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Luis María Aguilar Morales

Vínculo universitario

Mi primer vínculo con la Universidad Nacional Autónoma de México fue, real y materialmente, el primer día que llegué a la Facultad de Derecho a empezar con mi formación para alcanzar el título de licenciado en Derecho. Y digo “real y materialmente” porque si bien desde la preparatoria tenía una conexión con la UNAM, ésta fue sólo formal; una vez que ya me dediqué al estudio de la abogacía en la Facultad, establecí, también, una cercanía y un sentido de dependencia intelectual con la Máxima Casa de Estudios de México, de tal manera que con ello he podido encaminar mi vida y mi trayectoria profesional siempre con la certeza de que ha sido la Universidad la que me dotó del conocimiento y las herramientas para cumplir mis tareas como abogado.

En esos primeros días de la Facultad la experiencia fue forjando el compromiso de estudio y del trato e inducción de los diversos profesores que, durante los cinco años, me enseñaron no sólo lo propio de la ciencia del derecho, sino lo más importante: la ética y la mejor manera de interpretar la norma jurídica para cumplir con la sociedad. Esto es, los docentes y la Universidad misma me indujeron a buscar actuar bajo los principios de favorecer el bien social mediante el cumplimiento del Estado de derecho.

Este último no es un concepto único ni asimilable, como se adquiere un conocimiento o se compra un bien; el Estado de derecho es una condición constante y permanente de ver, exigir y favorecer con la conducta personal el cumplimiento de la norma. De esta forma, no sólo cada profesional del derecho sino toda persona debe propiciar las condiciones en las que la convivencia social sea un basamento cotidiano de la paz y la seguridad jurídica y material, para con ello conocer los límites del derecho y las obligaciones que a cada uno se le imponen.

Desde muy joven pude pertenecer y participar en las labores del Poder Judicial de la Federación, incluso en buena parte de manera simultánea con mis estudios, por lo que la experiencia en ese empleo, aun cuando sólo fuera de mecanógrafo, la adquiría en el aprendizaje de los términos jurídicos, en el camino procesal de los asuntos y en las preocupaciones de la gente que advertía yo en las demandas que tenía la oportunidad de conocer por mi trabajo.

Nunca se han desligado de mi mente ni de mi modo de actuar los principios que me fueron inculcados en la Universidad, aunque debo reconocer que también fui educado durante mis tareas como miembro del Poder Judicial de la Federación por aquellos que fueron mis jefes y mis compañeros, quienes con ello completaron mi entendimiento del derecho.

En el camino que pude recorrer dentro de esta institución como mecanógrafo, secretario proyectista, secretario de estudio y cuenta y, desde luego, como Juez de Distrito, Magistrado de Circuito y Consejero de la Judicatura Federal, siempre tuve presentes las voces y enseñanzas de mis maestros universitarios.

Sin embargo, el mayor aprovechamiento de las enseñanzas de mi Universidad y de la Facultad de Derecho lo sentí y lo constaté en la elección que el Senado de la República me obsequió al nombrarme, el 1 de diciembre de 2009, Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y sin duda una de las más satisfactorias metas logradas por mí como Ministro Presidente fue el haber colaborado con la Fundación UNAM y el entonces Director de la Facultad, Raúl Contreras, en la creación y puesta en marcha de un sistema de becas con las que se favoreciera, anualmente, a un grupo de cien alumnos de la Facultad de Derecho, tanto hombres como mujeres, al otorgarles un trato especial con apoyo económico y cursos adicionales. Se consiguió que poco más de setecientos jóvenes estudiantes tuvieran esa ayuda a cambio de un buen promedio.

Ministro en retiro

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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