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El estrés derivado de una catástrofe puede tener repercusiones en nuestra salud física y mental

  • Cómo manejar las secuelas del estrés.

Luego de una catástrofe que impacta no solo en el aspecto urbano de una comunidad, si no también en las emociones de sus habitantes al observar edificios dañados, derrumbados y gente desplazada de sus hogares y alejadas de sus pertenencias, comúnmente se generan emociones o traumas, que dependiendo de su gravedad deberán ser tratados con ayuda profesional. 

En ese contexto, el Dr. Omar Torreblanca, investigador de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que la respuesta más común ante catástrofes es el estupor y el miedo colectivo, aspectos que fortalecen la idea de que nuestra vida está en peligro. Por otro lado, en el aspecto individual, esto depende de diversos factores, como el lugar en el que se encuentran.

Ante eso, el Dr. Torreblanca citó una investigación de la psicóloga española, Itziar Fernández, quién muestra que existen cuatro zonas principales alrededor de un desastre; la zona del impacto central, donde se presenta la mayor cantidad de fallecimientos y daños materiales; la zona de destrucción, en dónde hay menos muertos, pero predomina la destrucción; la zona marginal, dónde solo se suspendieron servicios y la zona exterior, donde no hay daños y que suele ofrecer ayuda a la zonas afectadas.

“El término clave para entender nuestras reacciones, es el estrés. Hay un estrés normal que nos permite adaptarnos a los peligros, hacer frente a las amenazas. Esto implica un desgaste para el organismo, que reacciona con todo el sistema nervioso autónomo, que a su vez controla las funciones viscerales”. 

Asimismo, el investigador detalló que en cuestión de segundos nuestro organismo se prepara para huir o combatir la amenaza y es en ese momento cuando el cuerpo se pone en estado de alerta y en “modo de defensa”: el corazón palpita más rápido, los músculos se tensan y llevan más oxígeno. 

Este “modo de defensa” nos expone a desarrollar síntomas de estrés crónico, condición que se agrava luego de presenciar o ser parte de un fenómeno de desastre, y que puede desencadenar secuelas que pueden enfermarnos física y mentalmente.

Por otra parte, el Dr. Miguel Otero Zúñiga, psiquiatra de la Facultad de Medicina de la UNAM, indicó que la respuesta individual se presenta horas, días y semanas después del desastre, dependiendo de la edad, experiencias previas, el contacto con otras personas y con grupos de apoyo y los antecedentes físicos y mentales del individuo.

El académico explica que algunos de los síntomas del estrés son:

Psicológicos.

  • Cognitivos: problemas de memoria, indecisión, incapacidad de concentración, preocupación, pérdida de objetividad, miedo anticipado.
  • Emocionales: Irritabilidad, hiperactividad, inquietud, impaciencia, incapacidad de relajarse, tensión, infelicidad, soledad, aislamiento, depresión y ansiedad.
  • Conductuales: Comer, dormir poco o en exceso, procrastinar tareas, decisiones, desatender responsabilidades, consumir alcohol, tabaco o drogas.

Físicos.

  • Dolor de cabeza, tensión muscular, diarrea o estreñimiento, náuseas, insomnio, dolor de pecho, taquicardia, ganancia o pérdida de peso, sudoración abundante, entre otros.

¿Cómo combatir el estrés?

Como medida para combatir el estrés, el Dr. Otero Zúñiga aconseja relajarnos, tomar un descanso de las noticias relacionadas a los desastres y, en el caso de personas que se desempeñan como rescatistas, médicos, enfermeros y bomberos, es indispensable tomar descansos temporales ante situaciones de desastre.

Para evitar el estrés, el académico aconseja practicar respiraciones de dos a tres veces al día, practicar yoga o meditación, ejercitarse o hacer estiramientos musculares regularmente, llevar una buena alimentación, dormir las horas necesarias y evitar el consumo de tabaco, alcohol o drogas.

A modo de conclusión, Otero Zúñiga enfatizó en la importancia de aplicar regularmente estas medidas, aún cuando ya haya transcurrido un tiempo desde los sucesos, ya que, estas prácticas, nos brindarán herramientas para afrontar situaciones que pudieran presentar en el futuro.

Fuente: Revista ¿Cómo ves?

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