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Gerardo Reza Calderón

Una travesía irrepetible

Mi primer encuentro con la UNAM fue en Ciudad Universitaria. Sucedió un domingo cuando el entrenador del equipo de futbol infantil donde jugaba llevó a un ruidoso y motivado grupo de niños al Estadio Olímpico México 68, como premio por haber ganado el campeonato de una de las ligas de futbol llanero de la Ciudad de México, a ver un partido de los Pumas de la UNAM. Era el año de 1970 y cursaba el sexto grado de primaria.

Al término del partido, con los once jugadores metidos en una combi, el entrenador nos dio una vuelta por todo el campus universitario. Fue un paseo iluminador y premonitorio para varios. Frente a algunas de las facultades nos exhortó a continuar nuestros estudios y lograr un título universitario. De los once, cinco estudiamos y nos titulamos en la UNAM, entre ellos mi hermano gemelo, quien es cirujano dentista por la FES Zaragoza.

Mi segundo encuentro fue en 1973 en el plantel 1 de la Escuela Nacional Preparatoria, ubicado en ese entonces en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en lo que hoy es la sede del Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso. Fue una experiencia deslumbrante ingresar a la escuela, cuyo sólido portón había sido dañado con un bazucazo durante los difíciles días del movimiento estudiantil del 68, y encontrarme frente a frente con las obras de varios de los grandes artistas visuales del muralismo nacional. La trinchera en una de las paredes del patio central y Cortés y la Malinche en las escalinatas hacia el primero piso, ambas de José Clemente Orozco, siguen siendo mis favoritas y no pierdo oportunidad de revisitarlas cada vez que voy al museo a disfrutar una nueva exposición.

Mi ingreso al bachillerato de la UNAM sentó las bases de mi futuro profesional y me inició en la formación técnica, humanista y social. Aunque no lo tuve como docente, escuchar las conferencias del inolvidable profesor Arturo Sotomayor sobre Historia de México me marcó para siempre. Con un grupo de compañeros de primer año, con los que a la fecha mantengo una cercana amistad, integramos un círculo de análisis sobre Materialismo Dialéctico e Histórico. La lectura y discusión de El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, de Friedrich Engels, entre otros textos, me cambió la perspectiva de los conceptos y realidades sobre la historia, la política, la sociedad, la evolución del universo y del hombre y, desde luego, la religión. Al que sí tuve como profesor fue al maestro Aurelio Gallegos, que impartía una amena, interesante y aleccionadora clase de Geografía Económica y quien apuntaló mi vocación por esta disciplina.

En 1977 regresé a Ciudad Universitaria para iniciar mis estudios de licenciatura en el Colegio de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). Ahí desarrollé una intensa actividad académica, política y cultural. Desde el segundo año me integré a un grupo de estudiantes interesados en la mejora de la enseñanza de la carrera, abocado a hacer una crítica a los métodos pedagógicos y a los contenidos disciplinarios, lo hacíamos dentro y fuera del salón de clases, a través de un periódico estudiantil, luego desde una revista con un título firme: Posición y, finalmente, por medio de un libro colectivo en el que dejábamos claro el interés por contribuir a mejorar el proceso educativo y la práctica profesional de nuestra disciplina. El doctor Ángel Bassols Batalla fue un maestro y una guía ética para el grupo de compañeros que nos unimos en este propósito. En este activismo académico gané las elecciones como consejero universitario propietario alumno de la FFyL, representación que me permitió conocer, analizar y aprobar colegiadamente diversos proyectos en la Comisión de Trabajo Académico del Consejo Universitario.

Durante mis estudios de licenciatura tuve una valiosa experiencia como becario especial en el Departamento de Geografía Económica del Instituto de Geografía de la UNAM, en la que obtuve una intensiva formación en investigación; más tarde, un año antes de finalizar la carrera, participé en un proyecto sociodemográfico como ayudante de investigador en el Centro de Investigación Científica de Yucatán. Fueron años formativos invaluables.

En el periodo 1982-1985 obtuve el título de licenciatura e hice los estudios de la maestría en Planeación en el Colegio de Geografía de la FFyL y, gracias a los conocimientos adquiridos, a la formación crítica recibida y al interés por aplicar los saberes y competencias alcanzadas, emprendí una larga carrera en el sector público federal y local que comenzó en el emblemático Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y continuó en el Centro de Procesamiento Arturo Rosenblueth de la SEP, LICONSA, SEDESOL, SEFUPU, Secretarías de Desarrollo Económico y Social del Gobierno de la CDMX, SHCP, FERRONALES y la consultora privada RSZ Consultores.

En el 2004 tuve la oportunidad de regresar a mi querida UNAM. Me incorporé a la, en ese entonces, Dirección General de Estudios de Posgrado como secretario académico. Entre las acciones relevantes y pioneras emprendidas se llevaron a cabo las primeras elecciones electrónicas con validez jurídica en la Universidad, en las que se eligieron a alumnos, profesores y tutores del posgrado como representantes ante el Consejo Universitario.

Cuatro años después ingresé al Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE), donde permanecí doce años, tanto en la Coordinación de Sedes en el Extranjero como en la Secretaría General. El Centro es un referente mundial en la enseñanza del español y de la cultura mexicana para estudiantes internacionales. En la década previa a la pandemia recibió alumnos de 153 países de los cinco continentes.

Hace un par de años me integré a la Dirección General de Cooperación e Internacionalización (DGECI) para hacerme cargo de la movilidad estudiantil. En esta tarea de propiciar que alumnos de la UNAM obtengan una beca para llevar a cabo un semestre académico o una estancia de investigación en alguna de las universidades con las que se tiene un convenio de colaboración, oportunidad que deja huella indeleble en su trayectoria escolar y profesional, se cuenta con el apoyo de diversos financiadores como Fundación UNAM, que a través de sus gestiones con donantes ha hecho realidad la experiencia internacional de cientos de alumnos desde hace muchos años. Tarea digna de ser agradecida en todos los sentidos.

Finalmente, hace algunos meses, obtuve la distinción para desempeñarme como titular de la DGECI. Ha sido una travesía por la Universidad de la Nación no exenta de vicisitudes, aunque plena de satisfacciones y recíproca en la formación recibida y en mi entrega a sus mejores causas.

Director General de Cooperación e Internacionalización de la UNAM

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

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  1. Anaid Zaldivar dice:

    Buenos días, solamente una corrección
    Es Gerardo Reza Calderón

    Muchas gracias

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