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Sinai Guadalupe Gómez Chacón

La Gestión Intercultural se vive en el sureste yucateco

¿Qué es la Gestión Intercultural? Esa es la pregunta inicial de un camino que tenemos por descubrir los que estudiamos la licenciatura en Desarrollo y Gestión Interculturales (DyGIS), cuya pronunciación es Dillis y es así como nos nombramos los estudiantes de esta carrera interdisciplinaria. El lado positivo de haber iniciado con esta pregunta es que aprendí a sobrellevar la incertidumbre de esa y otras dudas que fueron apareciendo en mi vida.

Elegí estar preparada para lo que viniera y me dejé llevar por un camino interdisciplinario, con debates nuevos, cuestionamientos y pensamientos críticos. Escuché activamente las experiencias de mis compañeras y compañeros, conversé con las y los investigadores, y de nuevo caí sobre mis pies ante una sola certeza: la de concluir mis estudios universitarios y obtener mejores oportunidades profesionales en un futuro cercano.

Aprendí a transitar con paciencia y a disfrutar el camino. Por eso, hoy escribo desde el agradecimiento y cariño que siento por haberme quedado en esta carrera universitaria. Durante el proceso, siempre me sentí acompañada de mis profesoras y profesores, quienes sumaron experiencias significativas y me enseñaron a conjugar la interdisciplina y sus campos de acción. Tomé las herramientas y construí un camino propio que continúa siendo emocionante.

Comencé la licenciatura siendo mamá y aún vivía una etapa de inquietud juvenil. Cuando decidí continuar con mis estudios superiores, me propuse aprender a observar, a sentir y, sobre todo, a escuchar. El Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) me permitió sentirme parte de una comunidad que acompañó mi proyecto profesional.

Como todo inicio, fue emocionante: muchos retos y objetivos por cumplir. A veces llegaban las dudas por saber si estaba en el lugar correcto y fue necesario descansar para continuar con el objetivo de titularme. Estoy convencida de que es necesario cerrar ciclos y avanzar sin arrastrar nada en el camino para tomar nuevas experiencias. Esta lección la aprendí como universitaria y, gracias a ella, conseguí finalizar el trabajo de titulación que me ha traído hasta aquí, a esta plataforma donde puedo compartir mi experiencia sobre el perfil de una gestora intercultural; en ese sentido, hablaré de un camino emocionante y que me mantiene contenta.

Descubrí la presencia de la UNAM en la península al dejarme tocar por los acontecimientos del sur. Soy parte de una comunidad de jóvenes motivados y listos para aportar elementos positivos a la transformación constante de Yucatán. Elegí el perfil de ciencias sociales y revisé las opciones de universidades públicas en la ciudad de Mérida –las cuales están encabezadas por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY)– y aposté por la UNAM, que ya figuraba en mi contexto local.

La presencia de la UNAM en la península era como un secreto a voces, un rumor que corría por las conversaciones locales. Averigüé, me postulé y no dudé en aprovechar esa oportunidad que se planteaba ante mis objetivos como el camino correcto. Ahora sé que soy afortunada de haber coincidido en el proceso de institucionalización de la UNAM en la ciudad de Mérida.

La sede del CEPHCIS se localiza en un barrio concurrido y céntrico llamado “La Plancha”, en una antigua estación de ferrocarriles; colinda con la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) y con el Museo de Ferrocarriles, además, dentro del mismo cuadro de la ciudad, comparte cercanía con la Universidad Autónoma de Yucatán.

La licenciatura de DyGI se ha ido nutriendo a partir del intercambio de conocimientos y enfoques diversos entre las licenciaturas que se desarrollan en la entidad. Las juventudes del sureste se están transformando, al tiempo que toman conciencia de los procesos de crecimiento urbano y contribuyen en los proyectos en la península. Nuestra participación es importante para los mega proyectos actuales que predicen impacto ambiental y transformación social.
La Gestión Intercultural es un camino hacia la conciencia de iniciar desde el contexto local, de fortalecer el tejido social a través de la aportación de metodologías y de brindar herramientas que permitan un intercambio equitativo de valores y conocimientos. Aunque es un reto cursar una licenciatura interdisciplinaria debido a que tiene distintos enfoques, existen puntos en común dentro de este perfil profesional: la preparación, la sensibilidad y la capacidad de aplicar el pensamiento crítico a las acciones que realizamos y de actualizar el propósito por el cual queremos trabajar. En la aplicación de nuestro quehacer intercultural es necesario cuestionarnos ¿para qué lo voy a hacer?, ¿por qué lo voy a hacer? y ¿cómo voy a lograrlo?

Ser gestora intercultural es tener una caja de herramientas que permite rescatar las iniciativas y acciones comunitarias, y acompañar desde el respeto y la inclusión de los conocimientos, poniendo al centro a la comunidad. Ahora bien, se entiende como interculturalidad al proyecto con sustento político que plantea un cambio en el desarrollo de un determinado contexto; se parte de la diversidad y la existencia de la pluralidad étnica, con el objetivo de impulsar procesos de intercambio de conocimientos, saberes y prácticas. En ese sentido, para mí es inspirador y retador abonar y nutrir desde mis acciones a esta categoría de acción.

Ser gestora intercultural es algo novedoso y al mismo tiempo algo muy sonado en la comunidad yucateca. Somos personas que hacen actividades diversas y que ocupan espacios distintos como escenarios artísticos y como lugares estratégicos en instituciones; tenemos proyectos independientes y aplicamos programas gubernamentales; somos facilitadores y talleristas en la urbanidad y en la ruralidad. Nos toca abrir camino o, como dicen, “picar piedra”, pues los DyGIS tenemos que dar a conocer lo que hacemos, enfatizar en nuestras habilidades, exponer nuestras sensibilidades y demostrar nuestras aptitudes en los proyectos que realizamos, trabajando con ética, profesionalismo, estilo personal y, en mi caso, compromiso.
Es una tarea que otros estudiantes han realizado desde sus trincheras. Abrirse paso es fundamental para el crecimiento de la licenciatura y cada generación de estudiantes ha aportado bastante, lo cual se demuestra en el contenido curricular y en los perfiles profesionales que ocupan espacios de incidencia en el ámbito laboral. Por ello, quiero resaltar el papel de los gestores interculturales que estamos presentando propuestas metodológicas, nutriendo categorías y enfoques del trabajo de campo, y sumando a los proyectos de alto impacto.

Me motiva considerar como un deber el involucrarme y aprovechar los espacios de incidencia para proponer estrategias de solución a las problemáticas locales a través de herramientas artísticas y creativas que coadyuven al fortalecimiento del tejido social; además de trabajar en equipo para tener mayor impacto. Hoy en día, las y los gestores interculturales tenemos presencia local y se proyectan resultados positivos para las generaciones venideras. Espero que en un futuro cercano se siga fortaleciendo el contenido curricular de esta licenciatura y que se incorpore a gestores interculturales como docentes en el plan de estudios, para la recuperación de prácticas profesionales y, así, nutrir la experiencia de las y los estudiantes.

El consejo que comparto a mis compañeras y compañeros es que se permitan equivocarse, que escuchen activamente a sus colegas y que tengan el corazón y la mente abierta para tomar los aprendizajes. La diversidad de opiniones será una constante en la etapa escolarizada de la licenciatura, parecido a un efecto espejo de aprendizajes, el cual implica que también serás parte de las experiencias de los demás. En la Universidad fue donde co-construí la red de apoyo y de cuidados que continúo compartiendo de modo profesional y personal.

Finalmente, es preciso mencionar el apoyo de Fundación UNAM al otorgar becas académicas, lo cual contribuye con la motivación y apoyo a las y los estudiantes. Como egresada de esta Casa de Estudios, agradezco el apoyo solidario, la amistad y la calidez de quienes integran el CEPHCIS, sede de la UNAM en la península yucateca.

Ganadora del 2° lugar del Premio Educación Financiera Fundación UNAM-BBVA segunda edición

Fuente: https://www.eluniversal.com.mx/

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