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Fundación UNAM

Elizabeth Guadalupe Sánchez González

Coherencia: una forma de agradecer a mi Universidad y a mi nación

Al ser la hija mayor de una familia de escasos recursos, la educación y las oportunidades de becas siempre fueron de la mano. Desde que era pequeña, escuché el anhelo de mis padres de que uno de sus hijos ingresara a la Máxima Casa de Estudios, y con éste forjé una meta. Al concluir el bachillerato, no había duda: mi camino era ser universitaria; tenía en mente ser QFB y sabía que la FES Zaragoza me daría la formación que había soñado. Posteriormente, ingresé al posgrado en Ciencias Químicas y obtuve los grados de maestra y de doctora en Ciencias con mención honorífica, todo gracias a las becas y a mi familia, como desde mi infancia. La UNAM me ha nutrido, formado y construido; amplió mi visión sobre la educación en libertad y respeto, pero también me ha deconstruido y comprometido; me permitió robustecer un pensamiento plural y crítico, con vocación social, que me preparó para ser docente y ejercer una profesión en beneficio de todas y todos los mexicanos.
En 2002, inicié como académica en esta Universidad. Recuerdo el mensaje de bienvenida que me dieron: el compromiso era ser formadora de excelentes profesionales y ciudadanos, generadora de conocimiento para dar respuestas al mundo, impartir cátedra de excelencia y lograr favorecer un vínculo con los diferentes sectores de la sociedad. No parecía un gran reto hasta que me presenté con mi primer grupo; algunos de mis alumnos habían sido mis compañeros de clase o los conocía de los pasillos. En ese momento, caí en cuenta de que ser docente universitaria significaba hablar y vivir coherentemente de mi profesión, pues las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra, era decir lo que no está bien, resistir y promover el cambio.
Veinte años después, tengo el gusto de saber que cumplo con mi labor y que retribuyo al formar destacados profesionistas. En abril de este año, tuve el honor de presidir la mayor exposición del gremio farmacéutico, que dio cabida a más de diez mil asistentes. Me reencontré con colegas de la primera generación a la que le di clases y me sentí muy feliz al escuchar “aún recuerdo cuando nos enseñaste y, hasta hoy, lo sigo aplicando con quienes forman mi equipo de trabajo”.
Al pasar los años, gracias a la trayectoria profesional que he construido de la mano de la UNAM, he logrado ser el vínculo entre la academia y los diversos sectores de las ciencias farmacéuticas. Actualmente, soy presidenta de dos grandes Asociaciones Civiles, enfocadas a contribuir al progreso científico y técnico, y que buscan tener un impacto positivo en el ámbito de la salud de la población. De esta manera, he tenido la posibilidad de aportar para un México mejor, desarrollando programas y estrategias que buscan mejorar las políticas.
Soy muy afortunada, he formado una familia convencida de la excelencia educativa de la UNAM: mis hijos son universitarios, como sus padres, quienes creemos que la educación es clave.
Por todo esto, siempre estaré agradecida con mi Alma Máter y con quienes hacen posible que muchos estudiantes tengan acceso a las oportunidades, como es el caso de Fundación UNAM, que ha cambiado la vida de miles de jóvenes, permitiéndoles consolidar sus sueños. Por ello, les invito a sumarse para lograr el anhelo de muchos más hogares.


Académica universitaria, presidenta de la Asociación Farmacéutica Mexicana A. C. y de la Asociación de la Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos A. C.

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

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