi relación con Andrés Serra Rojas, Rubén Bonifaz Nuño, Pepe Franco, Jorge Carpizo, Porfirio Muñoz Ledo, José Monroy Zorrivas, Armando Azocar, José Narro, Juan Velázquez, Juan Ramón de la Fuente, Sergio García Ramírez, Benjamín González Roaro, Ignacio Burgoa, Enrique Graue, Luis Raúl González Pérez, Alejandro Carrillo y  Ricardo Ramírez, entre muchos intelectuales y generaciones de deportistas y cronistas, me generaron experiencias relevantes. El Gansito Padilla, Luis Regueiro, Hugo Sánchez, Miguel España, Manuel Negrete, Joaquín Beltrán, Bora Milutinović, Memo Vázquez, Toño Moreno que despertaron pasión dando vigor al Himno Universitario.

Nunca se deja a la UNAM y la UNAM nunca nos abandona. Es el estandarte de la inteligencia nacional, estructura moral de la sociedad, generadora de triunfadores, incubadora de genios, promotora de cultura, emblema de excelencia. La Fundación UNAM merece un recinto especial. Por ese conducto nos reunimos para regresar a la Institución, con humildad pero con entereza, nuestro esfuerzo por mantenerla viva, saludable, con gallardía y con el máximo de potencial en honor y beneficio de la patria. No hay mejor forma de sentir el orgullo universitario que cuando con contundencia y honor respondemos al mundo. “Por Mi Raza Hablará el Espíritu”.

Periodista

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