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Rodrigo de Buen Paz

La UNAM y yo. La UNAM en mi vida

Agradezco a la Fundación UNAM, en su trigésimo tercer aniversario, el que me permita compartir mis experiencias como universitario, trayendo a la memoria el caudal de recuerdos que pueda yo tener de la Máxima Casa de Estudios en mi mente, de diferentes etapas de mi vida, desde niño. Reconozco la fundamental labor que esta asociación desempeña en el apoyo a los jóvenes estudiantes de la comunidad azul y oro durante su educación y formación académica dentro de la institución.

Mi relación con la Universidad Nacional Autónoma de México se dio desde muy temprana edad. Mi madre trabajaba en ella cuando yo tenía alrededor de cinco años; mis recuerdos más antiguos datan de aquel tiempo entre 1978 y 1979. Y, por el lado paterno, prácticamente todos en mi familia, desde el bisabuelo, mi abuelo y tíos abuelos (que llegaron a México exiliados por la guerra civil española), así como mi padre y sus hermanos, estudiaron en la UNAM, por lo que, de manera natural, se volvió un objetivo estudiar ahí.

La Universidad de la Nación ha sido mi segunda casa. Desde mi formación académica en la FCPyS, pude constatar cómo es que esta noble institución es un auténtico mosaico de la realidad de nuestro país, con todos sus contrastes sociales, pero también con la dignidad y los valores que se viven día a día en sus recintos.

Fue en los cursos infantiles de verano de Pumitas, junto con el entonces recién creado logotipo deportivo, que me cautivaron los colores azul y oro, y los Pumas. Ahí conocí los campos de deporte de la Pista de Calentamiento y el ex reposo de atletas; también ahí se formó el recuerdo de ver encendidas las luces del Estadio Olímpico y el pebetero, en el trayecto de regreso a casa, durante el tiempo en que se llevaba a cabo la X Universiada Mundial, celebrada en México, en 1979. Simplemente, me embelesaba todo eso, sin saber que, años después, esos y muchos otros sitios serían habituales en mi vida.

A partir de 1980, mi familia y yo nos fuimos a vivir a Cuernavaca, que es el lugar donde nací y crecí, desde la primaria hasta el término del bachillerato. Hice la preparatoria en una escuela incorporada a la UNAM y ello sirvió cuando llegó el momento de realizar el examen de admisión a la Universidad. Ingresé a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales para estudiar Ciencias de la Comunicación (generación 1993-1996). Fue un tiempo maravilloso que forjó parte del futuro por venir. Realicé mi servicio social en la entonces Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas –hoy Dirección General del Deporte Universitario (DGDU)–, entre finales de 1995 y principios de 1996. ¿Quién me iba a decir que poco tiempo después, de manera formal y ya titulado de la carrera, me incorporaría a trabajar en este sitio a partir del año 2000 (y hasta la fecha), en el área de prensa y comunicación social?

Desde entonces, de distintas maneras, mediante la publicación de notas periodísticas en la Gaceta de la UNAM, así como en la locución durante varios años en el programa radiofónico de la Dirección –Goya Deportivo– por Radio UNAM y, en los años recientes, a través de las redes sociales de la DGDU, he tenido la inmensa fortuna de poder dar a conocer las historias de vida de muchas generaciones de jóvenes estudiantes deportistas que han representado a la institución. Lo mismo en las Universiadas (hoy Campeonatos Nacionales Universitarios), olimpiadas y paralimpiadas nacionales, donde he podido presentar el relato de todo aquello que hay detrás de sus logros deportivos, que implican sacrificio, esfuerzo, dedicación, carácter, disciplina, tesón y un largo etcétera, dentro de su formación académica. Atestiguar esto, a través de mi profesión, ha sido sumamente gratificante.

A la par de ello y, sin duda, porque la locución es algo que me ha acompañado desde niño (me grababa en casetes presentando canciones, leyendo cuentos o inventando historias), aunado a la experiencia que en la DGADyR fui adquiriendo, se trazó un camino que me llevó a que, en su momento, se fijasen en mi persona para que, casi al mismo tiempo, iniciara otras dos actividades que no imaginé que pudiera llegar a realizar alguna vez: ser el maestro de ceremonias para los distintos eventos académicos de los rectores de la Universidad y ser también la voz del sonido local en los partidos de futbol con los Pumas.

Comencé esta labor en el último tramo de la gestión del doctor Juan Ramón de la Fuente, y continué con ella en los periodos de los rectores José Narro Robles y Enrique Graue Wiechers. Al mismo tiempo, como señalé, en una etapa que fue del año 2006 y hasta el 2020, fui muy afortunado de haberme podido desempeñar como locutor del sonido local en el Estadio Olímpico Universitario, en los partidos de futbol con los Pumas, en la Primera División Nacional, así como durante el tiempo que existió su equipo filial en la Liga de Ascenso (los Pumas Morelos), en el Estadio Centenario, de mi natal Cuernavaca.

Estas dos actividades –ser maestro de ceremonias en eventos de la Rectoría y locutor del sonido local con los Pumas– han sido para mí, junto con mi desempeño dentro de la DGDU, un auténtico honor que me permitió obtener un crecimiento fundamental en mi vida profesional y, además, conocer profundamente distintos rincones de la Universidad, en diferentes sedes e instalaciones.

Desempeñar estas labores me dio la posibilidad de observar de cerca lo que ya sabía desde niño: la grandeza de nuestra UNAM. La Universidad de la Nación ha sido mi segunda casa. Desde mi formación académica en la FCPyS, pude constatar cómo es que esta noble institución es un auténtico mosaico de la realidad de nuestro país, con todos sus contrastes sociales, pero también con la dignidad y los valores que se viven día a día en sus recintos. Es un honor pertenecer a ella. Mi vida en la Máxima Casa de Estudios ha sido plena y llena de una generosidad que, como mencioné al principio, he podido palpar desde pequeño. No puedo más que sentirme orgulloso, lleno de una infinita gratitud y de amor, por todo lo que, a lo largo de mi existencia, me ha dado, enseñado y permitido desarrollar en las distintas etapas de mi vida.

El deporte universitario –en sus diversas versiones y manifestaciones representativas, desde el ámbito amateur hasta el profesional–, así como el entorno académico y cultural que se fomenta aquí son los rubros que me han acompañado en una andanza que inició desde mi niñez y que, estoy seguro, será parte de mí hasta el final de mi existencia. Gracias UNAM, por tanto y por todo.

¡MÉXICO, PUMAS, UNIVERSIDAD!

Locutor y voz del Estadio Olímpico Universitario (2006-2020)

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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