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Fundación UNAM

¿Qué es la plasticidad neuronal?

Para sobrevivir, los humanos requerimos un cerebro dinámico, flexible, eficaz, eficiente y adaptable a los cambios del ambiente, así lo afirmó César Casasola Castro, profesor de la Facultad de Psicología.

Estas son características de la “plasticidad neuronal”, es decir, la capacidad del sistema nervioso para cambiar adaptativamente su organización estructural y funcional ante diversos estímulos y el entorno.

Dicha habilidad se presenta, cuando por ejemplo se aprende, recuerda o memoriza algo, tal como un nuevo idioma o un instrumento musical.

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De acuerdo con el académico, en la vida cotidiana, la “plasticidad neuronal” se aprecia cuando una persona cambia de domicilio y debe familiarizarse con una nueva ubicación, rutas de transporte y sitios aledaños. También ocurre ante una lesión por enfermedad cerebro-vascular, infarto isquémico, un traumatismo cráneo-encefálico, entre otras lesiones.

Casasola Castro destacó que, debido a su importancia, es fundamental que las personas ejerciten la plasticidad de su cerebro.

“De esta manera, los procesos cognoscitivos, sensorio-perceptuales, motores e incluso de procesamiento emocional estarán sanos. De inhibirse esta cualidad, el cerebro se deteriorará, degenerará, y será incapaz de responder a condiciones de daño o lesiones”.

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De esta forma, es importante la realización de acciones que reten al cerebro y logren el cambio. En este sentido, señaló dos escenarios de intervención. El primero en el ámbito de la atención especializada (ante un traumatismo cráneo-encefálico, por ejemplo). El segundo, relacionado con actividades cotidianas como alimentarse, dormir bien o practicar algún ejercicio.

El universitario puntualizó la importancia de dormir de siete a nueve horas diarias, pues la privación del descanso inhibe la plasticidad. Asimismo, la actividad física (sobre todo el ejercicio aeróbico) promueve la oxigenación cerebral, la neurogénesis y la conectividad neuronal.

“Es recomendable utilizar nuestras funciones cognoscitivas y retarnos con dinámicas que ejerciten esta capacidad, por lo que también se sugieren lecturas cada vez más complejas o resolver laberintos o crucigramas”.

Fuente: Gaceta UNAM