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Fundación UNAM

Celeste Gabriela Cedillo González

Orgullosamente UNAM

Primero que nada, quiero agradecer a la Fundación UNAM por invitarme a compartir mi opinión en este espacio. Yo he sido testigo y beneficiaria directa del apoyo que esta Fundación ha ofrecido a miles de estudiantes universitarios que hoy trabajamos para tener un mejor país. El apoyo generoso de esta asociación con la juventud universitaria es, sin lugar a duda, un ejemplo del compromiso a largo plazo que se requiere para que un país como México pueda enfrentar los retos que se avecinan en un escenario global complejo.

Estudié la carrera en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales a finales de la década de los noventa. Mi paso por la Facultad estuvo lleno de momentos enriquecedores en todos los sentidos: cursos con profesores muy reconocidos en el ámbito internacional, amistades muy valiosas que me aportaron en lo académico y en lo personal, además de que, al mismo tiempo, empecé a abrirme espacio en lo laboral cuando realicé mi servicio social en la oficina del Programa de las Naciones Unidas (PNUD) en México.

Para mí, esto significaba una travesía porque prácticamente tenía que atravesar toda la ciudad en transporte público, pero valía mucho la pena, así que no lo dudé ni por un segundo. Tenía que salir muy temprano de la casa de mi abuela, Carmen Rosas (a quien siempre agradeceré la generosidad de ofrecerme un lugar más cercano para vivir), en Copilco y trasladarme hasta Polanco, luego regresaba a toda prisa para llegar a tiempo a las clases en la Facultad. En ese último periodo de mi vida universitaria, a decir verdad, tuve poco tiempo para deambular y pasar tiempo con los amigos por lo ocupada que siempre me encontraba.

Trasladar los conocimientos del aula a la práctica era un privilegio. Yo fui afortunada. En ese entonces, la Oficina del PNUD tenía una cartera de proyectos muy grande y me invitaron a participar en el área de programación, área donde se diseñaban todas las estrategias de cooperación con los diferentes sectores en el país. Era como estar estudiando un posgrado y hacer mis prácticas al mismo tiempo; cada vez me gustaba más mi carrera y las posibilidades que se abrían eran estupendas. En ese entonces fui testigo de la consolidación del sector ambiental en el país a través del nacimiento de nuevas áreas para la conservación, la biodiversidad, el cambio climático y la capa de ozono. Fue entonces cuando encontré el tema ambiental, el cual ha sido parte de mi motivación más grande en la vida y en lo que hoy sigo trabajando.

Ante un escenario retador en lo profesional, no podía quedarme sólo con una licenciatura, así que estudié una maestría en Medio Ambiente y Desarrollo y un doctorado en Ciencias Políticas y Sociales aplicado a la evaluación de políticas de conservación. Además de mi experiencia en Naciones Unidas, he podido desarrollarme profesionalmente en organismos gubernamentales, organizaciones de sociedad civil, consultorías y ahora en la academia.

Me casé y tengo dos hijos. Somos una familia orgullosamente UNAM, agradecida y convencida de la excelencia educativa que esta institución ofrece a mexicanas, como yo, que aún creemos y queremos cambiar al mundo.

Profesora investigadora

Universidad de las Américas Puebla (UDLAP)

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

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