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Fundación UNAM

Un psicólogo o tanatólogo para aceptar la muerte

Cada persona experimenta de manera distinta la pérdida de un ser querido. El tiempo no necesariamente sana las heridas ocasionadas. Posterior a la muerte de un ser querido pasamos por una etapa que se conoce como duelo, durante la cual experimentamos una serie de sensaciones físicas, emocionales y espirituales. Las personas pueden buscar ayuda de un psicólogo o tanatólogo para transitar por las distintas etapas.

En la actualidad se tiene más miedo a morir a diferencia de lo que ocurría en otras épocas. Esto sucede sobre todo cuando vivimos en grandes ciudades, ya que existen fenómenos que contribuyen a posponer la muerte, tales como los descubrimientos en la medicina, la educación y la civilización en general.

Asimismo, en un ambiente urbano cuando una persona se encuentra en los últimos momentos de su vida regularmente es atendida en un hospital y una vez que fallece es velada en una funeraria. La maestra Guadalupe Medina Hernández, de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló que este tipo de situaciones evitan que las personas cercanas al finado puedan familiarizarse con su muerte.

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Por el contrario, en el campo o en los pueblos, al enfermo se le atiende en casa, sobre todo cuanto está en una etapa terminal y una vez que muere también es velado en dicho lugar. La familia es quien se encarga de todo este proceso, lo cual provoca que se familiaricen con dicha pérdida y aprenden a no temerle tanto a la muerte.

Durante el duelo las personas experimentan sensaciones físicas, emocionales y espirituales que no siempre pueden manejar sin ayuda.

La psicóloga comentó que la muerte de un ser querido, la primera reacción es de conmoción o incredulidad. Después de un tiempo llegamos a comprender nuestra pérdida y los sentimientos que experimentamos nos llevan a la tristeza, la furia, la soledad, la culpa y la desesperación, hasta llegar a la aceptación.

Por lo tanto, es común sentirnos asustados, expuestos, inseguros, confusos o tener miedo porque nos sentimos abandonados y con grandes sentimientos de vulnerabilidad que posteriormente se pueden convertir en tristeza o enojo.

El psicólogo, junto con el tanatólogo, ayudan a que las personas en duelo aprendan que las pérdidas, además de ser inevitables, son fundamentales para el desarrollo emocional de un ser humano. Asimismo, enseñan que este tipo de acontecimientos siempre van a estar presentes desde la infancia hasta la muerte y que son transiciones por las que constantemente estamos pasando, explicó la universitaria.

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El duelo. Un proceso a través del cual se aprende a aceptar las pérdidas

Para superar una etapa de duelo es necesario reconocer la vulnerabilidad, quitarse responsabilidades mayores, tener mucha paciencia, hablar de lo sucedido, así como compartir los recuerdos y emociones con personas que puedan escuchar sin juzgar y consolar sin descalificar.

También se recomienda disponer de espacio y tiempo para llorar, pensar y recordar, darle sentido a lo ocurrido, permitirse trascender la pérdida abriendo espacios de reflexión, encontrando un por qué y para qué de ésta; asimismo es importante comer bien y descansar. Por lo tanto, se recomienda vivir el duelo y dejar de pelear con la realidad porque ésta no es como quisiéramos.

La psicóloga señaló que el duelo puede volverse patológico si la persona no acepta la pérdida, se niega el evento traumático o no se deja ir al ser querido, a pesar de que ha muerto y ha transcurrido mucho tiempo.

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El fin de la vida

Idea de la muerte

Es común rechazar la muerte, como algo que no nos va a suceder. Sólo podemos imaginarla cuando es ocasionada por alguien, pero no concebimos morir por causas naturales o vejez.

Estudiar la vida y la muerte

La tanatología está relacionada con ayudar profesionalmente al paciente con enfermedad terminal, así como a sus familiares. Se define como el estudio de la vida que incluye la muerte.

Tipos de duelo

El duelo está relacionado con la pérdida de algo o alguien. Podemos experimentarlo por la muerte de un ser querido, pero también por un divorcio o perder un trabajo, entre otros.

Fuente: Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM