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María del Carmen De Lara Rangel

Crecí entre los jardines de la UNAM, bajo la sombra generosa de sus árboles antiguos y el murmullo constante de una comunidad que respira conocimiento. Aprendí a nadar en la alberca del campus, a recorrer la biblioteca como quien explora un territorio infinito y a descubrir en los museos el diálogo permanente entre pasado y presente. Todo ello lo hice de la mano de mi padre, Salvador De Lara Galindo, médico egresado de la Facultad de Medicina y académico en Anatomía y Odontología, quien dedicó cincuenta y ocho años de su vida a la Universidad. De él aprendí que la Máxima Casa de Estudios no es sólo un espacio de formación, sino una responsabilidad ética frente a la sociedad. Su ejemplo me mostró que los saberes adquieren sentido cuando se comparten y se ponen al servicio del bien común.

Ingresé a la carrera de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras. En su auditorio Justo Sierra, viví conciertos y ciclos de cine que despertaron en mí una vocación inesperada. La imagen en movimiento se convirtió en lenguaje y destino. Así llegué al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, donde me formé como cineasta en un momento en que pocas mujeres incursionaban como directoras. Pertenecí al Colectivo Cine-Mujer.

Mi educación me permitió hacer cine relacionado con las causas feministas y los derechos humanos. Enseñar en la universidad pública también fue un paso importante en mi vida personal. Después de veinte años, me convertí en la segunda mujer directora del CUEC y ayudé a hacer crecer la institución. Durante mi tiempo en el cargo, ésta se transformó en la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC). Fue un desafío que contó con el apoyo de muchas personas que vieron esto como un avance para la formación cinematográfica del país.

Los ejercicios fílmicos que realizamos en la Universidad no fueron meras prácticas académicas: fueron actos de conciencia. Obras que dialogan con nuestra memoria cultural y que han contribuido a visibilizar problemáticas sociales, cuestionar estructuras de poder e incidir en la transformación de leyes y condiciones marcadas por la desigualdad. El cine universitario nace con vocación crítica: interpela, incomoda y propone nuevas miradas sobre la realidad mexicana contemporánea.

 En este tránsito creativo, la Fundación UNAM ha desempeñado un papel fundamental. Su respaldo ha sido un puente entre la tradición académica y la innovación tecnológica, entre el aula y el mundo. Gracias a su impulso, numerosos proyectos cinematográficos han encontrado apoyo para su producción, postproducción y difusión, fortaleciendo el cine universitario como un espacio de investigación, experimentación y compromiso social.

La Fundación ha acompañado iniciativas que integran nuevas tecnologías al lenguaje audiovisual: proyectos de narrativa transmedia, desarrollo de contenidos para plataformas digitales, experiencias inmersivas, restauración y preservación de archivos fílmicos mediante herramientas digitales avanzadas. Ha contribuido a que el cine universitario no sólo conserve su memoria histórica, sino que dialogue con los desafíos del presente y del futuro.

En un contexto donde las innovaciones tecnológicas transforman vertiginosamente la manera de contar historias, la Fundación UNAM ha impulsado programas de extensión académica y educación continua que permiten a estudiantes, docentes y profesionales actualizarse en el uso de herramientas digitales, inteligencia artificial aplicada a la creación audiovisual, animación, realidad virtual y nuevos formatos de distribución. Este acompañamiento fortalece la vinculación tecnológica y abre horizontes para que las voces universitarias alcancen audiencias nacionales e internacionales.

Así, el cine que nace en la UNAM no se limita a la pantalla tradicional; se expande hacia múltiples plataformas, explora nuevos lenguajes y asume los retos de una era digital sin perder su esencia crítica y humanista.

Mi padre me enseñó la coherencia y la ética; el cine, la persistencia; y la Universidad, que la innovación sólo tiene sentido cuando está anclada en valores. Ser universitaria es más que portar un emblema; es abrazar una historia colectiva que nos trasciende. Soy hija de la UNAM, formada en sus aulas, templada en sus desafíos y acompañada por su espíritu crítico.

Ser universitaria es pertenecer a una comunidad que crea, cuestiona y transforma. Soy orgullosamente Puma porque en cada proyecto cinematográfico, en cada propuesta tecnológica y en cada espacio educativo, late la convicción de que el conocimiento y el arte son fuerzas vivas, capaces de iluminar nuestro tiempo y de construir un futuro más justo.

Profesora titular B definitiva, ENAC-UNAM

Fuente: www.eluniversal.com.mx

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