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Más rápido, más alto, más fuerte… ¿Pero a qué precio?

Michael Phelps es el atleta olímpico más exitoso de todos los tiempos. Obtuvo 28 medallas, 23 de ellas de oro. Es difícil pensar que en la cima de su carrera contemplara el suicidio.

El año pasado, durante una conferencia en Madrid, el ex nadador confesó que a lo largo de su trayectoria sufrió episodios depresivos que lo marcaron profundamente: “Seré más recordado por mi postcarrera que por las medallas que gané, que son increíbles pero que no son lo que yo soy. Quiero ayudar a los que la están pasando mal, salvar vidas. Yo también pensé en suicidarme” .

Phelps llamó la atención sobre la condición mental de los deportistas, un tema que solo hasta años recientes ha trascendido. Y es que, en todo el mundo las y los atletas de alto rendimiento son presentadas como figuras dignas de imitar por su fama y éxito, en consecuencia se les imponen exigencias que sobrepasan los límites de la salud física y emocional.

“No soy un robot que no siente”

Ejemplos de lo anterior abundan, como el caso de la gimnasta mexicana Alexa Moreno quien en 2016 se convirtió en tema de conversación en redes sociales por su peso en las Olimpiadas. “Me sentí triste, sí me dolió. No soy un robot que no siente” dijo en ese entonces la joven.

Naomi Osaka, tenista cuatro veces campeona de Grand Slam y quien encendió el pebetero olímpico en Japón, también se ha expresado abiertamente sobre sus problemas de ansiedad y depresión: “Creo que hay algo que decir cuando muchos atletas muy buenos hablan sobre el mismo tema”.

Casi la mitad de los atletas estadounidenses que participaron en las últimas dos Olimpiadas admite haber tenido síntomas como depresión, ansiedad, trastornos alimentarios y del sueño, comenta Jessica Bartley, directora sénior de servicios psicológicos del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos.

Cosificación de los atletas

El problema, apunta Karla Salazar, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, es que “ponderamos sacrificios que no deberían de existir, estamos legitimando formas violentas para que alguien trascienda”.

Para la académica, el entorno que rodea a los deportistas es opresor y deja de lado la salud; agrega que existe una estructura que obedece al mercado y que pondera las historias de éxito, desechando las que no lo son, “ahí entra la cosificación de las personas”.

Uno de los casos de abuso más difundidos de los últimos años es el de los atletas rusos que fueron sometidos a un amplio programa de dopaje implementado por el gobierno de ese país. La revelación del escándalo llevó a que 118 deportistas fueran excluidos de participar en los Juegos Olímpicos de 2016 en Río de Janeiro.

La gimnasta Simone Biles, quien disputará cinco finales en París, ha sido una de las voces más contundentes en la defensa de la salud mental de los atletas y en la denuncia de abusos en el deporte olímpico. En 2020 fue duramente criticada tras retirarse de las finales individual y por equipos en Tokio. “A veces siento realmente que tengo el peso del mundo sobre mis hombros”, escribió Biles. “Sé que lo bloqueo y finjo que la presión no me pesa, pero ¡maldita sea, a veces es difícil!”.

Enfrentando los cuestionamientos, la cuatro veces campeona olímpica en Río de Janeiro, priorizó su bienestar: “Yo digo que la salud mental es lo primero”.

Resiliencia contra resistencia

Carlos Vázquez Villegas, psicólogo de la Dirección General del Deporte Universitario (DGDU) advierte que hay una línea muy delgada entre la exigencia y la explotación emocional, más cuando tal exigencia está consensuada por el atleta. Explica que debemos normalizar las emociones. “No son sinónimo de debilidad, acompañan siempre al ser humano. Al deportista se le va a explotar y cuando deje de dar los resultados que se esperan lo van a abandonar”.

Alan Ignacio Elizalde, psicólogo del Centro de Atención en Psicología del Deporte de la UNAM (CAPiDe), opone la resistencia a la resiliencia para enfrentar las adversidades: “La primera implica sobrevivir o sobrellevar el trago amargo de la situación, mientras que la segunda ocupa la adversidad para generar áreas de oportunidad y así obtener un resultado óptimo a futuro”.

Fuentes: La Nación, BBC News, Gaceta UNAM, Aristegui Noticias, DW, La Crónica de Hoy.

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