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Fundación UNAM

Contaminación ambiental, factor de riesgo de Alzheimer

La presencia del metal conocido como magnetita en el cerebro de personas que vivieron y fallecieron en la Ciudad de México, es un importante avance para conocer los factores que pueden desencadenar el Alzheimer, así lo aseguró Clorinda Arias Álvarez, experta del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

“Es un hallazgo importante, porque demostraron que las nanopartículas de magnetita encontradas en el cerebro provienen de los automotores, van a la atmósfera y entran al cuerpo al inhalarlas por la vía nasal”.

El descubrimiento fue realizado por científico de la Universidad de Lancaster, Inglaterra, y demostró que la sustancia encontrada en los cerebros estudiados tiene una forma esférica, característica principal de los metales de combustión; además de hallarse en altas concentraciones.

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De acuerdo con la investigadora universitaria, los resultados de la investigación son trascendentes pues la contaminación ambiental puede ser un factor de riesgo para padecer esta enfermedad que hasta 2015, ha afectado a más de 800 mil personas en México.

Estudio del Alzheimer en la UNAM

En la Máxima Casa de Estudios, diferentes investigadores han centrado sus estudios en el Alzheimer. En el caso de la Dra. Clorinda Arias Álvarez Arias, su trabajo se encarga de los mecanismos básicos que producen esa afección y los factores de riesgo que la causan.

“No sabemos qué las origina, pero sí que la (proteína) beta-amiloide aumenta con alimentos ricos en grasas y azúcares. Ahora este hallazgo invita a estudiar el factor de la contaminación ambiental”.

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También analiza en estos modelos la presencia de otra proteína, llamada Tau, la cual es responsable de formar marañas en las neuronas, que impiden la comunicación entre ellas y ocasionan en los pacientes la pérdida de memoria.

Ahora, los resultados de Universidad de Lancaster, publicados en el Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), abre aún más las líneas de investigación sobre contaminación ambiental y sus efectos, no sólo en pulmones y corazón, sino en el cerebro, consideró la científica del Instituto de Investigaciones Biomédicas.

Fuente: Dirección General de Comunicación Social, UNAM

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